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Opinión

PADRE ALBERTO: En la vida y en la muerte...

Hace dos semanas comencé a trabajar en una nueva parroquia; St. Benedict’s en Plantation. Es verdad que cada comunidad tiene cosas especiales y únicas que le dan su carácter específico. Al igual que empezar en cualquier trabajo nuevo, asumir una nueva asignación en la iglesia también requiere tiempo para conocer y adaptarse a las circunstancias. Pero en el caso de un clérigo, pastor, sacerdote o cualquier líder espiritual, nuestro trabajo o ministerio tiene exigencias que no son parte de un trabajo típico, sino parte de lo que somos y hacemos —parte de nuestra vocación.

En las últimas dos semanas, he tenido cuatro funerales. Y aunque este número de muertes es bastante alto para una sola iglesia, sabemos que la muerte es parte de la vida y nadie calcula cuándo ni en qué momento va a morir. En medio de planificar funerales con familias, visitar enfermos y pasar tiempo escuchando las preocupaciones y el dolor de los seres queridos que quedan, me han venido varias ideas a la mente que quisiera compartir con ustedes y quizás les puedan ayudar en sus propias vidas.

▪  Todos vamos a morir. Es bueno estar conscientes de que todos vamos a morir. Vivir conscientes de esto es muy importante, porque a veces vivimos como si esto fuera todo y sin pensar en la realidad de que nuestra vida es realmente corta; vivas un año o 100, la vida es corta. No tenemos por qué temerle a un proceso natural. Al igual que nacemos, también nos vamos. Vivamos cada día conscientes de que esta vida es un milagro y ahora estamos, pero mañana puede ser que no estemos.

▪  Prepararse es mostrar amor. Si nos preparamos para la muerte, dejando las cosas por escrito (Un testamento, un “living will” o cualquier otro sistema que tengamos para comunicar nuestros deseos) estamos mostrando nuestro amor y cariño a quienes se quedan en este mundo. No hay nada peor que ver el caos que ocurre en ciertas familias porque un ser querido no tenía idea de qué tipo de funeral queremos o cuáles eran sus últimos deseos. Algunos no saben nada sobre si tenían seguro de vida, una cuenta especial para emergencias y los familiares se quedan en una especie de limbo.

▪  Saber a dónde y con quien vamos. La fe —más allá de nuestras tradiciones religiosas particulares— nos afirma de que creemos en un Dios bueno, un padre bondadoso que nos dio la vida y al cual regresamos cuando nuestro camino sobre esta tierra se acaba. Mientras más hagamos ahora por conocer a Dios y abrirle nuestro corazón, más fácil será esta transición natural de todas nuestras vidas; la muerte. Si no sabemos a dónde vamos, ni con quien vamos, es imposible sentir paz en el corazón y podemos sufrir de una gran confusión. Pero el que conoce a Dios ahora en esta vida, no tiene por qué temer; porque sabe a dónde va y con quién va.

Siempre que hablo de la muerte pienso en el horizonte; allí donde se encuentra el mar con el cielo. Y aunque más allá del horizonte nuestros ojos físicos no pueden ver, los ojos de la fe si pueden ver y esperar en la eternidad —que va mucho más de nuestro horizonte limitado. Por eso San Pablo dice: “En la vida y en la muerte, del Señor somos…” (Romanos 14:8)

El padre Alberto Cutié es sacerdote Episcopal/Anglicano en la Diócesis Episcopal del Sureste de la Florida y Rector de la Iglesia de St. Benedict en Plantation, FL.

www.padrealberto.com

Twitter: @padrealberto

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de septiembre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "PADRE ALBERTO: En la vida y en la muerte...."

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