Opinión

Pequeño tributo a un republicano decente

El senador John McCain responde preguntas de la prensa mientras va a una votación en el Senado, en enero del 2017. McCain falleció el pasado 25 de agosto.
El senador John McCain responde preguntas de la prensa mientras va a una votación en el Senado, en enero del 2017. McCain falleció el pasado 25 de agosto. The Washington Post

Se sabe que a John McCain, el recién fallecido senador republicano, ex candidato a la presidencia y militar condecorado, le complacía que le llamaran maverick, cuya traducción al español sería inconforme, rebelde y también, cosa curiosa, se utiliza para designar al ganado no marcado. Y es que eso fue siempre: un inconforme, un conservador rebelde que siempre estuvo dispuesto a superar sus limitaciones y hacer causa común con liberales y progresistas, cuando consideró que debía no dejarse marcar por las etiquetas de su partido, hoy en manos de una derecha que confunde conservadurismo con ideas fascistoides, patria con patriotería excluyente de las otras patrias y decencia con hipócrita cristianismo de golpes de pecho y frases sacadas de contexto, a diferencia del cristianismo verdadero, una religión en sus comienzos de esclavos y olvidados por los poderes de siempre.

Piloto de guerra, su avión fue derribado en el entonces Viet Nam del Norte, sufriendo más de cinco años de prisión, al negarse a ser liberado por sus captores, que se la ofrecieron por el alto puesto de su padre, alto jefe militar, si no liberaban a sus compañeros de cautiverio. Años después, no vaciló en unir esfuerzos con su tocayo, el senador demócrata Kerry, para restablecer relaciones con Viet Nam ya reunificado, presidido por sus antiguos adversarios y ex carceleros. Ejemplo de decencia y sentido del honor, tan necesarios en estos tiempos que vivimos.

Rechazó la tortura usada sistemáticamente por EEUU contra los prisioneros, alegando que iba contra la fibra de lo que somos como nación, sin importarle el costo político: dos tercios de los republicanos la apoyaban (y apoyan) con perverso infantilismo.

Unió fuerzas con el senador demócrata Edward Kennedy, tratando de lograr una ley migratoria coherente que legalizara a 11 millones de indocumentados, siempre que se fortalecieran las fronteras, esfuerzos que fracasaron por la cobardía bipartidista que arremetió contra dicha ley.

Copatrocinó con el senador socialista Bernie Sanders una ley que favoreció a los veteranos norteamericanos, tantas veces preteridos por los mismos que los llevaron a guerras a veces innecesarias, mostrando una vez más valor y decencia, algo que va por encima de las ideologías.

Cierto, a veces incurrió en errores, por ejemplo escoger a la diva díscola Sarah Palin como su candidata a la vicepresidencia cuando aspiró en el 2008, pero tuvo la decencia de reconocer su falla que, después de todo, fue una concesión suya al ala extremista que ya entonces campeaba por sus respetos en el Partido Republicano.

Electo varias veces senador por el estado de Arizona, le confesó al senador demócrata por Wisconsin Russ Feingold que nuestro sistema electoral es corrupto debido al poder del dinero, patrocinando junto a éste una ley para ponerle límites al dinero las campañas políticas. Otra vez fracasó las demandas y fallos judiciales de individuos de ambos partidos recortaron el sentido y alcance de la ley.

Al leer el pequeño obituario del último sobreviviente norteamericano de las brigadas Lincoln, aparecido en el New York Times, McCain escribió en dicho diario el 24 de marzo del 16 un elogio emocionado al señor Berger, titulado Tributo a un comunista, donde reconoció el valor y altruismo de ese norteamericano y tantos otros que fueron a pelear por España y contra el fascismo.

Ahora que fuerzas de extrema derecha e intolerantes, con rasgos fascistas, se han apoderado del Partido Republicano y de la Casa Blanca, es necesario rendirle tributo a este conservador genuino y coherente, enemigo de los fanatismos y las posiciones extremistas. Yo, que soy un hombre que creo en el socialismo democrático, y que tal vez no hubiese podido ponerme de acuerdo con él en tema alguno, quiero repetir la frase del poeta John Donne, que él utilizó en su elogio a Berger: “Ninguna persona es una Isla, la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad: por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”. Y porque, en definitiva, José Martí, el mayor y mejor de los cubanos, nos enseñó que para rendir homenaje ninguna voz es débil.

Cubano afiliado al Partido Demócrata.

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