Opinión

La lección de 1968

El vicepresidente Hubert Humphrey (der.) y su compañero de fórmula, el senador Edmund S. Muskie, participan con sus esposas en la Convención Demócrata en Chicago, el 29 de agosto de 1968.
El vicepresidente Hubert Humphrey (der.) y su compañero de fórmula, el senador Edmund S. Muskie, participan con sus esposas en la Convención Demócrata en Chicago, el 29 de agosto de 1968. AP

Como comenté en mi columna anterior, el Partido Demócrata ha tomado un curso hacia la izquierda basado en la creencia de que el socialismo es “la idea del futuro”. Yo no voy a darle consejos a un partido político pero el término que usé para describir ese curso a la izquierda fue “descabellado”. Eso me llevó a pensar en la convención nacional demócrata de 1968, en Chicago, donde la extrema izquierda del partido se impuso y el partido pagó un alto precio político. ¿Sería posible que algo así pudiera estar pasando?

Aquel Partido Demócrata de hace 50 años era el partido de Franklin Roosevelt, Harry Truman y John F. Kennedy. Los rebeldes que provocaron los disturbios provenían de la izquierda anti-Vietnam. Después de hacerle daño al Partido Demócrata tradicional que ellos detestaban, esta izquierda radical adoptó a figuras como Jerry Brown con George McGovern, Nancy Pelosi y Barack Obama eventualmente marchando al frente.

Los “amigos” que se unieron a este daño fueron, principalmente, el llamado “mainstream press” o prensa principal del país. Su cobertura de las manifestaciones de protesta, la noche del 28 de agosto y más tarde, hicieron de los manifestantes de Students for a Democratic Society, SDS, y sus violentos asociados –los predecesores de la Antifa de hoy– en mártires de la “brutalidad policial” y “las tácticas de Gestapo” del alcalde de Chicago, Richard J. Daley. Comenzando esa noche, The New York Times, The Washington Post, ABC News y CBS News se convertirían en los aliados de la extrema izquierda y, en el proceso, los adversarios de los millones de obreros estadounidenses que habían hecho del Partido Demócrata su hogar político.

En agosto de 1968, los delegados del Partido Demócrata marcharon a su convención nacional en Chicago a tratar de sanar las heridas de la divisiva guerra de Vietnam, manifestaciones y asesinatos en el país (primero Martin Luther King en abril y después Robert Kennedy en junio) y una competencia triple por la nominación presidencial entre el senador Eugene McCarthy, de Minnesota, el vicepresidente Hubert Humphrey y el ahora difunto Robert Kennedy después que el presidente Lyndon Johnson anunció que no sería candidato.

También presentes en Chicago, miles de manifestantes contra la guerra de Vietnam que pretendían forzar una confrontación con la policía. “Asegúrense que, si la sangre va a correr, debe correr por toda la ciudad”, declaró Tom Hayden, uno de los organizadores y futuro esposo de Jane Fonda.

Fue en Grant Park, a menos de dos cuadras del Hotel Hilton donde se celebraba la convención, que tuvo lugar la gran batalla del día 28 de agosto. Los manifestantes lanzaron botellas y rocas hasta que, al final, la policía contestó con gases lacrimógenos e irrumpió entre los manifestantes con porras mientras cámaras de televisión y reporteros presenciaban la escena.

Los medios habían mostrado simpatías por los manifestantes anteriormente en lugares como Watts, Detroit y Washington D.C., pero esos manifestantes habían sido negros, pobres y posiblemente viviendo bajo el racismo blanco. Pero estos manifestantes eran juventud blanca privilegiada atacando a la policía y gritando “f*** the pigs” y aún amenazando con contaminar el agua de Chicago con LSD.

Pero, en la confusión del momento, mientras liberales veían a sus hijos siendo golpeados por policías, los medios originaron un paradigma: manifestantes de la izquierda, blancos o negros, pobres urbanos o graduados de Harvard se convirtieron simplemente en “pacíficos manifestantes”; su violencia sería aliviada por la justicia de su causa. Al mismo tiempo la policía ahora era el villano de cualquier confrontación, que sería reportado como alguien con una tendencia a reaccionar violentamente a retos a su autoridad y al sistema opresivo que defienden. Una línea ideológica directa va desde esa noche a Black Lives Matter cincuenta años después.

Más importante aún fue el daño que las manifestaciones le causaron al Partido Demócrata. Destruyeron la candidatura de Humphrey, y Richard Nixon ganó. Humphrey sería el último nominado presidencial demócrata representando los valores de John F. Kennedy: gobierno grande compasivo en Estados Unidos y anticomunismo resoluto en el mundo. En su lugar, un nuevo Partido Demócrata surgió, uno que refleja, cada vez más, la ideología radical de los rebeldes de Chicago: que Estados Unidos, no el comunismo, fue la fuerza negativa que tenía que ser contenida y reformada.

El Partido Demócrata nominó a George McGovern en su convención de 1972 y se convirtió en un partido obsesionado con la justicia social y los pasados pecados de América – el partido que es hoy. Mientras tanto, los demócratas centristas comenzaron a fluir al Partido Republicano, “Reagan Democrats”, que harían posible que el Partido Republicano ganara cuatro de las próximas cinco elecciones presidenciales.

A cincuenta años de Grant Park, ¿se repetirá la historia?

AGonzalez03@live.com

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