Opinión

Quinceañera

Carolina Sandoval
Carolina Sandoval Archivo

Mi admirada compañera de Suelta La Sopa, Carolina Sandoval, me invitó a los quince años de su hija Bárbara Camila. Recordé si alguna vez había estado en una fiesta de quince años y solo puede recordar que había servido de maniquí a mi hermano Rhazil para que él pudiera practicar el vals. Para mí fue un momento intenso, que decidí no poner en Tiempo de Tormentas, ni novela donde mi relación con mi hermano mayor juega un papel muy importante. Pero, en efecto, esa semana en que él tuvo que practicar tantas cosas para un quince años al que estaba invitado, me lo descubrieron más interesante, más hermano mayor, sexy incluso, muy elegante y atractivo. Y haciendo cosas adultas que yo tendría que esperar otros ocho años para poder disfrutarlas.

Pero en mi generación cayeron un poco en desuso los quince años y nunca fui a alguno hasta que el sábado pasado me tocó el de Bárbara Camila. Ha sido muy comentado en la televisión, la prensa y las redes sociales, con las críticas y alabanzas usuales a este tipo de eventos. Y bailé el vals junto a Bárbara Camila, como si fuera uno de esos príncipes que celebran a la princesa de sus padres. Me encantó que en una de las vueltas, Bárbara Camila intentaba protegerme a mí antes que yo a ella. “Lo estás haciendo muy bien”, me dijo. Yo iba a decirle que me sentía algo mareado y ella me indicó que la mirara siempre para que la cabeza no me diera vueltas. Le dije que su vestido me encantaba “porque te lo vas a poner más veces, odio estos trajes que te pones una vez por su significado”, le agregué y ella me sonrió. “Te agradezco mucho que nos acompañes a mi mamá y a mí esta noche”, dijo.

Y tenía razón. Carolina crió a Bárbara sola. Desavenencias muy tristes ante el padre de su primera hija la convirtieron en esa mujer luchadora, que ya lo era, esa madre que va derribando todos los obstáculos para conseguir una vida mejor para su hija. Y también la mujer venezolana que se instala en Miami para abrirse un camino en su mundo, la televisión y el periodismo. Para encontrarlo, Carolina se inventó un personaje, La Venenosa que le hacía más fácil su tránsito por un tipo de televisión que es muy peculiar, altamente explosiva, a veces peligrosa. Y que debía compaginar con la crianza en solitario de su primera hija. Lógicamente todo eso se iba a reflejar en la fiesta de Quince años y por eso el momento álgido de la velada, seguida por todo tipo de cámaras, móviles y aparatos de grabación de videos que creía desterrados y guardados en los noventa, fue el momento en que madre e hija abrieron el vals juntas. Yo aplaudí mucho ese momento porque era como un logro del MeToo, dos mujeres que se han hecho enormes apoyándose una a la otra. Pero lo que de verdad electrizó a la audiencia fue cuando Carolina paró el baile, sujetó a su hija y estiró una mano para invitar a unirse al vals al padre de su hija, que hasta entonces había permanecido en otro plano.

Y la gente se electrizó. Como si un momento Instagram se volviera parte y carne de una trama de telenovela. ¿Por qué no? Muchas veces la vida imita a la telenovela, no tanto al revés. Y si todos sentimos esa electricidad fue porque entendíamos que parte de esos quince años era que la vida, una vez más, tuviera un final feliz.

Escritor y presentador venezolano.

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