Opinión

¿Por qué los católicos no dejan la Iglesia?

Un fraile franciscano camina por la Plaza de San Pedro, el 3 de septiembre en la Ciudad del Vaticano.
Un fraile franciscano camina por la Plaza de San Pedro, el 3 de septiembre en la Ciudad del Vaticano. Getty Images

Quienes observan a la Iglesia Católica desde fuera se preguntan cómo es posible que sus feligreses sigan abarrotando los templos católicos a pesar de los escándalos que con frecuencia salen a la luz pública en algunos países.

Pues porque los creyentes sinceros se reconocen pecadores. Todos saben por experiencia que el tentador ataca con tentaciones difíciles de vencer. “El diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar” (1Pd 5,8). Todos sienten, de acuerdo con San Agustín, que “no hay pecado que un hombre haya cometido que yo no pueda cometer también”. El pecado ajeno mueve a santo temor de Dios y a orar para no caer uno en lo mismo.

En cuanto a los escándalos contra el sexto (no fornicar) y contra el séptimo (no robar), también se sabe que, sin negar que existen, ha habido exageraciones en cuanto a la gravedad e incluso en cuanto a la veracidad de las acusaciones. Hace poco tres sacerdotes de Granada, España, fueron absueltos de unas calumnias formuladas por un farsante llamado Daniel. Tampoco es verosímil considerar víctimas a ciertos adolescentes de 17 años y más. A esa edad todo varón bien plantado rechaza a cualquiera que atente contra su hombría.

Los católicos siguen firmes en la fe, porque saben que “la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Católica” (Vat.II, LG 8). Asienten al Credo católico porque expresa bien las realidades reveladas por Dios. Leen en la comunidad eclesial las Sagradas Escrituras que la Iglesia tiene por canónicas; de esos libros inspirados y de la tradición viva de la Iglesia reciben la verdad salvífica. Se apoyan también en el magisterio eclesiástico, y encuentran en los sacramentos el alimento sobrenatural para peregrinar sin desfallecer hasta llegar a la Jerusalén celestial.

Los católicos no se marchan, porque se sienten en la Iglesia como en su casa espiritual. Desde los orígenes, Dios ha servido tesoros espirituales en vasos de barro (cfr. 2 Cor 4,7). Cuando los fieles ven faltas graves en sus laicos y clérigos, en vez de irse le dicen a la Iglesia unas palabras parecidas a las de San Pedro: “Señora, ¿a quién iremos? Tú sola tienes palabras de vida eterna” (adaptación de Jn. 6, 68).

Eduardo M. Barrios, S.J.: ebarriossj@gmail.com.
  Comentarios