Opinión

Los zapatos de Dorothy y el huracán Chávez

Los zapatos rojos que Judy Garland vistió en “El Mago de Oz”, que fueron robados de un museo en Minnesota hace 13 años, fueron recuperados, el FBI anunció el 4 de septiembre.
Los zapatos rojos que Judy Garland vistió en “El Mago de Oz”, que fueron robados de un museo en Minnesota hace 13 años, fueron recuperados, el FBI anunció el 4 de septiembre. NYT

Acabo de enterarme que el FBI ha recuperado los zapatos rojos que Judy Garland vistió en El Mago de Oz. Para mi es una buena noticia para la organización contra el crimen que lleva una racha extraña desde que el presidente Trump destituyó a su director. Recuperar los zapatos de Dorothy, el mítico personaje creado por Garland para la inmortal película, es como recuperar la buena senda, como encontrar el famosísimo camino de ladrillos amarillos que al final te llevarán hacia el mágico reino de Oz.

Bravo por el FBI. Al parecer unas manos fetichistas sustrajeron el par del museo dedicado a la actriz en Grand Rapids, Minnesota, la noche del 27 de agosto del 2005. Han pasado 13 años para su recuperación, seguramente porque el buró investiga muy minuciosamente. A mi me asombra que la reaparición coincida con las declaraciones de los responsables de Facebook y Twitter sobre el supuesto uso de datos para influir en las últimas elecciones presidenciales. Un tipo de influencia que recuerda al mismísimo Mago de Oz, parapetado detrás de una cortina, insuflando propaganda y miedos a través de una máquina altoparlante. Es, por cierto, una de mis escenas favoritas de la película, cuando Dorothy descubre el engaño y el acobardado mago le enseña a juntar las puntas de sus zapatos rubís para regresar a Kansas y aceptar que lo mejor siempre está dentro de la realidad y no fuera de ella.

Sin embargo, por mucho que me identifique con Dorothy y lo mucho que me alegra que se hayan recuperado los zapatos, no quiero volver a Kansas, en sentido figurado. No quiero volver a mi realidad ni muchísimo a esa de donde provengo que en mi caso es Caracas. Siempre me sentí Dorothy porque quería que un huracán también me cambiara de sitio y me depositara al principio del camino de ladrillos amarillos. En realidad, no fue un huracán sino un fallido golpe de estado, el de Hugo Chávez contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1992, lo que me impulsó a marcharme de mi ciudad y de mi familia. Veintiséis años después, la revolución bolivariana es responsable del éxodo de miles de venezolanos dispersándose por todo el mundo, intentando alcanzar el mundo de Oz o encontrar los zapatos color rubí para hacerlo chocar entre sí y devolverles todo lo que han perdido.

Me encantaría que eso pudiera suceder. Que en algún momento el Mago de Oz venezolano quede completamente al descubierto. Pero tengo serias dudas que eso vaya a suceder. De momento la oposición venezolana me parece perdida, incapaz de asumir sus errores y de abandonar el egoísmo de sus principales miembros, todos empeñados en ser la protagonista del culebrón antes que los guionistas. Ellos tambien están atrapados en Oz pero incapaces de enfrentar al mago y desnudarlo delante de sus hipnotizados ciudadanos.

Por eso, mientras los zapatos de Judy vuelven a su museo y algunas de las mentiras del chavismo caen por su propio peso, me divierto cantando el nuevo éxito de Thalía. Una de las canciones más absurdas que hayamos escuchado se vuelve éxito viral día tras día. Todo el mundo la canta o la recita, porque la canción tiene ambas cosas. “¿Me sienten, me escuchan, me oyen?”, pregunta la cantante en un momento de la canción y en cualquier lugar que te encuentres, en el plató de ¡Suelta la Sopa!, un restaurante en Byscaine o en un avión alejándose de Miami Beach, los escuchas, lo sientes, lo oyes. Thalía a lo tonto lo ha conseguido, un éxito que hace tiquitiquití tacatacatá.

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