Opinión

‘Baby’ Trump, la resistencia y los cobardes

Una librería de Nueva York muestra el libro “Fear: Trump in the White House” (Miedo: Trump en la Casa Blanca) del periodista estadounidense Bob Woodward, que salió a la venta el martes, 11 de septiembre de 2018.
Una librería de Nueva York muestra el libro “Fear: Trump in the White House” (Miedo: Trump en la Casa Blanca) del periodista estadounidense Bob Woodward, que salió a la venta el martes, 11 de septiembre de 2018. EFE

Era un secreto a voces, pero ahora que se ha corrido el telón de Crazytown incluso los trumpistas de a pie han tenido que darse por enterados del psicodrama diario en la Casa Blanca. Del desgobierno que existe y que da miedo; Fear, como apropiadamente lo titula Bob Woodward en su libro sobre la “resistencia” interna de funcionarios alarmados intentando impedir que el desequilibrio, ignorancia, amoralidad e infantilismo de Donald Trump causen daños irreparables.

Pero casi más miedo que el caos de Trump produce la confabulación de los republicanos que excusan su conducta, a sabiendas del gran peligro que representa para la Seguridad Nacional. Nadie hasta ahora les ha hecho a ellos la resistencia que merecen como responsables últimos del circo Trump. Por eso se permiten operar bajo el lema: “No importa que Trump esté chiflado si la economía va bien y si podemos nombrar a jueces ultraconservadores... No importa mientras su base de fanáticos le siga y eso nos permita mantener el poder”. Que más que un credo ideológico es un pacto mefistofélico. Y, como ocurre con ese tipo de componendas con el diablo, suelen acabar en desdicha.

No sólo me refiero a los riesgos más inminentes a nivel internacional (China y Rusia están en estos momentos realizando maniobras militares conjuntas, en un frente unido contra Trump), sino también a otros de tipo económico, incluido un déficit federal insostenible de más del 4.5 por ciento del PIB para 2019 —doble que en 2016—, provocado por los masivos recortes fiscales y el aumento del presupuesto militar, sin una contrapartida de ingresos.

O sea, se avecina una deuda nacional nunca antes vista, y aún así, ningún riesgo se compara con la ignorancia y terquedad del Comandante en Jefe, demostrada una vez más con la solución que se le ocurrió para resolver los déficits: imprimir del aire millones de dólares, según relata Woodward.

Y cuando su equipo económico encabezado por Gary Cohn le advirtió que éso no se podía hacer, que la deuda nacional no se paga a base de imprimir ficticiamente papel, él se enrabietó porque no entendía la razón. Como tampoco quiso entender que pertenecer a la Organización Mundial de Comercio (OMC) es beneficioso porque ha resuelto a favor de Estados Unidos disputas comerciales con otros países en un 85.7 por ciento de los casos; y cuando le quisieron mostrar la evidencia se negó a verla e insistió en que la OMC “nunca” dicta a favor.

Con ésa y otras innumerables rabietas, exabruptos o decisiones impulsivas de Trump descritas por Woodward, emerge la imagen de un presidente desconectado de la realidad, negado a aprender o cambiar de opinión ante datos verificados; paranoíco, vengativo y con un enorme complejo de inferioridad que intenta superar aparentando ser fuerte. Un baby caprichoso e ignorante sentado en la Oficina Oval. Un “idiota” de acuerdo a su jefe de despacho, John Kelly. “Un niño con el entendimiento de quinto grado” según el secretario de Defensa, John Mattis, quien frustrado por su ignorancia tuvo que explicarle el pasado 19 de enero durante una reunión del Consejo Nacional de Seguridad que el Ejército Americano estaba en Corea del Sur “para evitar la Tercera Guerra Mundial”.

¿Y todavía hay gente que cuestiona la labor de funcionarios de la Resistencia frenando clandestinamente los peores impulsos de Trump e impidiendo males mayores? ¿Quizá evitando la Tercera Guerra Mundial?

No, no se trata de un “golpe de Estado” silencioso, sino de un acto patriótico silencioso. Que gracias a que ahora se ha destapado el pueblo americano está consciente del gobierno disfuncional que tiene. O que no tiene. Y la información es poder. (Aunque según Trump el “verdadero poder es infundir miedo”, declaración de la que se deriva el título del libro de Woodward).

Lo más preocupante es el hecho en sí de que haya surgido una resistencia interna en Estados Unidos, algo propio de los regímenes autoritarios y no de una democracia. Los funcionarios han recurrido al anonimato porque en la América de Trump disentir está criminalizado.

La pregunta clave tras las revelaciones de Fear y del artículo anónimo en The New York Times —que corroboran las de otros autores y artículos— es: ¿quién estaría al timón de Washington en caso de una grave crisis, de un atentado terrorista o cualquier otra situación catastrófica?

Ciertamente no un presidente errático, aislado, más paranóico que nunca. Que dedica seis o siete horas diarias a ver televisión y tuitear despropósitos. Y ciertamente no un Congreso de mayoría republicana que ha abdicado cobardemente su función de supervisar al poder ejecutivo.

¿En manos de quién estamos? Es hora de despertar.

Rosa Townsend es una periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

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