Opinión

Ahora es Obama quien está rompiendo las normas presidenciales

Former President Barack Obama released a number of endorsements Monday.
Former President Barack Obama released a number of endorsements Monday. New York Times

Cuando Barack Obama tomó el juramento como presidente en 2009, George W. Bush le deseó lo mejor y abandonó el escenario político, decidido a nunca criticar públicamente a su sucesor. Es un voto que mantuvo durante los ocho años completos de la presidencia de Obama. De hecho, Bush ha dado un solo discurso político desde que dejó el cargo, y eso fue para apoyar a su hermano Jeb en 2016.

Bush lo hizo no solo como una cortesía. Él entendió mejor que casi nadie la increíble presión que existe sobre quien ocupa la presidencia y sintió que era su deber moral no hacer el trabajo más difícil. Entonces, se adhirió al estándar de cordialidad y decoro al que todos los ex presidentes deberían aspirar.

Por un momento, pareció que Obama, el beneficiario de la cordialidad y decoro de Bush, seguiría el ejemplo del presidente número 43. Pero un poco más de 18 meses después de dejar el cargo, Obama aparentemente ha decidido que él es demasiado importante para mantenerse al margen.

Obama rompió su silencio en un discurso a estudiantes de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, donde declaró que había intentado “seguir una sabia tradición estadounidense de ex presidentes saliendo airosamente del escenario político”, pero cambió de parecer porque “este es uno de esos momentos cruciales en que cada uno de nosotros, como ciudadanos de Estados Unidos, necesitamos determinar quiénes somos”. (Con todo respeto, esto es exactamente lo que opinaban muchos conservadores acerca de su tiempo en la presidencia).

El presidente Trump, advirtió Obama, es una “amenaza a nuestra democracia” que subió al poder “aprovechando la oscura historia estadounidense de división racial, étnica y religiosa”.

Si Obama estaba realmente preocupado de que Trump se comportara de una manera inferior a la dignidad de su posición, entonces la respuesta es dar un mejor ejemplo para el comportamiento presidencial, no unirse a él.

Además, la acusación de Obama de que los mensajes velados racistas ayudaron a Trump a llegar a la Casa Blanca es una calumnia contra los millones de estadounidenses que votaron por el presidente. Si todos estos votantes de Trump son impulsados por el racismo, como declara Obama, ¿por qué tantos de ellos votaron por Obama? El grupo American National Election Study encontró que el 13 por ciento de los votantes de Trump en 2016 respaldaron a Obama en 2012. Un análisis posterior a las elecciones de 2016 encontró que, de los casi 700 condados que votaron dos veces por Obama, un tercio votó por Trump.

Estos votantes de Obama y Trump no son racistas. Son en su mayoría electores de la clase obrera que luchan contra el cierre de las fábricas, la pérdida de empleos y una epidemia de opiáceos que está destruyendo sus comunidades. Aceptaron la promesa de esperanza y cambio de Obama, pero nunca obtuvieron lo que se les prometió, así que decidieron darle una oportunidad a Trump.

Y su apuesta ha valido la pena. Bajo el gobierno de Trump, la economía finalmente está mejorando para muchos de estos estadounidenses olvidados. Los salarios están aumentando al ritmo más rápido en nueve años. La confianza del consumidor se encuentra en el nivel más alto desde el año 2000. Los empleos en el sector manufacturero están creciendo al ritmo más rápido en 14 años. Los despidos laborales están en el nivel más bajo en medio siglo.

¿Y cuál es el mensaje de Obama? “Cuando escuchas cuán buena es la economía en este momento”, dijo Obama, “recordemos cuándo comenzó esta recuperación”.

Irónicamente, ese fue precisamente el mensaje que llevó a los votantes de Obama a estar del lado de Trump. Las encuestas muestran que en 2016, la mitad de los votantes de Obama y Trump dijeron que sus ingresos se estaban quedando atrás del costo de la vida, mientras que otro 31 por ciento dijo que sus ingresos simplemente mantenían el ritmo. Sin embargo, durante las elecciones, siguieron escuchando el mensaje de parte de los demócratas de lo bien que estaba la economía. Bueno, ahora sus vidas finalmente están mejorando, y ellos están agradecidos con Trump.

A los demócratas les gusta hablar sobre todas las normas sagradas presidenciales que Trump está rompiendo. Pero ahora es Obama quien está rompiendo las normas presidenciales con su incursión egoísta en la demagogia partidista.

Esta columna fue publicada en el Washington Post el 11 de septiembre de 2018.

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