Socialismo para Jim Carrey
El actor y comediante Jim Carrey, quien suele quejarse de lo injustos que han sido los miembros de la Academia con su carrera, al negarle el honor de un premio Óscar, ahora es otro de los adalides recientes del socialismo en Estados Unidos.
Hace tiempo que Carrey no deja una huella loable en la gran pantalla y tal vez esta sea su manera de llamar la atención. Tiene todo el derecho, por cierto, aunque valga la pena aclarar que el socialismo real, el de la dictadura del proletariado y los medios de producción en manos del Estado, no suele comulgar con artistas millonarios.
No creo que el humorista pudiera lidiar con la intervención de sus bienes, por unos tenaces burócratas empeñados en igualar la miseria. El cuento de que el socialismo tiene un buen guion, pero lo malo es la puesta en escena, ya no se lo creen ni los padres fundadores del engendro.
Curiosamente Carrey no ha formado parte de las celebridades que sienten la necesidad morbosa de visitar la isla que ha sostenido, a sangre y fuego, una recia dictadura socialista de casi 60 años. Bien le convendría cierta temporada en la desolación castrista, sin prebendas, haciendo uso de sus notables facultades histriónicas, interpretando un cubano común.
Carrey se siente frustrado por no ser reconocido entre sus colegas, se inventa la salida que mejor le venga y tantos los medios de prensa, como los sociales le divulgan sus exabruptos. Claro que son leídos sin apenas consecuencias porque buena parte del público sabe que sangra por la herida.
Sin embargo, en medio de su elogiado socialismo, los artistas cubanos deberán afrontar con la nueva constitución el decreto 349, diseñado para que no quede un resquicio de independencia a la hora de formular la obra de arte que no se atenga a los parámetros de la dictadura.
Aunque Miguel Coyula vivió por un tiempo en Estados Unidos, Carrey no sabe del sofisticado e ingenioso cineasta, quien lleva tres años tratando de terminar su largometraje Corazón azul y ahora se ve nuevamente amenazado, algo habitual en su carrera, pero por decreto.
Coyula se expresa en un lenguaje casi incomprensible para el cómico que aboga por el socialismo: “Uno de los fallos más obvios es que este decreto no ha sido confeccionado por un artista. Se refiere a las disciplinas artísticas como servicios implicando que es un negocio privado como cualquier otro. Esto deja fuera de la ecuación a los que no vivimos del arte, sino que vivimos para el arte.
A esta altura del juego, Carrey comienza sus conocidas muecas para ver si se escapa de tan extraña ecuación, mientras Coyula sigue reflexionando:
“El arte que mueve el pensamiento de una sociedad es el que sacude a su interlocutor, sino deja de ser arte, se convierte en entretenimiento, objeto decorativo, escapista, masivo, como salido de una fábrica. Y no puede existir una fábrica de arte, como tampoco leyes para la creación pues ambas cosas son incompatibles con la naturaleza propia del arte.
“Por eso con o sin decreto, seguiré haciendo cine independiente. No solo porque sea financiado con mi bolsillo, sino porque defiendo su autonomía en contenido y forma.
“Si nos convierten en delincuentes del arte seríamos el único país en el mundo quizás junto a Corea del Norte, pero parece que este gobierno hace todo lo posible por seguir aumentando su impopularidad”.
Jim Carrey dijo que hay que parar de pedir disculpas y decir “sí” al socialismo. Queda para otra respuesta a su urgente solicitud la estampida en Venezuela y la matazón en Nicaragua.
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Esta historia fue publicada originalmente el 20 de septiembre de 2018, 4:00 p. m..