Cosa de dos: Bert y Ernie y los niños gay
Quiero confesar que no me asombró nada el anuncio esta semana de que Bert y Ernie, los eternos roommates de Plaza Sésamo, eran una pareja gay desde su concepción, como revelara uno de sus guionistas. No me asombró porque siempre lo supe: un niño gay, como lo fui yo y en mi generación, se acostumbra a detectar con un radar invisible aquellos que se le parecen. Lo que si me asombró es que casi de forma inmediata y en el 2018, tanto la productora propietaria de los derechos de los personajes y un amplio espectro de personalidades se apresuraran a decir que no existe sexualidad alguna en los personajes. Son solo muñecos, marionetas, como aseguraron un comité de expertos. ¿Es que los personajes del público infantil entonces no sienten?
Sentir es algo complicado para los pedagogos. Porque se supone que la infancia acaba cuando arranca la sexualidad. Una creencia que puede ser un prejuicio que impide la verdad. Acepto que soy excepcional desde nacimiento, que fui precoz, pero he conocido a muchas personas que tenían clara su sexualidad desde tempranísimo. Por ejemplo, todos los heterosexuales del mundo, que jamás han tenido problemas por ser heterosexuales desde el minuto uno. Muchos padres celebran que sus hijos hablan de que tienen novia en la guardería. Eso jamás es un problema, al contrario, es una celebración. Pues lo mismo debería suceder con los que tenemos una sexualidad distinta.
Siempre he querido agradecerle al Topo Gigio que fuera casi tan amanerado como lo era yo. Todas las noches que me decía que me fuera “a la camita”, me reía porque lo encontraba cursi y relamido pero tambien igual de gay que yo. Como no podía decirlo así de abiertamente, pues le copié mucho de sus amaneramientos, como la caída de pestañas que ha hecho maravillas por mi a lo largo de mi carrera, igual que lo hizo por él. Quiero agradecer a La Pantera Rosa su ambigüedad. Era una pantera que caminaba de pie y su andar fue lo primero que le copie. Pero tambien la percibo como un hombre pese a que su genero es femenino. Eso es lo que creo que la ha hecho fascinante todos estos años. Única y único. Y por supuesto que mis máximos superhéroes han sido siempre Batman y Robin, porque, como le decía a mi mamá en mi infancia: “Viven juntos, mamá”. No había muchos hombres en esa situación, en la televisión de mi infancia y creo que en la de ahora. Batman y Robin, y Bert y Ernie o Epi y Blas, representaban algo que yo anhelaba. Vivir junto a otro hombre.
Pero lo increíble era que a Epi y Blas, no los veía simpáticos. Había algo en ellos que me daba miedo. Lo que me asustaba de ellos es que parecían negar esa sexualidad. Que vivían en el closet. Que estaban en el armario. Si, se que le parecerá insólito que un niño de 6 años pudiera detectar hipocresía en la manera de asumir una sexualidad. Pero es que esa es la base de mi personalidad. Siempre he sido libre con respecto a mi condición, al contrario que Epi y Blas que han tenido que esperar décadas para que apenas se reconocieran como gays sus propietarios se apresuraran a recordarles que son marionetas y no tienen sentimientos.
Si en cambio fueran heterosexuales podrían tener novia y nadie se plantearía nada sobre sus sentimientos. El problema no es ser homosexual sino no ser heterosexual. Hasta que esto no sea comprendido, necesitaremos seguir luchando para que nos dejen tranquilos.
Boris Izaguirre es un escritor y presentador venezolano. Twitter: @Borisizaguirre.