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Opinión

El papa Francisco debe tener una postura clara contra las dictaduras

El papa Francisco es recibido por miles de personas el lunes en el pueblo de Aglona, Letonia.
El papa Francisco es recibido por miles de personas el lunes en el pueblo de Aglona, Letonia. AP

Interesante la postura del Santo Padre en Lituania. Viene al caso, precisamente, conocer la razón por la cuál su posición respecto a Cuba, Venezuela y Nicaragua, al parecer, es diametralmente opuesta a su discurso en el Báltico. O al menos, ha sido tratada con una “celosa prudencia”.

El pasado fin de semana el papa Francisco comenzó en Lituania su visita a tres naciones Bálticas, la cuál continuará con Letonia y Estonia. Allí rindió homenaje a los lituanos fallecidos durante las ocupaciones soviéticas y nazis, a la vez que pidió luchar contra el autoritarismo, recordando que hasta la llegada de las “ideologías totalitarias” en el siglo XX, Lituania había sido un lugar pacífico.

Cuando el pontífice visitó a Cuba en septiembre del 2015, le obsequió a Fidel Castro un libro escrito por el padre jesuíta Armando Llorente, quién había sido maestro del entonces joven Castro en el Colegio de Belén en La Habana, 60 años atrás. El padre Llorente manifestó posteriormente que su mayor anhelo era “absolver” a su ex alumno, siempre y cuando este pidiera disculpas públicas.

Lo cierto fue que el papa Francisco durante su estadía en Cuba no se reunió con los disidentes quienes proclamaron abiertamente que “el Papa debería ser fuerte y hablar de derechos humanos y libertad”. Desde luego, esto contrasta con la visita que el papa Juan Pablo II hiciera a Cuba en 1998, cuando en una alocución pública exclamó, “no tengan miedo” y “respiro aires de libertad”.

Los dictadores pueden ser religiosos, como sucedió con el extinto Hugo Chávez y el actual Nicolás Maduro en Venezuela, así como con Daniel Ortega en Nicaragua. Todos se definían como fervientes católicos, como una vez lo hiciera Castro en Cuba.

En octubre del 2016, el pontífice recibió a Maduro en El Vaticano, donde abogó por un “diálogo sincero y constructivo”. Sin embargo, el Santo Padre ha evitado reunirse con algunos destacados miembros de la oposición venezolana para no importunar al gobierno bolivariano. Previamente en el 2012, el entonces enfermo Hugo Chávez se habría reunido en La Habana con el papa Benedicto XVI, quién le obsequió un rosario al mandatario.

Referente a Nicaragua, el papa Francisco hizo un llamado a la paz el 1ro de julio. Previamente el 22 de abril había pedido que cese la violencia. Y el 3 de junio afirmó que la violencia es cometida por grupos armados. Pero en ningún momento solicitó que el gobierno cesara su represión contra las personas que protestaban desarmados, como en efecto, si hicieran los obispos. Pudiera ser que el Santo Padre esté gestando un diálogo entre los opositores y el régimen, donde los obispos serían los mediadores.

No obstante, está plenamente demostrado, tanto en Venezuela como en Cuba, que los diálogos no funcionan. Lo que hacen es aparentar que se trabaja en una solución cuando realmente lo que se busca es perpetuar las dictaduras.

En la práctica sucede que algunos gobernantes con una agenda previa, se dan a la tarea de manipular ideológicamente a la población tocando sentimientos populares como el hambre, la vivienda o el empleo, que no tienen que ver necesariamente con el izquierdismo, pero resultan contaminantes para muchos que no alcanzan a pensar que pueden convertirse en “tontos útiles”.

Y es que la mayoría de las veces no se trata de estados que se corrompen en el poder. Se trata más bien de un movimiento deliberado para apoderarse del país, como en el caso de Venezuela donde un grupo de delincuentes se han dedicado a negocios criminales. En el caso venezolano, se ha acudido a la Corte Internacional en La Haya, la Corte Internacional de Justicia de la ONU y se está tratando de promulgar la carta democrática interamericana en la OEA. Todos los esfuerzos se están haciendo, sin embargo, no es suficiente. En el caso cubano, hasta una costumbre parece la violación de los derechos humanos por 60 años. Y como respuesta, ¿qué tenemos? Por ejemplo, que España y El Vaticano suavicen sus retóricas, en vez de endurecerlas.

Un teólogo español, José Antonio Fortea, quién es experto en demonología, está proponiendo que los obispos realicen un exorcismo magno para liberar a Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Referente al proyecto, el sacerdote venezolano José Palmar le ha pedido al padre Fortea que presente el ritual a ser celebrado y la hora exacta, para que todos los sacerdotes exorcistas se puedan unir en oración.

¿Será que la expulsión de estos regímenes maléficos se hará realidad por esta vía?

En todo caso rogamos al papa Francisco para que adopte una postura más vertical en contra de todas las dictaduras que esclavizan a los pueblos.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

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