Opinión

Viejo Quebec, una ciudad ejemplar imbuida por un aire pueblerino, de añeja quietud

El vecindario de Lower Town en la Ciudad de Quebec es un gran atractivo para los turistas que visitan esta ciudad canadiense.
El vecindario de Lower Town en la Ciudad de Quebec es un gran atractivo para los turistas que visitan esta ciudad canadiense. AP

Cuando Paul McCartney anunció temprano en el año que otra vez se iba de gira y comenzaría con presentaciones en Canadá, mi esposa y yo llegamos a la conclusión de que sería un excelente motivo para visitar el vecino norteño.

De las tres ciudades programadas, la primera del tour Freshen Up, era la afrancesada Quebec, con un enclave muy antiguo, la parte vieja, amurallada defensivamente como alguna vez estuvo nuestra entrañable Ciudad de La Habana.

La conservación del sitio resulta ejemplar, en términos prácticos y urbanísticos. Disfruta de una curiosa paradoja, al mismo tiempo que se encuentra en la segunda provincia de importancia de la poderosa economía canadiense, con todos los beneficios que esa circunstancia acarrea, se encuentra como imbuida por un aire pueblerino, de añeja quietud. Las escalas son humanas y muy peatonales. El tráfico escaso y gentil.

El servicio al turista se precia de ser políglota, francés, inglés, español y cualquier otro esfuerzo lingüístico se dan la mano cuando se requiere atención y orientación.

El caudaloso río San Lorenzo la hace como una ciudad portuaria sobre un promontorio donde reina el hotel Château Frontenac, el más fotogénico del mundo, según apuntan los conocedores, construido en 1893 y desde 1985, sitio histórico de Canadá. La edificación simula un castillo de fábula, elaborado sobre códigos arquitectónicos traídos de Francia pero adaptados al nuevo mundo.

Fue la construcción más alta de la ciudad hasta que emergiera, a unas pocas cuadras, el Edificio Price, rascacielos a lo Nueva York pero solo de 18 plantas. Conocidos sitios del Viejo Quebec, como su mencionado hotel emblemático, sirvieron de escenarios a uno de los thrillers de Alfred Hitchcock, I Confess, de 1953.

La ciudad abunda en historia, se conservan casas, iglesias y otras edificaciones que datan de los siglos XVII y XVIII. Caminando por sus calles estrechas, de adoquines y empinadas, en numerosas paredes de piedra de diversas construcciones, figuran tarjas con fechas, personajes o hechos acontecidos en cada sitio señalado.

Por supuesto que, al ser un lugar de invierno cruel, hasta tanto les duran sus hermosos días soleados, se esmeran en cultivar parques y jardines con vegetación y flores de ensueño. Las coloridas macetas que cuelgan de las ventanas son adornos naturales insuperables, parte sustancial de una atmósfera hospitalaria.

Camino a las cataratas de Montmorency, más altas que las del Niágara, aunque no tan anchas, el chofer del ómnibus nos dejó saber que había una tendencia a cerrar iglesias en Quebec. Justo cuando pasábamos por una, nos dejó saber que ahora era un hotel. Otras se vuelven albergues para personas de la tercera edad o centros culturales. También nos hizo saber que eran el tercer lugar del mundo con más agua potable.

No obstante, visitamos varios santuarios de interés como la famosa basílica Sainte-Anne-de-Beaupré, a unos kilómetros de la ciudad, donde se rinde tributo a Santa Ana, la patrona de Quebec. Su actual construcción data de 1926 y recibe cada año a cientos de peregrinos de todo el mundo porque la iglesia católica le ha acreditado numerosos milagros curativos a personas deshabilitadas o enfermas.

De hecho, al acceder al templo, colgados de dos enormes columnas, figuran bastones, muletas y otros objetos para la locomoción, dejados por personas beneficiadas. Por supuesto, que la imagen me trasladó al Rincón de San Lázaro en Hialeah donde se practica también una fe de poderes curativos similares.

Como suele ocurrir en todos los escenarios de sus giras, Paul McCartney fue recibido como un rey por más de 20,000 personas en la moderna arena Videotron de Quebec.

Cuando cantó “Michelle, ma belle… el coro del público, en francés, no se hizo esperar.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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