Nicaragua se divide entre la crisis partidaria y la refundación
Lo que el “presidente” de Cuba, Miguel Díaz-Canel, dijo recientemente en las Naciones Unidas, de que su gestión al frente de la isla es de continuidad, no de ruptura, alertando a los adversarios del atollado sistema comunista que toda esa feria de fracasos sociales continuará vigente más allá de la vida, muerte y resurrección de los Castro, es aplicable a toda la clase política tradicional nicaragüense, —llámese liberal o conservadora partidaria pero carente de doctrina ideológica.
Esta clase, en medio del genocidio impuesto por Daniel Ortega, no solo ha sido incapaz de asumir un discurso consecuente de oposición al régimen, sino más bien se ha acomodado dentro de las viciadas estructuras del Estado, comenzando por la Asamblea Nacional y el resto de instituciones, cooptadas totalmente por la dictadura.
En efecto, para la clase política tradicional, lo importante ahora es participar en las próximas elecciones regionales, promocionar del diente al labio el diálogo como supuesta salida a la ingobernabilidad, mantener el estatus quo hasta las elecciones presidenciales del 2021 y sobre todo ejercer una “oposición” desde adentro sin tomar en cuenta la rebelión popular, la férrea represión selectiva ejercida por la Policía y sus paramilitares, sobre todo contra los jóvenes por participar en las protestas, hacerse de la vista gorda ante el cinismo presidencial de negar toda la criminalidad cometida, y restarle interés a la visualización de una obligada refundación del Estado para propiciar una nueva agenda de nación, que rompa con tanto vicio político atávico, provinciano y oportunista heredado desde la conquista española.
En este señalamiento nadie se escapa. Ni siquiera las generaciones intermedias ni juveniles de estos partidos, como activistas de la decencia, no existen rebeliones partidarias consecuentes con los hechos macabros de la escena mayor que el país vive; y los jóvenes de los partidos, como el Liberal Constitucionalista (PLC), el Conservador (PC) o Ciudadanos por la Libertad (CxL), son avivadamente proclives al caudillo que los rejonea y los amamanta con cargos laborales familiares y prebendas, con lo que están censurando la disidencia.
En cuanto al partido sandinista, el FSLN, este dialécticamente ya no existe a no ser dentro de la legendaria confusión Estado-Partido para reprimir; en el caso del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), jamás ha pasado de ser una fuerza mediática activa con el agravante de haber sido partícipe del deterioro catastrófico luctuoso de la primera administración sandinista de los 80, generando desconfianza para muchos sectores políticos antisandinistas a pesar de su agresividad verbal y conspirativa; el mal llamado hombre nuevo de Marx, de Lenin y de la estructura monolítica del sandinismo jamás llegó y de eso son todos ellos culpables.
Nicaragua ante esta caótica situación, en su justa lucha por un cambio que empieza ineludiblemente por sacar a Ortega del poder, con un apoyo a medias de la comunidad internacional, con una capa empresarial ajena a la sensibilidad humana desangrada y proclive a los favoritismos fiscales con los que la dictadura hábilmente la tiene de brazos cruzados, con una alianza cívica disfuncional, con una gran parte de la intelectualidad y los hacedores de cultura mediatizados y con un liderazgo juvenil verduzco políticamente hablando pero que, valientemente, asumió el reto de la protesta, debe reformatear toda su estrategia de lucha pues de lo contrario el hueso duro de roer llamado Orteguismo, tardará mas en caer o se dará el gusto de repetir la consigna de los comisarios oficialistas: “El Comandante se queda”, en alusión al presidencialismo en función.
Esta sana aspiración, no se logrará con los partidos tradicionales, pues son incapaces de deponer sus intereses partidarios y personales.
Corresponderá al surgimiento de nuevos liderazgos, de gentes que no vean la política como un referente económico de vida, para aspirar a un país diferente, refundado en una ética institucional, como tampoco lo tendrá la Cuba que Díaz-Canel anuncia en su trastornado discurso.
Ariel Montoya es poeta y periodista nicaragüense opositor al régimen de su país. Coordina la Comisión Justicia y Elecciones Nicaragua JEN. Correo: arielperse@gmail.com.