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Opinión

‘Serendipity’, esa fe en la capacidad transformadora de lo inesperado

Imagen de un libro de fotografías de Jacqueline Kennedy Onassis.
Imagen de un libro de fotografías de Jacqueline Kennedy Onassis. Archivo/Miami Herald

Estoy grabando la versión española del programa de televisión titulado Say Yes To The Dress, que tiene un importante éxito aquí en Estados Unidos y en Gran Bretaña.

Estoy disfrutándolo mucho porque aprendo muchísimo de la psiquis femenina, que siempre me ha interesado y me asombra que cosas tan tradicionales y de cierta apariencia cursi, como el traje de novia, en realidad encierran grandes sorpresas y maravillosas conclusiones sobre nuestra sociedad, sea en Norteamérica o en el sur de Europa.

Y una de ellas es la fascinación por lo inesperado. Y es allí donde surgió esa extraordinaria palabra, serendipity, que toda mi vida me ha atraído. Sirve para determinar todo aquello que sucede mas que por casualidad, de una forma inesperada. Y muchas veces el amor pasa de esa manera. No esperas encontrarlo y sucede.

No lo ves a la primera en la persona ideal y de repente en una cuarta o quinta vez te das cuenta que si es la persona para toda la vida. Haces una fiesta y alguien se cuela y ese es el amor de tu vida. Serendipity, incluso suena de forma mágica. En el programa que rodamos en Madrid, alguien tradujo la palabra como “serendipia” y así la usamos durante el episodio donde buscamos el traje ideal para una novia que llevaba la palabra grabada en su sortija de pedida.

Yo siempre la he asociado a Jacqueline Kennedy Onassis, una de las personas que ha marcado mi vida sin habernos conocido jamás. Jacqueline usaba mucho la palabra porque era el nombre de la tienda favorita de su hijo John en Nueva York. Tanto Jackie como John han dejado este mundo, donde fueron tan protagonistas, pero la tienda sigue allí en la calle 58 con esa decoración abigarrada de cosas, caramelos, helados, objetos como si la serendipia fuera un mundo dulce que te hace feliz en una de las ciudades más competitivas del mundo que, sin embargo, también deja espacio a que suceda la inesperado.

Yo soy fiel a pocas cosas, pero una de ellas sería esa fe en la capacidad transformadora de lo inesperado. De lo que no esta agendado. ¡Como me gustaría que por serendipia los británicos se hartaran de su Bretxit y lo abortaran! ¡Como me gustaría que por serendipity también se acortara el mandato de Trump y adelantáramos las elecciones! Y como me encantaría que por la misma serendipia la gente de Venezuela se uniera en una oposición a su actual gobierno. Pero muchas veces para hacer que suceda la serendipia hay que creer en ella y conseguir que esa fe reúna a la gente para permitirle que actúe.

En España también me gustaría que sucediera la serendipia y se acabe ese cada vez más absurdo conflicto independentista en Cataluña. Creo que se alarga de tal manera que aquellos que podíamos más o menos entenderlo ya solo ponemos las manos a la cabeza y decimos que estamos agobiados y ya no entendemos nada.

Hace un año hubo una oleada de violencia que dejó en evidencia a Rajoy y que terminó por sumar razones para que se levantara una moción de censura a su gobierno, que prosperó y lo dejo fuera de la presidencia del gobierno. La gota que colmó ese vaso fue la sentencia del caso Gurtel hallando culpabilidad en la financiación irregular del partido de gobierno además de una larga lista de casos de corrupción administrativa.

Eran tantas cosas, tanto hartazgo y ansiedad que lo único que podía pasar era una serendipia. Pero al suceder, descubrimos que la serendipia necesita de más serendipia para continuar siéndolo.

Boris Izaguirre es un escritor y presentador venezolano. Twitter: @Borisizaguirre.

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