ANNETTE LÓPEZ-MUÑOZ: El azote del bullying
Los niños son un reflejo de sus padres, su entorno y la sociedad en que viven, pocos podemos discutir esto. Afortunadamente para algunos y desgraciadamente para otros, son un espejo de lo que somos y de las prioridades que tenemos o hemos tenido en nuestras vidas. Por eso fue una sorpresa para mí encontrarme un ambiente de bullying o acoso en una de las comunidades más prósperas de Miami-Dade, la pequeña ciudad de Key Biscayne.
Mi hijo de once años me ha venido reportando casos de bullying en el colegio público de Key Biscayne hace ya un año. Al principio, para ser sincera, no le hice mucho caso porque pensé que eran cosas de niños y tomarían su curso con el tiempo. Madre de cinco ya no me altero por mucho. Sin embargo hablando con una amiga, unos meses después, me dijo que había sacado a su hija del programa bilingüe por ser víctima de un fuerte bullying. Aquello hizo eco en el comentario de mi pequeño. Al llegar a casa le narré a mi hijo lo acontecido y le pregunté si él también quería salir del programa bilingüe como su amiga pero me dijo que no, que a pesar del acoso, quería quedarse en su clase. Me pareció la suya una postura madura y muy de hombrecito. Sin embargo, poco a poco vi cambios en la actitud de mi hijo, estaba frecuentemente irritado y tenía un ademán irrespetuoso hacia adultos, casi como de reproche por no sentirse defendido. Volví a tocarle el tema sobre cambiar a otro programa a principios de este año y me volvió a decir que no. Sin embargo, como madre lo sentía sufrir en silencio. Poco a poco empezó a querer faltar al colegio, siempre con una excusa diferente, hasta que en enero tomé la decisión por él y lo saqué del programa bilingüe donde había estado desde kindergarten. Ahora está mucho más contento y el acoso se está disipando poco a poco.
Hablando con un profesor amigo, le conté lo sucedido y me instó a que escribiese sobre ello. Me dijo que es un grave problema que acecha muchas escuelas del distrito, tanto públicas como privadas, y por desgracia no se saca frecuentemente a la luz pública.
Un día después charlando con la consejera del colegio público de Key Biscayne sobre este tema, quedé atónita al saber la cantidad de casos de niños que son acosados en sus aulas. Es más, al darle algunos nombres descubrí que algunos de los chicos que habían acosado a mi hijo se habían reportado como víctimas de acoso. Irónicamente, en una sociedad como la de Key Biscayne, donde los niños lo tienen todo, en vez de disfrutar sanamente de la abundancia que los rodea, los chicos se dedican a competir, me dijo la consejera, comparando mansiones, lujosos apartamentos y el tamaño de los yates de los padres, discriminando así a los que viven modestamente .
Estos detalles me parecieron surrealistas, y me hicieron preguntarme qué estamos haciendo con nuestros pequeños. La directora del colegio, Silvia Tarafa, me dijo con expresión apenada: “Lo más triste es que estos niños no están luchando por sobrevivir, lo tienen todo y aun así acosan a los otros”.
Algunos de los que me leen pensarán que yo no tengo yate ni casas de millones de dólares para que mis hijos comparen ni compitan, así que ese no es mi problema.
No nos engañemos, este un problema que permea nuestra sociedad y está en las vidas de todos. Si los niños que todo lo tienen, materialmente hablando, son capaces de maltratar a sus semejantes y discriminar y acosar en la opulencia, la pregunta es ¿a dónde vamos como sociedad? Todos los padres nos esforzamos para dar a nuestros hijos bienestar y abundancia, como bien reclama este sistema. Si el resultado de estos esfuerzos son niños fríos y sin valor humano, ¿de qué nos sirve? Ante esta realidad todos, absolutamente todos, tenemos que recalcular, exactamente como hacen los GPS cuando detectan un camino equivocado.
Es importante que enfaticemos que la primera víctima del acoso es el acosador. Al hacerle bullying a otros, el individuo está mostrando una debilidad intrínseca, probablemente surgida a raíz de una educación desbalanceada. Ojo, padres, este pequeño ve la necesidad de subirse en la tarima del bullying para parecer más alto y poderoso ante los otros. Es nuestro deber como sociedad derribar esa tarima y quitarle el glamour a los acosadores para que se vean como son, “pequeños”. Así mismo es importante como sociedad que sopesemos las escaseces de esta generación, que lo tienen todo y enfoquemos en lo que carecen, posiblemente sea tiempo, familia o amor. Al final, a pesar de todos los adelantos tecnológicos, lo que necesitamos es gente a quien querer y que nos quiera, por cursi que parezca.
Un proverbio africano dice que se necesita todo un pueblo para criar a un niño. Nuestra sociedad necesita recapacitar ante estos hechos.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de mayo de 2015, 1:00 p. m. with the headline "ANNETTE LÓPEZ-MUÑOZ: El azote del bullying."