Los escándalos no paran de perseguir al presidente Trump
Sin desprestigiar la importancia de las labores de nuestros gobernantes en Washington, me atrevo a afirmar que el gobierno del presidente Donald Trump es el más escandaloso y peligroso de la historia, para la sociedad americana.
Algunos analistas lo comparan con el gobierno de Richard Nixon (y su escándalo de Watergate por espionaje al Comité Nacional Demócrata), a raíz de la investigación acerca de los posible influencia de Rusia en las elecciones presidenciales en 2016. Pero ya los momentos incómodos de este gobierno no se limitan solo a este tema.
Varios de los personajes que rodean o rodearon durante la campaña presidencial a Trump han mantenido ocupados a nuestros congresistas, que desafortunadamente han tenido que ocupar el tiempo de su trabajo (pagado por nuestros impuestos), en escuchar juicios políticos y argumentos de defensa. El más reciente es el del juez Brett Kavanaugh, quien fue acusado de presunto abuso y acoso sexual por tres mujeres cuando estaba en secundaria y en la universidad. Tras estar en la palestra pública por varias semanas a raíz de estas acusaciones, finalmente fue confirmado el sábado para la Corte Suprema de Justicia de EEUU.
Haya sido culpable o no del abuso sexual, y haya mentido o no al Congreso, Kavanaugh es otro ejemplo de algo que es muy grave: los problemas de temperamento, y falta de ética y moral de los allegados al presidente Trump. En varios de estos escándalos los personajes han sido igual o más déspotas que él.
Si Kavanaugh está capacitado o no para ser juez de la Corte Suprema, la decisión quedó en manos del Senado. No es una decisión de la democracia americana, pero en algo si podemos estar claros: siempre quedará la duda de qué tan objetivas fueron las decisiones de los senadores para escoger a quien ocupará uno de los puestos más importantes del país, un puesto en el Poder Judicial. También siempre quedará en duda la reacción, nada nueva, del Presidente de la nación a una acusación hecha por una mujer.
El Presidente ya se ha caracterizado de faltar el respeto de palabra a las mujeres en numerosas veces, y ha sido acusado de acoso sexual y soborno por este género. Según reportó The Hill, el Presidente aparentemente se burló de Christine Blasey Ford, la primera mujer que acusó de asalto sexual al nominado a la Corte Suprema, Kavanaugh:
“¿Cómo llegaste a casa? No recuerdo”. “¿Cómo llegaste ahí? No recuerdo”. “¿Dónde fue? No recuerdo”. “¿Hace cuántos años? No lo sé”.
Las palabras del Presidente desataron las risas y burlas de los asistentes.
La realidad fue que Ford si había asegurado que el supuesto asalto ocurrió durante una fiesta en el verano de 1982 cuando eran adolescentes. Otras dos mujeres acusaron a Kavanaugh de asalto sexual. Si Kavanaugh es culpable o no, y si estas mujeres sufrieron estragos psicológicos por el asalto que previnieron que pudieran hablar antes, no debe la prensa o la opinión pública juzgarlas, porque para eso creemos que tenemos instituciones que investigan estos casos.
Pero a quien la prensa si puede juzgar de carácter es a un Presidente que descaradamente se burla de una mujer que probablemente pudo haber sido violada. ¿Qué mensaje le envía él a las mujeres que sufren en silencio por miedo a hablar de los abusos sufridos? Mujeres legisladoras de su propio partido han condenado la actitud del Presidente, incluidas las senadoras Lisa Murkowski de Alaska y Susan Collins de Maine.
La actitud del Presidente es escandalosa e irresponsable, pero, ¿qué podemos esperar de un gobernante que ha negado decenas de acusaciones de acoso sexual, besos a la fuerza y otros movimientos que más de una decena de mujeres han denunciado? ¿O habrá algo de razón en estas acusaciones? ¿Y las acusaciones en contra de Kavanaugh?
Cada día hay más preguntas que respuestas bajo este gobierno. Escandaloso.
Sabina Covo es presentadora de TV Y radio. Twitter: @sabinacovo.