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Opinión

Luisa María Güell, devoción por su arte y por la libertad

La cantante cubana Luisa María Güell celebra 50 años de carrera artística.
La cantante cubana Luisa María Güell celebra 50 años de carrera artística. Cortesía: Asela Torres

Un amigo me envía un email desde Cuba satisfecho de haber disfrutado mediante el llamado “paquete”, el documental que Netflix distribuye sobre el legendario músico y productor Quincy Jones.

Le pregunto si se fijó que uno de los artistas apadrinados por Jones, presente en el documental, es el joven pianista cubano Alfredo Rodríguez, hijo del conocido cantante Alfredito Rodríguez y me dice que no, “ya sabes como borran aquí a las personas que no les convienen”, me argumenta sobre su desconocimiento.

De tal modo se han ido disipando figuras de la cultura cubana que no comulgan con el castrismo, aunque se trate de un joven como el pianista mencionado, a quien Jones y otros especialistas consideran un genio y pocas veces ha estado involucrado en los desafueros políticos generados en la isla.

El abyecto método fue heredado del llamado campo socialista y se ha ejercido desde el comienzo de la dictadura hasta nuestros días.

En los años sesenta, en mi escuela secundaria de La Habana del Este recibimos la visita de una joven celebridad de la canción que nos tenía a todos deslumbrados, por su belleza, una voz extraordinaria y porque su repertorio nos servía de enlace con el mundo moderno que el castrismo obliteraba por ser parte del “diversionismo ideológico” que ya comenzaba a minar su grisura y adoctrinamiento.

La muchacha era una suerte de niña mimada de la televisión, el teatro y de la canción y llegó repartiendo fotos autografiadas, que todos nos disputamos con cierta ansiedad. Yo conservé la mía durante años, hasta extraviarla en una de mis tantas fugas en busca de libertad.

Aquella persona, con calidad de estrella, desde entonces, que deleitó al ingenuo estudiantado, incapaz de imaginar lo que sobrevendría después, cuando el régimen apretó sus tuercas ideológicas y comenzó a prohibir a diestra y siniestra lo que no le parecía revolucionario, respondía al nombre de Luisa María Güell.

Entre las canciones que interpretó durante la memorable velada, figuró la que desde entonces constituye su credencial artística y nostálgica por antonomasia, No tengo edad, versión en español, me atrevería a decir superior, a la que cantaba Gigliola Cinquetti en italiano.

La semana pasada, Luisa María Güell celebró el cincuenta aniversario de su carrera artística durante un impecable concierto de dos horas con un sofisticado grupo musical a las órdenes del pianista José Negroni.

Cuando en Cuba los desafíos de su carrera luminosa comenzaron a ser más políticos que culturales, la joven artista supo que su vida estaría en otra parte, e inició la ordalía del exilio, el proceso tenebroso de dejar de ser persona en el país donde era venerada.

Antes de partir para España, donde volvería a triunfar, el régimen la castigó con una temporada infernal en la agricultura, donde aún recibía el beneplácito de sus coterráneos, que no la olvidaban.

Luego de sentar cátedra en Francia, Luisa María Güell estableció residencia en Miami. No obstante sus años de ausencia, me consta que en Cuba sigue teniendo a personas que la recuerdan y admiran. Me piden sus discos y videos.

El pasado sábado en el Dade County Auditórium, la cantante prodigó su extenso repertorio, donde caben casi todos los géneros musicales, como aquel recordado primer día en La Habana, y volvió a instaurar el hechizo y la memoria entre sus seguidores.

Durante estos años de exilio, sin resentimientos, Luisa María Güell ha profesado una incontenible pasión por su arte y por la libertad. Al cabo de medio siglo, los comisarios de la dictadura no pudieron dañar su dignidad y mucho menos tanto talento.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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