Cartas bomba amenazan con sumirnos en un período oscuro
Mientras escribo estas líneas ya son 10 las bombas caseras que han sido enviadas por correo a diferentes críticos y adversarios políticos del presidente Donald Trump y a un medio de comunicación: los ex presidentes Barack Obama y Bill Clinton; la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton; el ex vicepresidente Joe Biden; la congresista demócrata Maxine Waters; el ex secretario de Justicia, Erick Holder; el ex director de la CIA, John Brennan; la cadena de noticias CNN; el millonario filántropo George Soros; y el actor Robert De Niro.
¿Qué más se podía esperar después de la sistemática publicidad del odio que el actual presidente ha lanzado desde que fue candidato? Del “¡enciérrenla!, ¡enciérrenla!”, del “¡Obama y Clinton crearon el estado islámico!”. El odio se enquistó en la política de Estados Unidos desde que el millonario Donald Trump se plantó en el primer piso de su torre en Manhattan exclamando que iba a construir un muro para frenar la llegada de “violadores” desde la frontera.
Se enquistó desde que la “Alt-right”, dirigida por el antiguo asesor presidencial Steve Bannon, arribó al poder con su discurso ultranacionalista. Desde que el presidente tituló a los medios de “enemigo público número 1”. Desde que equiparó la violencia homicida de un grupo de asesinos racistas, a las personas que se manifestaban pacíficamente en Charlottesville, Virginia. Correrían ríos de tinta si enumeráramos una a una las veces que el presidente Donald Trump insultó a otro con frases de ira y desprecio.
Y ahora, presidente y comunicadores de su gobierno, culpan a la prensa de las cartas bomba.
¿No tuvieron críticos Barack Obama, ambos presidentes Bush o Bill Clinton? ¿Fueron víctimas del terrorismo los medios que los criticaron? ¿Los congresistas del otro partido? ¿Los artistas que estaban en desacuerdo con sus leyes? ¿Sus ex funcionarios? No. Ellos siempre mantuvieron, por encima de todo, y como indica la dignidad del cargo que representaban, el decoro.
No sé si el responsable de esta campaña (hasta ahora) de intimidación terrorista sea un fanático religioso, un agente de una nación extranjera, miembros de un grupo de ultraderecha, un adolescente jugando con las bombas que aprendió a hacer online o hasta alguien en desacuerdo con Trump y su partido. De lo que sí estoy seguro es que el presidente desde la campaña no ha hecho más que exacerbar los ánimos.
Con esto no quiero decir que él sea el culpable, pero sí que no ha cumplido con su responsabilidad de hacer todo lo posible al menos, porque este país se mantenga unido en lo que nunca ha estado separado. Como la libertad de expresión. O la lucha por los derechos humanos.
Entre el miércoles y el jueves (día que escribo) no solo estuvieron en peligro líderes destacados de esta nación, sino los responsables de su seguridad. Y personas que trabajan en el correo. Y oficinistas. Y funcionarios. Y los héroes de los grupos antiexplosivos de la policía. Y cualquiera que por casualidad o destino se encontró cerca de estos artefactos.
Es un momento de reflexión. De recordar que aquí todos estamos unidos en el propósito del avance de la democracia, principio en que se basa no solo esta nación, sino occidente. Y para eso hay que rodear a esas agencias como el FBI o la CIA, que también han sido blanco de los insultos del presidente. Y a esa gran proeza que aquí en todas partes se respira, pero últimamente se diluye: la libertad.
Hoy más que nunca se valoran esos líderes comedidos, responsables, que han mantenido la mesura, y la cordura, en estos tiempos de pirómanos gritones, que amenazan con sumirnos en un período oscuro.
Twitter: @PedroCaviedes.