Opinión

País de armas, miedo y muros

Anat Halevy Hochberg, de Brooklyn, Nueva York, rinde tributo a las víctimas de la matanza en la sinagoga Árbol de la Vida, en las afueras del templo, el jueves en Pittsburgh, Pennsylvania.
Anat Halevy Hochberg, de Brooklyn, Nueva York, rinde tributo a las víctimas de la matanza en la sinagoga Árbol de la Vida, en las afueras del templo, el jueves en Pittsburgh, Pennsylvania. AP

Hace poco leí en un libro sobre periodismo esta frase muy utilizada: “si un perro muerde a un hombre, no es noticia, si el hombre muerde al perro, sí lo es”. Duele comprobar que las matanzas en Estados Unidos se han convertido en el perro que muerde al hombre. Ya casi no son noticia. Ya nadie espera tampoco que los políticos del Partido Republicano actúen para frenarlas.

Nunca en la historia tantos civiles tuvieron en sus manos tanto material de guerra. Por cada 100 personas en Estados Unidos, 89 tienen al menos un arma de fuego. Y no solo en sus manos. En las manos de sus prejuicios. De sus miedos, rabia, frustraciones. De su locura. Cada uno de esos sentimientos más otros cuantos, encendido en una mecha que solo espera llegar al taco para estallar, apretando el gatillo. Un gatillo que al accionarse no dispara una simple bala (de por sí ya letal) sino una borrasca endiablada de muerte.

Como tenemos al ser humano más inteligente sobre la Tierra en la Casa Blanca, el hombre cada vez que hay una matanza propone a un tipo armado en la puerta. Si es una iglesia, un guardia armado en la puerta de la iglesia. Un colegio, ídem. Y también en el salón de clases, el profesor. ¿Entonces si pasa en una discoteca, centro comercial, universidad, hospital, edificio de oficinas, casa, restaurante, librería?, ¿también necesitamos vigilantes armados?

¿Y en un banco? Imagino que el vigilante armado ya no estaría para evitar atracos sino para que no maten a los clientes. Y en las heladerías, pizzerías, cine, almacenes de ropa, hoteles, bares. ¡Todo el mundo armado! ¿Y en un concierto al aire libre? No sé cuál fue la solución de nuestro hombre más inteligente sobre la Tierra para la, literal lluvia de balas que acabó con la vida de 59 personas e hirió a 422 en un concierto en Las Vegas, perpetrada por un demente apostado en una ventana.

A veces me pongo a pensar en el país soñado de Trump, y por añadidura de su partido, y lo que veo le gana a todas las películas y libros que muestran un futuro distópico. Todo el mundo camina y se traslada con su pistola o fusil. En todas las puertas hay un guardia armado. Dentro de los salones de clase de las universidades, profesores y alumnos, armados. E imagino que a medida que ocurran matanzas en más sitios, propondrán más armas para el lugar de turno. Con lo que, al paso que vamos, no quedará sitio público sin gente armada.

Pero en ese país armado, más armado, en esa utopía paradisíaca de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), nuestro presidente y el Partido Republicano, habrá además, para protegernos de los de afuera (de los de adentro, es decir de usted querido lector, de los trabajadores de este periódico, de mí, nos protegeremos con el fusil, la metralleta o pistola que cargamos) un enorme muro de hormigón, bonito de este lado…

Pero como ese muro solo sirve para contener a los que nos “invaden” sin una sola arma, hambrientos y hasta descalzos, para protegernos del resto de ejércitos del mundo, pedirán una cabeza nuclear por habitante.

Miedo amigos. El país del miedo. ¿Saben lo que genera? Que la gente inyecte de cash a las fábricas de armas. ¿Saben lo que genera? Que la gente vote no por el que pronuncie las mejores propuestas, sino por el que más los asuste.

¿Un ejemplo? Pasen por un presentación de nuestro presidente en campaña.

Verán más miedo que en una casa embrujada.

Twitter: @PedroCaviedes.

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