Opinión

Cada año que soy más adulto más me gusta Halloween

Halloween “forma parte de ese espíritu por el espectáculo que tiene la sociedad estadounidense, que todo lo que toca lo transforma en un show”, escribe Boris Izaguirre.
Halloween “forma parte de ese espíritu por el espectáculo que tiene la sociedad estadounidense, que todo lo que toca lo transforma en un show”, escribe Boris Izaguirre. TNS

Asombrosamente, cada año que soy más adulto más me gusta Halloween. Este miércoles salí a Lincoln Road en Miami a vivir ese desfile estrafalario, divertido y sano de tanta gente disfrazada. Y lo disfruté muchísimo, sin necesidad de ir muy disfrazado.

Tan solo me puse un viejo traje verde de Gucci y unas gafas de plástico de Poison Ivy que había comprado esa misma tarde en una de esas tiendas especializadas en objetos para fiestas y celebraciones como Halloween. Me sentía fantástico, como me dijo el mismísimo @DrSimonFit: “estas guapísimo y elegantísimo y también disfrazado sin que nadie sepa de qué”.

La verdad que sí, me sentía divino pero porque estaba disfrutando de ver esa expresión de creatividad y fantasía tan bien asimilada. Creo que forma parte de ese espíritu por el espectáculo que tiene la sociedad estadounidense, que todo lo que toca lo transforma en un show. Desde los actos deportivos, pasando por los religiosos, la comida y hasta las elecciones, América tiene un don único para transformar la realidad en ficción y lo siguiente convertirlo todo en espectáculo. Me encanta ese concepto, aunque subterráneamente lo considere peligroso porque en el fondo banaliza todo tanto que termina por hipnotizarte y sumarte a su nadería.

Pero eso es un tema filosófico para otro momento. Me gustaría llamar la atención sobre los disfraces de este Halloween 2018, porque también he descubierto que la celebración de la noche de brujas sirve como termómetro de la actualidad de cada año.

Uno de los disfraces triunfadores de este año ha sido el de Hugh Hefner, porque aparte de irónico también da miedo, dado que el editor de Playboy falleció hace muy poco. Es un muerto muy vivo y por eso gustó tanto como disfraz en Lincoln Road. Aparte que es un paradigma heterosexual y eso tranquiliza a los heteros que casi siempre creen que los gays les superan en eso de disfrazarse.

Precisamente los gays este año han escogido a Bam-Bam, el hijo adoptivo de Pablo y Betty Mármol, vecino y novio de Pebbles, la única hija de Vilma y Pedro Picapiedra. Bam-Bam es el perfecto disfraz para enseñar músculos. Muestras extremidades y también si tienes buen glúteo y otros bultos. Y los chicos gays menores de 30 lo consideran como un guiño a sus padres o gays mayores. Creo que conté como unos 10 y no iban en grupo. En contraste al auge de Bam-Bam, La Mujer Maravilla sigue siendo un ícono que visten niñas de toda edad y condición. Lo encuentro fenomenal que Wonder Woman y Super Girl sean los símbolos mas elocuentes del #MeToo.

Pero la gran sorpresa han sido las novias. Todo tipo de moda nupcial también ha encontrado su sitio en el desfile de Halloween. Desde la novia muerta, pasando por la novia fantasma hasta llegar a la novia en sí como disfraz de Halloween, seguramente porque mucha gente asocia al matrimonio con una película de terror.

Pero las novias en Lincoln Road no daban miedo sino admiración. Algunas realmente se lo curraban, con faldas de tul y volumen como para una boda real. Desde que he grabado un programa sobre el vestido de novias (“Si, quiero ese vestido”), las novias no dejan de asombrarme. Creo que son las nuevas figuras del nuevo feminismo. Porque se apropian de un vestido que es símbolo de algo tan tradicional y atávico como el matrimonio pero le dan la vuelta.

Lo han convertido en una aspiración que transforma sus vidas. Que puede usarse ante el juez, el cura o los miles de transeúntes que celebran Halloween.

Boris Izaguirre es un escritor y presentador venezolano. Twitter: @Borisizaguirre.

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