Opinión

Haley: es vergonzoso el apoyo de la Asamblea General de la ONU a Cuba

Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, se dirige al Consejo de Seguridad de la ONU, el 21 de septiembre de 2017.
Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, se dirige al Consejo de Seguridad de la ONU, el 21 de septiembre de 2017. AP

Todos los años por estas fechas realizan un desfile de hipocresía en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Cuba patrocina una resolución que culpa de la pobreza, la represión y la falta de libertad de la isla al embargo económico de Estados Unidos. La resolución no ayuda a una sola familia cubana. No alimenta ni a un solo niño cubano. No libera a un solo prisionero político cubano. Pero prácticamente todos los países siguen votando a favor: el año pasado solo Estados Unidos e Israel se opusieron.

Este año, Estados Unidos hizo algo diferente. Le dimos a la ONU la oportunidad de hacer algo sobre las horrendas condiciones de los derechos humanos en Cuba. Presentamos una serie de enmiendas que afirmaban el derecho del pueblo cubano a hablar libremente; su derecho a no ser encarcelado por sus creencias políticas; y su derecho a los frutos de su trabajo, entre otros.

El resultado de la votación fue un excelente ejemplo de por qué el pueblo estadounidense tienen razón al estar reacio a enviar el dinero de sus impuestos a las Naciones Unidas.

Solo tres naciones de las 193 apoyaban la afirmación de los derechos humanos de los cubanos. Sin duda, muchos de los países que votaron en oposición pensaron que estaban metiendo el dedo en el ojo a Estados Unidos. Pero todo lo que realmente estaban haciendo era demostrar, una vez más, la necesidad de un liderazgo continuo de Estados Unidos en materia de derechos humanos en Cuba, porque nadie más lo hará. Cuando la ONU tuvo la oportunidad de demostrar su propio liderazgo, se negó a hacerlo.

La dictadura castrista niega al pueblo cubano los derechos humanos y las libertades más elementales. Los periodistas y opositores al régimen que no cooperan son arrestados e incluso asesinados. La economía cubana está amañada a favor de la élite gobernante. El gobierno cubano tiene la autoridad absoluta para restringir los viajes dentro de Cuba y para determinar quién puede salir.

Cada año, muchos países reconocen esta falta de libertad, incluso cuando votan ciegamente a favor de una resolución que absuelve a la dictadura de toda responsabilidad por esto.

El año pasado, la Unión Europea —cuyos miembros apoyaron la resolución cubana— hizo un llamamiento al gobierno cubano para que“conceda plenamente a sus ciudadanos derechos y libertades civiles, políticos y económicos reconocidos internacionalmente, incluyendo la libertad de reunión, la libertad de expresión y el libre acceso a la información”.

Múltiples grupos regionales de la ONU que representan a la mayoría de los países del mundo también expresaron su preocupación por la promoción de los derechos humanos en Cuba. Hicieron un llamamiento a la dictadura para que cumpla los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, una lista de los puntos de referencia de libertad y derechos humanos necesarios para que los países prosperen.

El lenguaje de las enmiendas de Estados Unidos se tomó directamente de estas expresiones de apoyo a los derechos humanos. En algunos casos, las enmiendas repetían textualmente las declaraciones de otros países. Pero cuando estos países tuvieron la oportunidad de hacer que su apoyo a los derechos humanos en Cuba realmente importara poniéndolos en una resolución, se negaron a aceptarla. La Unión Europea eludió el tema absteniéndose. Muchos países que apoyaron los derechos humanos de los cubanos durante el debate sobre la resolución en realidad dieron la vuelta y votaron en contra de las enmiendas.

Lo lamentable no es que Estados Unidos haya quedado, una vez más, prácticamente solo en nombre de la dignidad humana en las Naciones Unidas. Todo lo contrario. Estamos orgullosos de resistir a la multitud de países cuando se trata de los principios en los que creemos.

El resultado realmente desafortunado de esta farsa de la ONU es que el pueblo cubano fue una vez más abandonado por una organización que se supone que defiende los derechos humanos.

Afortunadamente, las Naciones Unidas no tienen el poder de poner fin al embargo de Estados Unidos. Ese poder pertenece exclusivamente al Congreso y al pueblo estadounidense. Pero las Naciones Unidas tienen un gran megáfono. Tienen la capacidad única de enviar un mensaje moral a la dictadura cubana en nombre de todo el mundo. El hecho de que se hayan negado a hacerlo debería ser motivo para que los estadounidenses reexaminen los límites de lo que podemos esperar de las Naciones Unidas.

Cuando Estados Unidos se retiró del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en junio, los críticos argumentaron que esto representaba un retroceso en el compromiso de Estados Unidos con los derechos humanos.

Este argumento era totalmente erróneo en su momento, pero la votación de esta semana en las Naciones Unidas es la prueba más clara de por qué. En Cuba, y frente a muchos gobiernos igualmente corruptos y bárbaros de todo el mundo, Estados Unidos se erige como un faro de los derechos humanos cuando la mayoría de los demás países se niegan a hacerlo.

En ausencia de un mensaje mundial de apoyo, Estados Unidos reitera su mensaje al pueblo de Cuba: Continuaremos estando con ustedes hasta que llegue el día en que podamos estar juntos como personas libres en el vecindario que compartimos.

Nikki Haley es la Embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas.

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