Opinión

Evocación de la Feria del Libro de Miami

Entusiastas de las letras pasean por la Feria del Libro en Miami, donde suelen presentarse escritores totalmente excomulgados por la dictadura cubana.
Entusiastas de las letras pasean por la Feria del Libro en Miami, donde suelen presentarse escritores totalmente excomulgados por la dictadura cubana. Archivo / el Nuevo Herald

Han transcurrido casi 12 meses de la presentación de mi libro de columnas La Mirada Indiscreta (Ed. Hypermedia), durante una jornada personalmente memorable de la Feria del Libro de Miami, donde me honra laborar desde hace 26 años.

Fue a Marta Franchi en el año 1992, por entonces una suerte de enlace laboral del Condado Miami Dade, a quien se le ocurrió llamar al Dr. Eduardo Padrón, a la sazón presidente del Campus Wolfson, para dejarle saber que tenía en su oficina a un exiliado que había trabajado en la Feria del Libro de la Habana.

De tal modo, desde entonces, integré el equipo de prensa del College y participé de mi primera Feria en libertad en noviembre de ese mismo año.

Desde el principio resultó ser una experiencia emocionante que ha ido sumando capítulos inolvidables. Encuentros con escritores totalmente excomulgados por la dictadura cubana, tanto nacionales como de otros países. Comparecencias emancipadas, en inglés y español, porque el evento cuenta con dos programas de igual calidad en ambos idiomas.

La Feria del Libro de La Habana se celebra actualmente en el Castillo del Morro, muy cerca del muro donde antes fueron fusilados opositores. En mis tiempos, acontecía en el llamado Palacio de Convenciones y los filtros ideológicos y la vigilancia de potenciales autores extranjeros, de tendencia liberal, por parte de la policía política, constituían hechos en las antípodas de las humanidades que decían defender.

También era cierto que muchos de los escritores invitados a La Habana formaban parte de las huestes de izquierda afines al castrismo, siempre y cuando no tuvieran que padecerlo por más de unos días, en hoteles, propiamente alimentados, y con otros servicios gratuitos.

La Feria del Libro de Miami, que comienza este domingo en el Campus Wolfson del Miami Dade College y cumple 35 años, me abrió otros horizontes.

Creo haber sido hasta hoy, un intermediario puntual entre la intelectualidad cubana desterrada y su necesidad de expresarse en el único foro de coterráneos de este categoría y dimensión, fuera de la maltrecha insularidad.

Durante estos 26 años he integrado el Comité de Autores Iberoamericanos del evento, donde disfruto el privilegio de sugerir, junto al resto de los miembros, potenciales invitados. En este proceso, me complace contribuir a la cultura cubana en libertad, así como honrar a los que no publicaban en la isla, a los escapados por Mariel, a los que no dejaban ni entrar en los predios de la tramitada feria habanera, a los que se quitaron la vida cuando la depresión los hundió.

Gracias a Miami y su Feria me he reencontrado a escritores amigos como Roberto Madrigal, Daína Chaviano, Daniel Fernández, Esteban Luis Cárdenas, Madeline Cámara, Carlos Victoria y Zoé Valdés.

La Feria me permitió también rendir tributo a la poeta Serafina Núñez, ignorada por el oficialismo de la isla, así como sugerir la presentación del escritor Antonio José Ponte, poco antes de exiliarse, al borde de ser apresado por la dictadura.

Para esta edición, junto a narradores y poetas iberoamericanos de primera línea, los representantes de la literatura cubana regresan en avalancha, no queda de otra, sin que nadie les corrija la plana ideológica, ni venga cierto policía, enmascarado de funcionario, para decirle que es un indeseable.

Yo recordaré, muy agradecido aún, aquel salón repleto de lectores el año pasado cuando presenté mi libro que, por cierto, estará ahora en el quiosco de la Editorial Hypermedia. Allí podrán encontrarme, junto a otros autores de tan valiosa colección, dispuesto a tener el privilegio de departir con ustedes otra vez.

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