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Opinión

UVA DE ARAGÓN: El enemigo en casa

El video del futbolista de los Baltimore Ravens Ray Rice peleando con su futura esposa y arrastrándola fuera de un elevador después de dejarla inconsciente de un piñazo, ha traído a la luz pública el elevado número de deportistas acusados de violencia doméstica. La controversia ha sido principalmente sobre la Asociación Nacional de Fútbol (NFL, por sus siglas en inglés) pero igual podría haber sido sobre las ligas de baloncesto, béisbol o hockey. Ninguna contiene normas adecuadas para sancionar debidamente a los atletas que abusan físicamente de sus mujeres e hijos.

Muchas veces las víctimas se retractan de las acusaciones al recibir poco apoyo de la sociedad o porque caen en el síndrome de las mujeres abusadas. Llegan a creerse merecedoras de los porrazos que les infligen su pareja, y sus promesas de que no lo harán más. Les juran amor eterno, las llenan de regalos y halagos… hasta la próxima pelea. Lamentablemente, a veces estos ciclos de caricias y golpes acaban mal, como el caso del linebacker de los Kansas City Chiefs, Jovan Belcher, que en 2012 dio muerte a Kasandra Perkins, la madre de su hija, y luego se quitó la vida en un estacionamiento del Arrowhead Stadium.

El problema de la violencia doméstica no está limitado, ni mucho menos, a los atletas. Una de cada cuatro mujeres en los Estados Unidos lo sufre. Miremos alrededor nuestro a las compañeras de trabajo, estudiantes, cajeras, amigas, parientas. ¿Cuál de ellas cubre con la ropa un moretón? ¿A cuál la espera un violador al doblar de la esquina? ¿Cuál será la que confirme esa terrible cifra, de que una de cada tres mujeres asesinadas muere a manos de un ex novio o ex marido, o de su pareja actual?

Las mujeres no son las únicas maltratadas. Más de tres millones de niños son víctimas de violencia en sus propios hogares. Los chicos que son testigos de este tipo de conducta, tienden a repetirla, y las chicas son más vulnerables y se convierten en víctimas desde la adolescencia. Es un círculo vicioso. También personas de la tercera edad reciben a menudo golpizas.

Los abusadores más frecuentes son hombres jóvenes. Algo tendrá que ver la testosterona. Los niveles de educación e ingresos también son un factor. La pobreza, la falta de oportunidades engendran frustraciones. Entonces, a golpes con ellas. Pero no nos engañemos. La violencia doméstica existe igualmente en la clase media y alta. Y también los viejos dan porrazos, aunque muy a menudo son igualmente víctimas.

Las lesiones que dejan las palizas no son sólo físicas, sino emocionales y psíquicas. Los sobrevivientes padecen de depresión, insomnio, ansiedad, pesadillas. Además, para la sociedad hay un costo económico, de más de $37 millones al año, en policías, abogados, gastos judiciales, tratamientos médicos y psiquiátricos, así como ausentismo de las víctimas en sus trabajos.

La NFL ha comenzado a reaccionar porque algunos patrocinadores comerciales les retiraron su apoyo a los jugadores. Han amenazado con darles donde les duele, en el bolsillo. Es el resultado del juicio severo de la opinión pública. Hay que mandar un mensaje claro. Salvo por razones irrefutables de defensa propia, no hay excusa válida para golpear a mujeres, niños o ancianos indefensos.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: El enemigo en casa."

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