Opinión

¿Entorpecerá el secretario de Justicia interino la investigación sobre la trama rusa ?

Matthew Whitaker fue nombrado secretario de Justicia interino por el presidente Donald Trump, para que reemplace a Jeff Sessions.
Matthew Whitaker fue nombrado secretario de Justicia interino por el presidente Donald Trump, para que reemplace a Jeff Sessions. AP

Antes de que Matthew Whitaker trabajara para el Departamento de Justicia, escribió una columna para CNN afirmando que las finanzas de la familia Trump no deben ser objeto de investigación por parte del fiscal especial Robert Mueller, quién es el encargado de despejar el panorama respecto a la trama rusa.

Ahora, con el nombramiento de Whitaker como secretario de Justicia interino, muchos se preguntan cuáles serán sus próximos pasos referentes a la investigación y al fiscal Mueller.

De acuerdo a Whitaker, insistir en investigar las finanzas personales de Trump desataría serias dudas respecto a que simplemente pudiera considerarse como una “cacería de brujas” por parte del fiscal Mueller.

Ya en marzo de este año, el fiscal especial obligó legalmente a la Organización Trump a entregar algunos documentos relativos a sus relaciones de negocios en Rusia (subpoena). Y esto, eventualmente, amplió la investigación de Mueller para indagar acerca de otros fondos extranjeros que pudieron intervenir en la campaña política de Trump. Y es que referente al caso de Trump, las cosas pueden complicarse porque el mismo Presidente no ha marcado suficientes y claras aristas de separación entre su organización financiera y Donald Trump, lo que evidentemente pudiera litigarse como un conflicto de intereses.

Por supuesto, Trump no se ha quedado inmóvil. Ha tenido acercamientos en el pasado con el renombrado abogado de Washington, Emmet T. Flood, quién representó al presidente Bill Clinton durante su juicio político y que también fue consejero legal de George W. Bush y el vicepresidente Dick Cheney.

Lo cierto del caso es que Whitaker, quién venía desempeñándose como jefe de personal del secretario de Justicia, Jeff Sessions, ha sido nombrado por Trump en sustitución de Sessions, quién ha renunciado por petición expresa del presidente.

Sessions desde un principio empezó con tropiezos. En su acto de juramentación negó haber tenido contacto con los rusos. Sin embargo, después se reveló que Sessions se había reunido dos veces con el embajador ruso Sergey Kislyak durante la campaña presidencial de Trump en el 2016. A raíz de esto, el embajador ruso fue relevado de su servicio activo y Sessions a su vez se recusó en la investigación sobre la colusión rusa, algo que desde entonces ha mantenido molesto a Trump.

Esto, consecuentemente, originó que el secretario de Justicia adjunto Rod Rosenstein nombrara al fiscal especial Robert Mueller como encargado de supervisar esta investigación, que en sus comienzos estaba en manos del director de FBI, James Comey, quién igualmente fue despedido por Trump.

Y es que en eso de despedir, Trump ha sido un campeón. Hasta ahora ha despedido a 31 funcionarios de alto nivel que supuestamente constituían la columna vertebral de su gobierno, entre ellos el secretario de Estado, el director del FBI, el consejero nacional de seguridad, la embajadora en la ONU, el jefe de personal de la Casa Blanca, y ahora el secretario de Justicia, por solo nombrar algunos casos.

Y lógicamente, en esta ocasión, cuando un republicano prestigioso, ex director del FBI, y ahora fiscal especial Mueller continúa con una investigación tan prolongada como delicada, es de suponer que Trump estará haciendo lo indecible por despedirlo.

Resulta que debido a todas sus actividades, es de suponer que Mueller tenga mucho material en su poder. Hace unos meses fue allanada por el FBI la vivienda del abogado personal de Trump, Michael Cohen. Cajas de evidencias fueron sustraídas del lugar. Mas recientemente, el ex jefe de campaña de Trump y confidente, Paul Manafort, se tranzó con la fiscalía a fin de reducir su condena, principalmente por lavado de dinero, de más de $40 millones recibidos de un ex presidente ucraniano. Por sus relaciones con los rusos, se estima que Manafort tiene mucho que contar.

Se dice que Whitaker no puede decidir en el despido de un fiscal especial. Esa tarea recaería en Rosenstein, que como es sabido fue el que nombró a Mueller y por consiguiente no lo despedirá. Lo que al parecer si puede hacer Whitaker es entorpecer la investigación, negando fondos operacionales y exigiendo documentos a granel.

Para finalizar, lo que se percibe en esta trama es la grandeza de EEUU. Aquí no hay partidos políticos porque lo que está en primer lugar es el país.

En efecto, si realmente existió un ataque extranjero contra EEUU, un republicano distinguido como Mueller finalizará y entregará las pruebas en su poder en contra de otro republicano, aunque este sea el presidente de Estados Unidos.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

  Comentarios