Opinión

El presidente ‘Trump Jong-un’

El presidente Donald Trump y el periodista de CNN, Jim Acosta, durante una conferencia de prensa el 7 de noviembre en la Casa Blanca, en Washington D.C.
El presidente Donald Trump y el periodista de CNN, Jim Acosta, durante una conferencia de prensa el 7 de noviembre en la Casa Blanca, en Washington D.C. Bloomberg

La mayoría de mis amigos en Miami votaron a Donald Trump en 2016.

Y al día siguiente, en el trabajo, se quedaban callados mientras el resto lloraba por la derrota de Hillary Clinton. Solo una de ellos se me acerco y me dijo: “yo estoy muy contenta con mi voto. Era lo que me pedía el cuerpo”. Y en su mirada conseguí entrever ese odio que los republicanos manifiestan hacia Obama.

Un odio para mi incomprensible, dado que según mi criterio, el ex presidente les dejo un país en mejor estado financiero y moral que George W. Bush. Pero ni esa amiga que se atrevió a decirme la absoluta verdad sobre su voto ni muchos otros pro Trump que he conocido se apean de ese desprecio hacia Obama. A veces pienso que quieren borrarlo no del mapa sino de la historia.

He recordado mucho ese día después del triunfo presidencial de Trump en el 2016 viendo las imágenes cuando eliminan el pase de prensa a un reportero de CNN, un “histórico” de esas ruedas de prensa. Lo primero que pienso es, con retranca, esa fórmula de los gallegos de burlarse de todo con sorna, es que a partir de ahora ese veterano reportero podrá escribir un libro con todo lo que no sabemos qué pasa en esas ruedas de prensa y también dejarnos saber el inmenso aburrimiento que deben ser.

Yo llevaría el tema hacia el propio Washington que siempre me ha parecido una de las dos ciudades más aburridas del mundo. La otra me la guardo para otra columna. Pero toda esta sorna se me viene abajo cuando pienso en los alcances que puede tener esta revocación in situ, súper en directo de un pase de prensa a un periodista solamente porque el máximo líder esta harto de que escriban en negativo sobre su persona. Es como si al haber pasado tanto tiempo departiendo con Kim Jong-un, Trump haya desarrollado aún más su vena totalitaria y transforme su poder como presidente de la primera democracia del mundo en un Yo Quito, Yo Pongo, Yo Abuso.

Por otra parte, he reflexionado sobre lo difícil que es encajar una crítica. Para mi era uno de los momentos mas tensos y difíciles con mis progenitores, en especial con mi madre. Su mirada felina se hacia más angosta y creía que emanaban rayos X cegadores y que me reducirían a cenizas. Me daba una mezcla de pavor y deseo de huir de ahí. Y generalmente respondía con algo de brusquedad.

Hasta que un día descubrí que me hacían bien. Que me permitían ver mejor dentro de mi mismo. Y escribir mejor. O nadar mejor. O comportarme mejor. Y con el tiempo descubrí algo más: toda crítica colabora a crear una corteza sobre tu piel. Por eso me parece inaudito que nadie le explique esto a un hombre como Donald Trump que lo tiene todo menos seguramente gente que le hable con franqueza.

Claro, a vista de su éxito como presidente de la primera democracia del mundo, él dirá que no necesita franqueza sino esa manera brusca, competitiva, siempre envuelto en algún tipo de bronca o tuit furioso para conseguir liderar esa primera democracia.

Pero mientras más nos acostumbramos a esa conducta menos democrática nos resulta nuestra sociedad. Yo no creo que siga siendo primera sino la más amenazada. Y por sí misma.

Porque así como aquella amiga me confesó en susurro su voto, también tengo algo que confesarles: A Trump lo hemos llevado hasta ese sitio donde vocifera y amenaza y veta, cada uno de nosotros.

Boris Izaguirre es un escritor y presentador venezolano. Twitter: @Borisizaguirre.

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