Opinión

Hay que recuperar la excelencia perdida del sello ‘Made in USA’

El histórico error cometido por Warren Beatty al anunciar erróneamente “La La Land” como ganadora del Oscar a la mejor película, el 26 de febrero de 2017. Jordan Horowitz, productor del filme, muestra el sobre que dice que “Moonlight” es la verdadera ganadora del trofeo.
El histórico error cometido por Warren Beatty al anunciar erróneamente “La La Land” como ganadora del Oscar a la mejor película, el 26 de febrero de 2017. Jordan Horowitz, productor del filme, muestra el sobre que dice que “Moonlight” es la verdadera ganadora del trofeo. Invision/AP

Era pasada la medianoche del 26 de febrero de 2017 y la ceremonia de los Premios Óscar estaba a punto de concluir. Solo faltaba por entregar el galardón más importante de todos: Best Picture. Los presentadores, Warren Beatty y Faye Dunawey, abrieron el sobre y anunciaron como ganadora a la película “La La Land”.

Lo que ocurrió a continuación será recordado como el momento más embarazoso en la historia de esos premios. No fue hasta que los productores del filme subieron al escenario a recoger la estatuilla que se supo que la película ganadora era, en verdad, “Moonlight”. Por unos instantes reinó el asombro y la consternación. Pero, ¿cómo era posible? ¿Qué había pasado? Nada; poca cosa. Un lamentable error: el sobre que le habían entregado a Beatty no era el de Best Picture sino el de Actress in a Leading Role.

Lo anterior, visto por millones de personas en el mundo entero, es solo un ejemplo de la ineficiencia y de la falta de amor al trabajo que se ha asentado en todos los estratos de la nación y que debería hacernos reflexionar.

Es verdad que cuando estos errores ocurren en situaciones de cotidianeidad no tienen consecuencias; son solo inconvenientes que provocan enojo, como cuando en un restaurante ordenas un steak cocinado medium well y llega a la mesa casi crudo. O como cuando la joven asistente del médico, por estar entretenida revisando sus mensajes de texto, te da la cita en una fecha equivocada.

Pero cuando se cometen en un hospital o en el área de seguridad de un aeropuerto, se pierden vidas. La situación es más grave de lo que parece. En un informe de la Universidad de Medicina John Hopkins publicado el año pasado se indicaba que los errores médicos eran la tercera causa de muerte más común en el país.

Por su parte, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos informó en el 2015 que los controles de seguridad de los aeropuertos fallaron 67 de las 70 pruebas que realizó un equipo encubierto de agentes del gobierno. Y lo peor es que no son errores mecánicos, sino cometidos por empleados distraídos: una enfermera que suministra a un paciente el doble de la dosis de su medicamento o un agente del TSA que, mientras toma café y conversa con sus compañeros, deja de mirar el monitor donde se revisa el interior de las maletas.

Eso no debe seguir ocurriendo. Estados Unidos debe recobrar la excelencia —médica, artística, gastronómica o de cualquier otra índole— a la que estábamos acostumbrados. No podemos esperar que en una estación de servicio nos limpien el parabrisas y nos midan el aceite y el aire de las gomas como en los años cincuenta; pero un poco de atención y cortesía por parte sus empleados no vendría mal.

Las cosas deben cambiar. No solo en el área de servicios sino también en el de la producción. Los errores humanos son inevitables; pero un puente recién construido no debe colapsar porque un ingeniero se equivoque en los cálculos. Tampoco los autos japoneses deben ser mejores que los americanos.

El sello Made in USA que ostentan nuestros productos —orgullo patriótico y sinónimo de calidad— no puede seguir siendo una broma. Como quizás tampoco deba serlo la frase “Make America Great Again”. Aunque la haya dicho Donald Trump.

Manuel C. Díaz es un escritor cubano. Correo: manuelcdiaz@comcast.net.

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