Yo conocí a esa mujer llamada Libertad: recordando a ‘la novia de América’
Este 24 de noviembre se conmemora 110 años del nacimiento de Libertad Lamarque, la megaestrella de la cultura pop latinoamericana, quien fuera residente de nuestro Miami por 20 años.
El auditorio del Madison Square Garden de Nueva York se llenó en pleno. Todas las entradas vendidas y las almas presentes se juntaron como pudieron. Todos habíamos querido tener a Libertad Lamarque en vivo. El público se puso de pie y rompió el silencio de la sala con un estruendoso aplauso.
Acababa de terminar la función y todo el elenco, vuelto una mano sola, con la estrella en el centro del universo teatral, hizo una última reverencia para agradecer el aplauso que celebraba su actuación. Yo estaba en primera fila a la espera del momento oportuno para brindar mi emoción convertida en flores a la actriz de tanta fama. Las flores tuvieron la paciencia de no marchitarse bajo mi asiento.
De pronto el elenco retrocedió y desapareció entre bambalinas. Libertad Lamarque se quedó sola con un solo beso lanzado al aire multitudinario como agradecimiento. Yo me quedé triste al ver que no iba a poder darle mis flores. De pronto, en un último esfuerzo, levanté el ramo y lo agité para llamarle la atención, como quien agita una bandera. Libertad vio el fogonazo y regresó a la orilla del escenario. Recibió el ramo y el público de nuevo rompió en aplausos.
Los pechos emocionados no querían que dijera adiós. Había cantado más de 17 canciones acompañada por su orquesta con la fuerza, la veteranía y el joven ardor de sus 80 años recién cumplidos. Y nosotros agradecimos el longevo gesto. Libertad recibió mis flores, me dio la mano y susurramos algo que se ahogó en el ruido de los aplausos. Apretó las flores contra su pecho y lanzó unos pasos de tango como flechas amorosas sobre el corazón de los espectadores. Todos enloquecimos. La estrella se fue con sus flores de última hora hacia el fondo del escenario. Lanzó un beso postrero y desapareció como la sombra más amorosa.
Corría el año de 1988 y “Doña Liber” de nuevo lograba el milagro con la magia de su talento y su belleza. Estaba disfrutando de su libertad. De esa libertad que unas décadas atrás había sido amenazada en su nativa Argentina. Ocurrió durante la filmación de la película “La Cabalgata del Circo”, en 1945, cuando Libertad Lamarque, quien ya había filmado más de 15 películas como figura principal, le tocó compartir la filmación de algunas escenas con una joven artista de reparto, llamada entonces Eva Duarte, la futura Eva Perón.
Libertad Lamarque, conocida ya por su profesionalismo, no toleró más los retrasos y desplantes de esta joven principiante e impuso su autoridad llamándole la atención a la joven actriz. La señora Lamarque siempre aclaró que jamás tuvo lugar la supuesta cachetada que algún periodista episódico y sensacionalista dijo que “Libertad le dio a Eva”. Nuestra señora Lamarque explicaría que, pequeña como era, “jamás se hubiese atrevido a fajarse con una mujer mucho más grande y de la que no hubiese podido defenderse”, clase y educación aparte.
Evita Perón nunca le perdonó a Libertad Lamarque la humillación del regaño. Cuando llegó a primera dama ejerció su influencia para que prohibieran sus canciones en la radio del momento y las salas de cine no proyectaran sus películas. Libertad Lamarque voló con el albedrío de su nombre para escapar de la persecución y la censura. Salió de Argentina en 1946 y entre viajes, películas y presentaciones personales, vivió en el exterior los mismos años que tenía cuando se alejó de Argentina: 36. Y, entonces, descubrió su propia realidad: era más conocida en el exterior que en la propia Argentina. Llovieron los contratos y se fue al México lindo y querido donde estableció residencia.
Libertad Lamarque vivió con el corazón en la boca.
Sus canciones, interpretadas con ese temperamento muy propio, con su voz inextinguible y su belleza inmarchitable, hicieron que se metiera en el corazón de todos. No olvido una respuesta suya a un periodista imprudente: “trabajaré mientras tenga pulso para maquillarme”. Y no le tembló el pulso, pues salió de los estudios donde grababa la telenovela “Carita de Ángel”, en México, a los 92 años, para ir al hospital donde falleció el 12 de diciembre del 2000.
Una vez le preguntaron: ¿cómo le gustaría que dijese su epitafio? “Simplemente”, respondió, “por aquí pasó una mujer que fue alguien y a quien quisimos mucho”. ¡Vaya que fuiste alguien y vaya que si te quisimos!, como uno ama la Libertad.