Opinión

Magia y misterio en Chichén Itzá, un sitio detenido en el tiempo

El Templo de Kukulkán en la zona arqueológica de Chichén Itzá, también es conocido como El Castillo.
El Templo de Kukulkán en la zona arqueológica de Chichén Itzá, también es conocido como El Castillo. TNS

Mi profesora de Arte Hispanoamericano, en la Universidad de La Habana, Rosario Novoa, era como una pintoresca sobreviviente del naufragio. Pequeña, anciana, con una melenita corta peinada hacia delante, solía encaramarse sobre la mesa del aula para lograr la atención del estudiantado.

Cuando hablaba de un sitio o de una obra, la conocía de primera mano, mientras nosotros debíamos conformarnos con fotos, ilustraciones de libros o diapositivas.

En aquella época de duro adoctrinamiento y miedo, donde discípulas de la estalinista Mirta Aguirre hacían entrevistas de ingreso, llenas de trampas para detectar a los “diversionistas ideológicos” y bloquearles la entrada a la Escuela de Letras, porque la universidad era para los revolucionarios, ni soñar con un viaje a ultramar para conocer el arte de los “hermanos países latinoamericanos”.

En medio de la debacle, sin embargo, por los años ochenta, logré un viaje a México, donde en pocos días pude ponerme al tanto de su vasta cultura en sitios claves.

Debí esperar, no obstante, hasta estos últimos 26 años de libertad para poder escoger, a conveniencia y gusto, mis incursiones culturales nacionales e internacionales que han ido completando, definitivamente, las ilustrativas y memorables lecciones de mi profesora Novoa.

Acabo de hacer una visita, ciertamente fascinante, a Chichén Itzá en la península mexicana de Yucatán que me recordó las dos veces que he podido disfrutar de Teotihuacán, otro de los lugares emblemáticos de las poblaciones originarias de nuestra América.

En el caso del asentamiento maya de Chichén Itzá, llama la atención tan frondosa naturaleza, las altas temperaturas y la humedad. El guía que, afortunadamente, condujo la gira, dejó en claro, mediante fotos domésticas, que estaba casado con una muchacha de origen maya y por esos sus pequeñas hijas tenían tan hermosos ojos rasgados.

Su conocimiento del lugar resultó paradigmático por lo sabio, sin pedantería, y muy anecdótico. Supimos que los mayas solo se equivocaron en seis segundos cuando se compara su modo de medir el tiempo con la exactitud de los relojes atómicos actuales.

Nos dijo, también, que los bloques de las deslumbrantes construcciones fueron fabricados amasando con agua la característica tierra caliza del lugar y que la gran pirámide, conocida como el Castillo, en tributo al dios Kukulcán (la serpiente emplumada de otras culturas mesoamericanas), tiene 365 escalones, como los días del año, además de referirnos otras circunstancias numerológicas que expresan un significativo conocimiento de las ciencias entre los mayas.

Hizo la anécdota de cómo los poderosos no se sacrificaban ofrendando la vida, sino que se hacían incisiones en el pene, de donde emanaba la sangre exigida por los dioses y que, para mitigar tal dolor, se introducían por el ano algo así como supositorios hechos de drogas vegetales que conocían al dedillo.

Habló de los robos sistemáticos de extranjeros inescrupulosos y de cómo muchos de los objetos valiosos del sitio habían terminado en museos metropolitanos de otros países.

Descartó la leyenda de los sacrificios de doncellas acicaladas con oro, arrojadas a los cenotes, pues la mayor cantidad de víctimas contabilizadas eran niños.

Chichén Itzá figura hoy entre las siete nuevas maravillas del mundo y se mantuvo poblada originalmente durante tres etapas que van del año 550 al 1300. El guía nos dijo que, durante una visita de la Reina Isabel de Inglaterra, en los años setenta, descendientes mayas que vivían en los alrededores fueron expulsados y nunca pudieron regresar.

Aún con la algarabía turística y muchos de los vendedores locales que emiten el rugido de la pantera mediante curiosos artefactos de cerámica, se manifiesta en Chichén Itzá la serenidad de un sitio mágico, detenido en el tiempo.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

  Comentarios