Opinión

¿Se resquebraja el orden mundial?

FET04. NOVO-OGARYOVO (RUSIA), 05/12/2018.- El presidente ruso, Vladímir Putin (d), estrecha la mano a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, durante la reunión que celebraron en la residencia de Novo-Ogaryovo, en las afueras de Moscú, Rusia, hoy, 5 de diciembre de 2018. EFE/ Maxim Shemetov/pool
FET04. NOVO-OGARYOVO (RUSIA), 05/12/2018.- El presidente ruso, Vladímir Putin (d), estrecha la mano a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, durante la reunión que celebraron en la residencia de Novo-Ogaryovo, en las afueras de Moscú, Rusia, hoy, 5 de diciembre de 2018. EFE/ Maxim Shemetov/pool EFE

Si a mí me pasa, no quiero imaginar la rabia, el coraje, la repugnancia, que pudo sentir un venezolano al ver al bruto que dice ser su presidente, regalándole trozos de su nación (en esta oportunidad) a Vladimir Putin. Se deben estar frotando las barrigas Nicolás y sus secuaces, con los contratos por $6,000 millones en explotación de petróleo y oro que firmaron esta semana al final de su viaje a Moscú.

Toda esa riqueza que ha podido ser dedicada a la infraestructura, a la educación, a la nutrición, al futuro de los venezolanos, se cuela otra vez por la alcantarilla de los bolsillos de los insaciables que se tomaron ese país. ¿Hasta cuándo?

Y ni que decir de Putin, de quien se dice es de lejos el hombre más rico del planeta, que repartirá los contratos entre sus amigotes de la oligarquía rusa, que en últimas le entregan el diezmo a su señor.

La política es difícil. Si ya la interna de cada país es un laberinto, la geopolítica parece construida por el propio Dédalo. Porque viendo los abrazos y golpes de hombro de Maduro y Putin, si me pregunté mucho de que sirven las hurras de Miami, cuando el presidente Trump en sus bravatas grita que sancionará, más, a Venezuela.

Esas sanciones no sirven de nada si por ahí andan sueltos a desmadre hombres como ese que tanto admira nuestro presidente, ese Putin que, no lo duden, lo último que le interesa es la vida o muerte, o hambre o ruina, o miseria, del pueblo venezolano.

Si un Putin tiene la chequera suelta, si Estados Unidos no lo está vigilando y sancionando, ¿de qué le sirven al venezolano de a pie, ese que atracan en las calles de Caracas, ese que el sueldo del mes se le va en una libra de carne, las sanciones de nuestro presidente?

Pero tanta gente quiere bravatas, gritos, golpes de mesa, ¡distracciones!, que me temo que es precisamente por eso, que los Maduro y demás de su raza de atracadores (dígase Castro, Ortega), terminan sobreviviendo. Mientras el pueblo se muere.

Yo no puedo verle un buen augurio al futuro próximo, cuando está sentado en la Oficina Oval alguien que destruye día a día el orden mundial de los últimos 60 años. Un orden que trajo una paz global y una prosperidad como nunca había visto la Tierra. Y todo porque (o en gran parte) como no lo estableció él, entonces, claro, ¡cómo va a ser bueno!

Parte de ese orden lo ayudó a establecer un líder que murió esta semana. George H.W. Bush seguramente se habrá equivocado en muchas ocasiones, pero qué diferencia la de ese señor comedido que firmó el fin de la Guerra Fría, con este presidente actual, que tiene a los mercados como un yo-yo. ¿O como una montaña rusa?

Cuando un buen técnico deja un equipo deportivo, así sea reemplazado por uno malo, al equipo siempre le queda un impulso. Sin embargo, una mala gestión hace que termine perdiendo hasta un plantel lleno de estrellas. Ojalá no sea el caso.

Pero Donald Trump no recibió el país en caos que él le pintó a los estadounidenses, de la misma manera que llama una invasión, a un grupo de personas que no llena ni en la quinta parte de su capacidad, el estadio de los Marlins.

Trump recibió un Estados Unidos con una economía boyante y un desempleo bajo. También la alianza con Europa y Canadá, en uno de sus momentos más sólidos.

Espero que dure el impulso. Pero la alianza ya tiembla.

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