El presidente 41 nos dio las pautas a seguir
El día que cumplía 18 años, seis meses después de Pearl Harbor, George H.W. Bush se inscribió en la Marina y sirvió hasta un mes después que Japón se rindió.
De ahí en adelante, desde Yale y su época en el negocio de petróleo en Texas, de ahí al Congreso, a la ONU, al Comité Nacional Republicano, a la CIA y a la Casa Blanca, Bush pasó por varias de las instituciones clave en Estados Unidos de la posguerra y el orden mundial, un orden construido y mantenido por dos generaciones que habían peleado en la guerra juntas, la generación más adulta, de comandancia y líderes y la generación más joven, de soldados y ciudadanos.
Su composición fundamental era una serie de instituciones y estructuras —alianzas diplomáticas y militares, arreglos políticos y económicos, aspectos culturales y expectativas nacionales y en el extranjero que estas dos generaciones concibieron después de la guerra.
Respondieron a la victoria construyendo, cuidadosamente, un nuevo orden mundial porque reconocieron que, aún cuando ganaron, el mundo después de la guerra sería muy diferente al mundo antes de la guerra. Que sería diferente por nuevos conflictos y nuevas oportunidades, y para evitar otro cataclismo, serían necesarios otros esfuerzos y organizaciones a nivel mundial.
La vida de George H.W. Bush fue un catálogo de algunos de estos esfuerzos y organizaciones. En la década de 1970 en particular, una década de enormes esfuerzos en esas instituciones, Bush representó a Estados Unidos en la ONU (creada en 1945), dirigió la Agencia Central de Inteligencia (creada en 1947) y fue embajador en China. Después, en los 80 y principios de los 90, sirvió a su país como vicepresidente y presidente.
Y fue durante la presidencia de Bush que las instituciones creadas en la postguerra lograron su mayor triunfo. Se ha dicho en cada biografía o comentario de Bush que “presidió sobre el final de la Guerra Fría”.
Esta frase es más apropiada porque no habla de “victoria”, aunque Occidente ganó la Guerra Fría y presenció la desaparición de su principal adversario del ámbito mundial como una entidad política en parte porque Bush, más que cualquier otro, se aseguró que la Guerra Fría terminara calmada y pacíficamente. Bush usó su liderazgo de Occidente para navegar situaciones extremadamente traicioneras y así ayudar a Occidente y al otro lado, a lograr un “aterrizaje suave”.
Bush logró presenciar y cerrar uno de los grandes propósitos de su generación y de su propia vida profesional. Y su instinto por estabilidad y diplomacia lograron cerrar ese capítulo de nuestra historia con relativa quietud.
Irónicamente, precisamente por esa quietud y calma, la victoria de Occidente en la Guerra Fría no resultó en una era de construir instituciones como las que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. En lugar de pensar que el mundo, después del conflicto, daría lugar a otros conflictos y oportunidades, las élites de Occidente asumieron que la Guerra Fría daría lugar a la culminación de las esperanzas y ambiciones que Occidente había concebido durante el conflicto. Como la Guerra Fría no fue un conflicto de batallas tradicionales sino un largo período “pacífico”, la Guerra Fría llegó a sentirse como “la norma”. Y porque no terminó a tiros, la era de postguerra fría llegó a sentirse como una extensión de esa norma pero sin los obstáculos que Occidente había enfrentado en las décadas de conflicto.
Pero no todo quedó así. En otras partes del planeta trajo la resurgencia de fuerzas hasta entonces sumergidas: nacionalismo y populismo, tensiones étnicas y resentimientos económicos. Y trajo el desgaste de la familia, de las comunidades y de las instituciones cívicas.
Estos serán los retos del mundo pos-Guerra Fría, los retos que preocuparán a Occidente en la primera parte de este siglo. No son retos invencibles. Y los beneficios de la dinámica del mercado y la diversidad cultural son reales y pueden poner de su parte para resolver los problemas. Pero venciendo los problemas de esta nueva era requiere que los veamos y los reconozcamos, lo cual no hemos hecho nada bien.
George H.W. Bush, con su ejemplo, nos dio las pautas a seguir.
Armando González: AGonzalez03@live.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de diciembre de 2018 a las 3:26 p. m..