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Opinión

Si las cosas se complican, ¿se jugarán los republicanos su futuro por Trump?

In this Nov. 1, 2018 photo, El presidente Donald Trump se dirige al Salón Roosevelt de la Casa Blanca en Washington, el 1ro. de noviembre de 2018, mientras el jefe de Gabinete, John Kelly, observa.
In this Nov. 1, 2018 photo, El presidente Donald Trump se dirige al Salón Roosevelt de la Casa Blanca en Washington, el 1ro. de noviembre de 2018, mientras el jefe de Gabinete, John Kelly, observa. AP

Si bien es cierto que Donald Trump tal vez haya sido el presidente más atacado en la historia de EEUU, también es cierto que probablemente haya sido el más controversial.

En efecto, ningún presidente ha despedido a tantos miembros del gabinete y personas de su extrema confianza como él, hasta ahora 33, incluyendo al más reciente el pasado sábado, su jefe de gabinete John F. Kelly, un respetado general ex jefe del Comando Sur en la Florida. De acuerdo a Trump, Kelly carece de juicio político y habilidad para dirigir la Casa Blanca en el 2019, año que pudiera ser tumultuoso si salen a la luz más acusaciones contra él.

Pero hay que ser justos, Trump también ha tenido actuaciones positivas. Por ejemplo, los años de abuso comercial de China con EEUU parecen estar disminuyendo. La vieja estrategia china de mantener devaluada su moneda a fin de favorecer sus exportaciones, les ha dado resultados.

Sin embargo, recientemente en la Cumbre del G20 llevada a cabo en Argentina, China aceptó reducir el arancel actual del 40 por ciento sobre los vehículos norteamericanos. Como contrapartida, entre otros puntos acordados bilateralmente, Trump accedió en mantener en 10 por ciento el arancel a productos chinos, en vez de incrementarlo al 25 por ciento como estaba pautado previamente. Este acontecimiento en el sector automotriz, a ser verificado en los próximos 90 días, conjuntamente con otras concesiones comerciales otorgadas por el gobierno chino pudieran disminuir el déficit que el año pasado alcanzó a $375,000 millones.

Aparte de este eventual éxito del presidente en su gestión bilateral con China, los alegatos de la injerencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales, lejos de disiparse, parece están intensificándose. Por ejemplo, anteriormente fiscales que investigan la trama rusa bajo la supervisión del fiscal especial Robert Mueller, formalmente registraron en la corte una acusación alegando que un ruso no identificado ofreció al entonces abogado personal de Trump, Michael Cohen, un acercamiento “a nivel de gobierno” entre Rusia y la campaña de Trump en el 2015.

Adicionalmente, el pasado viernes también se registró en corte una acusación de los fiscales federales, donde relatan que Cohen afirmó haber recibido los fondos de Trump para pagarles $130,000 a la actriz porno Stormy Daniels y $150,000 a la conejita de Playboy Karen McDougal, ambas por sus amenazas de destapar un escándalo en plena campaña presidencial de Trump al haber sostenido relaciones íntimas con el entonces candidato.

Según leyes federales de campañas electorales, esto constituye una violación porque dichos pagos no fueron revelados. En este punto, muchos sostendrán que el caso no es vinculante con la trama rusa. Sin embargo, recordemos el caso del presidente Bill Clinton cuando en 1998 el fiscal especial Kenneth Starr investigaba al presidente por otros asuntos, pero finalmente el mismo terminó siendo juzgado por la acusación sexual de Mónica Lewinsky.

Cohen se ha declarado culpable en un intento de reducir su condena a prisión. La próxima semana será sentenciado por los delitos de violación de campaña, crímenes financieros y por mentir al Congreso sobre los tratos de negocios de Trump con Rusia.

Por su parte, el ex jefe de campaña de Trump, Paul Manafort, quién también declaró que cooperaría con la fiscalía, pero mintió al hacerlo, ha sido convicto por fraude financiero y conspiración, entre otras 10 felonías. El presidente ha dejado ver que podría indultarlo.

Una vez más se vuelve a cumplir el viejo adagio, “Yo acompaño a mis amigos, pero no hasta el cementerio”. Claramente, cuando lo que está en juego es el propio pellejo, nadie se sacrifica y todos quieren salvarse.

Desde luego, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, dice “aquí no hay nada que no supiéramos yá”. Por su parte, Trump dice “están mintiendo para salvarse”

Resulta que buena parte de la base del presidente se pregunta, ¿qué necesidad tiene Trump de sufrir toda esta situación siendo un multimillonario?

Evidentemente, de no haber estado en campaña, podía haber seguido comprando compañía femenina sin problema ninguno. También pudo construir sus hoteles en Moscú y China sin objeción. ¿Será entonces que el patriotismo y el nacionalismo han empujado a Trump? ¿O será que siempre ha querido ser la estrella que más brille en el firmamento?

A todas estas, su ex asesor Steve Bannon aconseja a Trump: “el presidente no debe confiar en su partido para defenderlo, si llegara el caso”.

Con esto quiso decir si Mueller tiene algo más debajo de la manga y salen otros aspectos a la luz, tal vez el presidente deberá enfrentarlo él solo ya que el Partido Republicano no se jugará su futuro.

En todo caso Trump también tiene una carta bajo la manga. Cuando el Senado confirme como secretario de Justicia a William Barr, Mueller podría ser despedido.

El tormento entonces desaparecería para Trump, al menos temporalmente.

Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de diciembre de 2018 a las 6:39 p. m..

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