Ahora podemos ver lo que vio el gran Van Gogh
Creo que la última vez que vi un Van Gogh “en persona” fue en el MOMA, este año, donde cuelga The Starry Night (La noche estrellada), pintado en Francia, Saint-Rémy, en 1889.
Siempre me sobrecoge su interpretación personal e inquietante de la realidad y no dejo de pensar cuan incomprendido fue y cómo sufrió el desentendimiento con la sociedad de su tiempo. Sobre este cuadro, le escribió a su adorado hermano Theo: “Esta mañana he visto la campiña desde mi ventana mucho antes del amanecer, sin otra cosa que el lucero del alba, que lucía muy grande”.
El director de cine Julian Schnabel muestra un interés especial en su filmografía por los “raros”, los outsiders de la cultura. A él le debemos los cubanos, la internacionalización cinematográfica de Reinaldo Arenas en la versión que hiciera de las memorias del escritor Antes que anochezca, una película con la cual el castrismo nunca ha podido lidiar.
Antes se había ocupado del pintor Jean-Michel Basquiat, protegido de Andy Warhol, quien utilizó con mucho éxito sus raíces en el grafiti para desarrollar una obra neoexpresionista y postmoderna, hoy sumamente cotizada. Murió a la edad de 27 de una sobredosis de heroína.
Con el filme Basquiat, era la primera vez que un director—Schnabell— hacía una película comercial sobre un congénere, historia que ahora se repite con su nuevo filme, recién estrenado, At Eternity’s Gate (A las puertas de la eternidad), sobre los días finales de la vida de Van Gogh, cuando pintó algunos de sus cuadros emblemáticos, tratando de hacerse valer como artista, antes de morir a la temprana edad de 37 años.
Es, también, la primera película que trata de entrar en la psiquis del creador, donde coinciden desajustes perturbadores, así como la manifestación de su estética única y desafiante.
El extraordinario actor Willem Dafoe, carga con la responsabilidad de traducir a la pantalla, sobre todo mediante su rostro, la ordalía del artista relegado, quien depende del amor y los recursos de su hermano para subsistir.
Luego de padecer jornadas tenebrosas en un asilo para perturbados mentales, al clérigo que debe interrogarlo para darle de alta le resulta difícil entender la estética de aquel insólito e impertinente creador, con un profundo conocimiento y compromiso místico, sin embargo. “Quizás Dios me hizo pintor para personas que todavía no han nacido”, le dice.
“¿Cómo sabes que eres un buen pintor?” le pregunta el sacerdote “Porque no sé hacer ninguna otra cosa y créame lo he intentado”, le responde Van Gogh, con su intensa y desesperada mirada.
En otro momento, afirma que piensa en sí mismo como un exiliado, mientras Paul Gauguin lo impele a empezar una revolución estética, cuando Van Gogh ya la estaba terminando o, al menos, le daba paso a otro movimiento, sin conciencia de tal hecho.
Los diálogos de la película pertenecen, en buena medida, a la correspondencia que el artista intercambiara con su hermano, a quien le pregunta “¿Tú crees que soy un buen pintor?” a lo que Theo le responde “Eres un gran pintor”.
A sus 63 años el actor Dafoe nos convence que estamos ante el Van Gogh de 37, inseguro, acosado por sus diablos. La cámara en mano lo persigue implacablemente en todo momento, porque el pintor no para de desandar sus potenciales paisajes que busca con ansiedad.
“Lo que yo veo no lo ven otras personas”, sentencia. Gracias a su grandiosa obra hoy lo sabemos y esta película inquietante nos adentra en su complejo y fascinante proceso creativo.
“At Eternity’s Gate” (A las puertas de la eternidad) se exhibe en el Teatro Tower con subtítulos en español.
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Esta historia fue publicada originalmente el 13 de diciembre de 2018 a las 3:32 p. m..