El presidente Donald Trump quiere el muro para salvarte
Muchos vitorearon esta semana a la representante Nancy Pelosi y al senador Chuck Schumer, por una singular reunión sobre el presupuesto, con acceso a la prensa, en la Oficina Oval. Los congresistas mantuvieron la compostura cuando el presidente Trump les discutió, pero fueron claros en que no estaban de acuerdo con su plan de hacer un muro en la frontera.
El presidente dijo que él se adjudicaba completamente la responsabilidad del cierre del gobierno, si no le incluían fondos para su muro (el que iba a pagar México, ¿se acuerdan?). Y esa última declaración fue considerada por muchos como un tiro en el pie.
Llega la Navidad y de repente un sinnúmero de trabajadores del gobierno (el mayor empleador del país) se podrán ver sin su cheque, y ya sabrán quién es el responsable, porque él mismo se lo dijo a las cámaras.
Quizá. Aunque para mí es menos claro. ¿Saben por qué? Por el tema. Ese tema de la inmigración y de la supuesta invasión y destrucción que traerá consigo esa caravana de “diferentes”, toca, invoca, apela, a una de las condiciones más humanas. Esa que dice: La culpa no es mía, es del otro. Esa que dice: la responsabilidad no es mía, es del otro.
Es tal la fuerza de esa idea, lo cómoda quizá, que son millones los que siguen al presidente y le creen que la responsabilidad de sus males puede ser de unas personas, que ni siquiera han entrado al país.
Es tal la fuerza de esa idea, que la gente llega a creer con vehemencia, que 5,000 almas cansadas y hambrientas, niños, mujeres, hasta ancianos, son una amenaza, una invasión, para el país con el ejército más poderoso de la historia del planeta.
¿Dónde quedó la lógica?
Ya lo dije en mi columna pasada, si se meten todos al estadio de los Marlins, sería una muy mala noche de entradas para Derek Jeter. Caben 36,742 en el estadio. Se vería vacío.
Y tiene tanta fuerza esa idea, que pone frente al espejo a los que llegaron de allá, a los que también fueron esos que ahora resultan una amenaza, y no se ven. Hay inmigrantes que viven en Estados Unidos, que aplauden a rabiar una de las mayores retóricas antiinmigrantes de político alguno en la historia de este país.
¿Cómo funcionará eso? Dirán: sí, la culpa es de los inmigrantes, pero yo soy venezolano, y es de los colombianos. O yo soy guatemalteco, y son los mexicanos. O yo soy peruano, y son los cubanos. O yo en mi país era rico, y esos son pobres. O yo sí vine por una buena razón, y no por hambre. O yo también soy blanco.
¿Puede haber una contradicción más grande entre eso y el espíritu de esta gran nación?
En lo que a mí respecta, cuando el presidente Trump acusa de tanto a los inmigrantes, quizá no estarán en su lista los que vienen de las latitudes de su esposa (por ahora), pero les aseguró que sí, todos los que nacimos de donde quiere el muro para el sur, incluyendo a las islas.
Así que yo no sé los trabajadores que se vean sin el cheque en plena Navidad (espero que no pase y el gobierno federal siga abierto) qué pensarán. Pero lo que sí estoy seguro es que muchos, muchísimos, incluidos, como no, una buena cantidad de inmigrantes, le agradecerán al presidente, por pararse en la raya para que le construyan su muro. ¡Y el país se salve!
Qué peligro.
De esa retórica es de lo que tiene que salvarse.
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