Carlos Gimenéz: mi integridad y ética son sagrados
En un artículo recientemente escrito por Fabiola Santiago, hay varias caracterizaciones equivocadas y datos que faltan cuando se trata de la ética profesional de mis hijos y mía.
Para empezar, mi hijo Carlos J. (C.J.) no funciona como cabildero del gobierno del condado de Miami-Dade. Él es un abogado que había estado trabajando en el campo de asuntos legales gubernamentales antes de mi elección como alcalde en el 2011. Aun así, él no ha tenido ninguna actividad en negocios relacionados al condado. La Sra. Santiago inicialmente lo incluyó a él como un cabildero activo en la versión de internet de su artículo. Luego de que se le avisó a Santiago que C.J. aparece en una lista como cabildero “no activo” —tal como aparece en el sitio web del condado— ella no incluyó la fecha del 27 de enero del 2011, desde la cual él aparece como “inactivo”. Ver este enlace.
Que quede claro que C.J. representa a clientes ante varias ciudades y ante otros condados, pero ningún cliente ante el condado de Miami-Dade. Hubo una ocasión en el 2015 cuando me enteré de que había una propuesta no solicitada que llegó de la organización Trump. Era parar dirigir un campo de golf en Key Biscayne. En ese entonces, C.J. representaba a Trump ante algunas municipalidades, y, por lo tanto, me desvinculé oficialmente de la situación. Incluso, antes de que fuera alcalde, cuando fui elegido como comisionado del condado, yo le pedí a la comisión de ética que me orientara apropiadamente en otro caso. En esa ocasión, también me desvinculé de cualquier discusión que se trataba de proyectos propuestos (como el de las cámaras de los semáforos) que involucraban a los clientes de C.J. Cabe destacar que ninguno de esos dos proyectos se aprobó.
Por otra parte, mi hijo Julio es un ejecutivo de la construcción que no ha tenido ninguna conexión directa con ningún proyecto del condado hasta este año, cuando se inscribió como cabildero en julio del 2018 para un proyecto que se trata de una fábrica de acero. Ver este enlace.
Yo me desvinculé del proyecto inmediatamente y le asigné lidiar con el proyecto a uno de los alcaldes asistentes. Además, como requiere la carta de estatutos del condado, el presidente de la comisión decidirá si el proyecto se presentará ante la junta de comisionados.
Julio también ha estada ayudando a la organización sin fines de lucro Neighbors and Neighbors Association con una instalación de rehabilitación para delincuentes jóvenes. La Sra. Santiago escribe, “En un mundo ético, un buen proyecto logra una audiencia justa, sin importar quién tenga o no tenga conexiones”.
Increíblemente, ella ignora los mismos requisitos que aseguran una audiencia imparcial y justa porque: 1. Yo me desligo de toda discusión; 2. el presidente de la comisión determina si el proyecto merita consideración; y 3. los comisionados —no el alcalde— deciden cuales proyectos reciben financiamiento.
Mis principios de integridad y ética son sagrados. Hay un proceso oficial para retirarse de las deliberaciones de los contratos o proyectos propuestos o pendientes que involucran un conflicto de intereses. El proceso es transparente, y yo lo sigo.
¿Sabe lo que de verdad es feo y huele mal? Las calumnias y las denuncias falsas que buscan hacer daño a mi reputación y a la de mi familia. Esos que quieren crear algo donde no hay nada han presentado varias quejas de ética en mi contra a través de los años, y cada vez, la comisión sobre la ética y la confianza pública (Commission on Ethics and Public Trust) ha determinado que no tienen mérito. Estoy orgulloso de mis dos hijos por estudiar una carrera, trabajar duro y ganarse la vida por sus propios esfuerzos.
Carlos A. Giménez,
Alcalde del Condado Miami-Dade