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Opinión

Un presidente acorralado y errático

Donald Trump siempre ha alardeado de ser muy rico. Siempre ha logrado deshacerse de situaciones complicadas a base de dinero y demandas. Pero ahora tiene un grave problema: de nada le sirven todos sus millones para escapar a la avalancha de investigaciones que amenazan su futuro en la Casa Blanca.

Y cuanto más acorralado se vé más errático y peligroso se vuelve, como acaba de demostrar decidiendo abruptamente, por si solo y en contra de republicanos y demócratas, sacar las tropas de Siria. Un gran regalo de Navidad para Putin e Irán, y un desastre para la región y la política exterior de Estados Unidos. “Un error colosal de graves repercusiones” en opinión del senador Marco Rubio, y “una mancha en el honor del país” según el senador Lindsey Graham. Ambos republicanos. Y alarmados, al igual que la inmensa mayoría de los ciudadanos sensatos.

La primera repercusión grave —extremadamente grave— ha sido la renuncia del Secretario de Defensa, Jim Mattis. Su salida ha enviado escalofríos al mundo, especialmente a los aliados. Por su enorme preparación, prudencia y sabiduría militar, el general Mattis ha sido un muro de contención de la irresponsabilidad e ignorancia de Trump, que no hay que olvidar controla el “ botón” nuclear. La renuncia augura tiempos de crisis de impredecible magnitud en la política doméstica e internacional.

La intempestiva e irracional decisión de salir de Siria, anunciada por tuit sin antes informar absolutamente a nadie, ni siquiera al Pentágono, tiene una única explicación: Trump quería cambiar los titulares negativos haciendo lo que hace siempre, crear una nueva controversia sin importarle el precio que conlleve, en el caso de Siria para la seguridad nacional y la credibilidad ante el mundo.

En su enajenación pretendía eliminar como por arte de magia tuitera las investigaciones judiciales. No podrá. Ha pisado muchas leyes, y muchos talones a mucha gente durante mucho tiempo.

Son nada menos que 17 diferentes pesquisas federales y estatales que escudriñan —entre otras irregularidades— el tráfico de influencias y dinero extranjero en su campaña presidencial, en su comité de inauguración, sus empresas, sus finanzas, su fundación, su presidencia y su entorno de asociados y familia. En otras palabras, todas las actividades de Trump en las que se han cruzado el dinero y la política están bajo el microscopio de la justicia.

¿Qué hacía Trump en plena campaña presidencial negociando un proyecto multimillonario en Moscú por el que ofrecía regalarle a Putin un penthouse de $50 millones? ¿Porqué lo ha ocultado, mintiendo repetidamente? ¡Y todo ello mientras 14 de sus allegados sostenían contactos con rusos, y el Kremlin ejecutaba un masivo ataque electoral y propagandístico para ayudarle a ganar la presidencia! Y también al mismo tiempo que él elogiaba a Putin y sin embargo insultaba a medio mundo, empezando por el FBI.

¿Y de dónde llegaron y a dónde fueron a parar los $107 millones para la ceremonia de su inauguración, de los cuales se gastaron $77 millones en misteriosas conferencias y reuniones?

Son sólo dos de las innumerables pistas que siguen los fiscales de seis distintas jurisdicciones, incluido el equipo del fiscal especial Robert Mueller. Piezas todas de un rompecabezas que van desentrañando con millones de documentos, decenas de testigos y rastros delictivos que llevan al menos hasta cinco países, entre ellos Rusia, Arabia Saudita y Emiratos Árabes. Y rastros domésticos que conducen a oscuras finanzas, a dudosos pagos de impuestos y a posibles violaciones de la cláusula constitucional que prohíbe a los presidentes aceptar “pagos de poderes extranjeros”, Emoluments Clause, como los que recibe Trump en sus hoteles y otros negocios.

El presidente intenta ofuscar la realidad diciendo que es víctima de un “witch hunt”. ¿Really? Pues en tal caso se trataría de una exitosa “cacería de brujas”, puesto que hasta el momento ha producido 33 encausamientos, ocho declaraciones de culpabilidad, cuatro sentenciados y un condenado. Así como el cierre forzoso de su Fundación, que en vez de dedicarla a obras de caridad era un “escandaloso foco de actividades ilegales”, según la Fiscalía General de Nueva York, que exige ahora a Trump restituir $2.8 millones.

Hasta donde se sabe, el mayor riesgo para Trump entre todas las pesquisas federales lo representa la de “conspiración para violar las leyes de financiación electoral”, por la que acaban de sentenciar a tres años de cárcel a su ex abogado, Michael Cohen. La Fiscalía Federal del Sur de Nueva York identifica a Trump —“individuo 1”— como co-conspirador junto a Cohen de pagos para silenciar a dos amantes.

¿Puede ser Trump acusado de cargos? ¿Debe ser acusado? La respuesta a la primera pregunta es “no”, al menos hasta que concluya su mandato; o antes si se modifica la regulación (no es ley) del Departamento de Justicia (DOJ) que impide el enjuiciamiento de un presidente en ejercicio. La respuesta a si debe ser encausado es debatible. La mayoría de los juristas opinan que dadas las circunstancias excepcionales de esta presidencia, asediada por serias investigaciones criminales, se debería replantear la regulación del DOJ.

El único remedio legal vigente para sacar a un presidente es el impeachment o juicio político por motivos de “traición, soborno y otros graves delitos y fechorías”. A día de hoy nadie en los círculos de poder en Washington, incluidos los demócratas, lo ha planteado, pero si se contemplan otras opciones como sería un acuerdo bipartidista para forzar la renuncia de Trump permitiéndole a cambio que se perdonara a sí mismo o a su familia llegado el caso de que fueran imputados.

Es un extremo indeseable por la desestabilización que causaría, pero posible a medida que avanzan las investigaciones y que quienes fueron sus más cercanos asesores, Cohen y Michael Flynn, están colaborando con las distintas fiscalías. Como también está colaborando discretamente —y bajo inmunidad legal— otro personaje clave, Allen Weisselberg, director de finanzas de Trump Organization desde hace cuatro décadas.

Clave es también recordar que esta trama ha empezado a salir a la luz antes de que el fiscal Mueller entregue el informe final, que puede ser explosivo. Y antes de que en enero los demócratas controlen el Congreso y abran investigaciones en los focos oscuros de esta presidencia, que son muchos.

Si 2018 ha sido el año de las revelaciones, 2019 se vaticina como un laberinto judicial para Trump y quizá el fin de su impunidad.

Merry Christmas and Happy New Year, Mr. President.

Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de diciembre de 2018, 8:00 a. m..

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