La guerra del comunismo contra la Navidad
En los países comunistas, ¿cómo celebran la Navidad? Evidentemente, la primera respuesta a esa pregunta es “depende del país que sea”. Sin embargo, hay ciertas características comunes que identifican la presencia del comunismo en las fiestas decembrinas. Veamos.
1. Falta de fe cristiana: En el mundo cristiano las Pascuas conmemoran el nacimiento de Jesús y se festeja a lo grande. No obstante, en los países regidos por sistemas comunistas no se venera a la religión como ocurre en los países donde no está presente dicho sistema. En efecto, en muchas naciones de la orbe comunista, la religión en vez de ser favorecida, mas bien resulta controlada en sus horarios y actividades, de manera tal que los fieles que continúan asistiendo a actos religiosos lo hacen por convicción propias, y en la mayoría de los casos, por costumbre familiar.
La Iglesia normalmente se opone a la falta de libertad de expresión generalizada y a los encarcelamientos arbitrarios, situaciones por demás comunes en los regímenes comunistas. En vista que la mayoría eclesiástica se opone a los manejos comunistas, es lógico pensar que las dictaduras de este tipo no vean con buenos ojos a la Iglesia, y aunque no la combatan abiertamente porque no les conviene ante el mundo cristiano, no la favorecen tampoco.
En la Cuba de los Castro son conocidas historias como la siguiente: En un escuela elemental la maestra le dice a un niño, “pídele un juguete a Los Reyes Magos”. El niño hace su petición y nada ocurre. Acto seguido la maestra entonces le dice, “Ahora pídeselo a Fidel”. El juguete enseguida aparecía como un regalo del “bondadoso” comandante.
Desde luego, la fe cristiana era necesario reforzarla en Cuba, como realmente sucedió con la visita del papa Juan Pablo II a la isla en enero de 1998. En aquella ocasión el Papa dijo, ante la feroz mirada del Comandante, “no tengan miedo”.
2.- Escasez generalizada: Los gobiernos comunistas se caracterizan por un sistema económico tan deficiente, que la producción interna es mínima, las importaciones son reducidas y el poder adquisitivo de la población se equipara a la edad media.
Por ejemplo, en Venezuela, la manufactura casera de un tamal decembrino tradicional conocido como hallaca, en los actuales momentos es prácticamente imposible debido a que los materiales utilizados en su confección, simplemente no están a la venta. Aquellos que no tengan familiares en el exterior capaces de enviarles estos insumos o de pagarlos en dólares en el mercado negro, no podrán degustar de este plato típico navideño.
Otro tanto ocurre en Cuba con los juguetes. Por años la población cubana se acostumbró a dormir durante semanas en las puertas de las jugueterías. Sucede que a cada tienda llegaban dos o tres juguetes que todos querían, por ejemplo una bicicleta. Esto hacía que las familias se turnaran en la fila para tener esperanza de adquirir una.
Todo este fenómeno nos habla del modelo cubano, consistente en lograr que la mayoría de emigrados envíen sus remesas de dinero y mercadería en general, manteniendo así a flote a su inoperante sistema económico. O sea, la consigna es “vete, pero mantenme”.
3.- Corrupción de los jerarcas: Se dice que los líderes siempre viven mejor que los demás, sin importar de qué régimen se trate. Lógicamente, en los sistemas socialistoides esta teoría no soporta a la práctica ya que ellos pregonan “la igualdad del proletariado”. En otras palabras, si todos son iguales, no debe existir un grupúsculo que se enriquezca mientras el resto muere del hambre.
En Venezuela, por ejemplo, el desabastecimiento es de tal magnitud que la población hurga en la basura en busca de alimentos. No obstante, se sabe, y se puede comprobar, que los jerarcas del régimen mantienen inventarios de todo tipo de mercaderías, las cuales surte siempre que les paguen en divisas.
Simplemente, no dejan operar a la economía libremente para así poder enriquecerse. Y para hacer sus negocios, esos grupúsculos si son eficientes. Suelen abrir cuentas en bancos norteamericanos donde se les deposita el importe de sus suministros en Venezuela. Y los familiares, en medio de su desesperación, no encuentran otra opción que mantener a sus parientes con alimentos y medicinas para que logren sobrevivir.
Es una paradoja, no están de acuerdo con el régimen pero lo mantienen. Es algo maquiavélico orquestado por Cuba, que les ha funcionado a ellos por 60 años y ahora es utilizado también por los venezolanos debido a su estampida migratoria.
Para algunos la Navidad es comunista porque Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás se visten de rojo, y este fue el color de la extinta Unión Soviética, y ahora lo es de Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Sin embargo, esto es contradictorio porque Santa Claus regala, no quita. Y como sabemos los regímenes comunistas quitan todo: la libertad de expresión, el derecho al voto, el derecho a huelga y hasta la vida.
Pero no han podido acabar con la Navidad y nunca lo lograrán.
Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.