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Opinión

¿Deben legalizarse las drogas en Estados Unidos?

Un hombre muestra dos sobres con marihuana que acaba de comprar en una farmacia en Montevideo, el 19 de julio de 2017. Uruguay y Canadá son los dos países que han legalizado el uso de la marihuana.
Un hombre muestra dos sobres con marihuana que acaba de comprar en una farmacia en Montevideo, el 19 de julio de 2017. Uruguay y Canadá son los dos países que han legalizado el uso de la marihuana. AFP/Getty Images

La pregunta persiste en cuanto a las drogas en general. Muchos difieren entre legalizar la producción o el consumo. Para obtener una mejor visualización del futuro, no hay nada mejor que ver el pasado. Veamos.

Durante el siglo XIX por varios años estuvo prohibido el transporte de nitroglicerina en EEUU, debido a su volatilidad. Esta prohibición arrojó como consecuencia que muchos arriesgaran su vida transportándola a fin de obtener extraordinarias ganancias por su labor. Se sabe que cuantiosas fortunas nacieron así.

Pero también la nitroglicerina tuvo otras partes interesantes. Los ferrocarriles mejoraron sus técnicas para aminorar el peligro en su transporte. También el inventor Alfred Nobel descubrió la forma de mezclarla para fabricar la dinamita, en cuya experimentación primaria falleció su hermano menor, hecho que determinó que el científico legara su herencia para la entrega de los premios que llevan su nombre.

Vemos que la nitroglicerina estando prohibida, terminó convirtiéndose en dinamita, que aunque fue responsable de muchas muertes y guerras, también fue propulsora de la explosión en la construcción de carreteras y del urbanismo en general, además de ser gran generadora de empleos y la estimuladora más importante a la genialidad humana, a través de la Fundación Nobel.

Posteriormente y por 13 años estuvo vigente la ley seca en EEUU, desde 1920 hasta 1933. Simplemente se consideraba entonces que el alcohol estimulaba la delincuencia, provocaba pobreza, generaba demencia, conducía a la prostitución y en general, propiciaba la decadencia de la población. Era tal la oposición al alcohol que previamente a la promulgación de la ley, se constituyó un grupo denominado “Movimiento por la Templanza”, que se dedicó a atacar tabernas con un hacha destruyendo las botellas que se encontraban allí.

Desde luego, como en todo, siempre se le buscó la vuelta. Por ejemplo, estaba prohibido la venta de vino, pero no el jugo de uvas. Los doctores recetaban alcohol para ciertos usos médicos. Incluso, para fines religiosos como el rito cristiano de la Eucaristía y los rituales judíos del Sabbat, se autorizaba pequeñas cantidades.

Como todo lo prohibido no solo despierta curiosidad, sino que multiplica su precio, entonces surgieron una serie de elementos perturbadores que vinieron a enturbiar las aguas. Por ejemplo, se comenzó a adulterar el alcohol industrial. Esto degeneró en envenenamientos múltiples y fallecimientos a granel. Y por supuesto, como había mucho dinero involucrado, proliferó la mafia y el crimen organizado alcanzó niveles como nunca antes en su historia. Como estaba penalizado el consumo, los prisioneros por borracheras aumentaron de 4,000 antes de la prohibición, a 26,859 en 1932.

Evidentemente, la gran crisis de 1929 vio en el negocio del alcohol un gran productor de impuestos y un extraordinario creador de empleos. En vista que la prohibición del alcohol fue más bien contraproducente, el gobierno de Franklin D. Roosevelt derogó la ley seca en 1933.

Viendo los antecedentes históricos más importantes en la problemática de las prohibiciones, destacamos a continuación varios puntos del análisis. Resulta que las prohibiciones terminan por hacer atractivo el producto y viceversa. Por ejemplo, Holanda, quien desde el 2009 tiene legalizada la marihuana, está entre los países con menor consumo en Europa.

Otro de los aspectos principales es el costo de la batalla contra las drogas. Por años se ha estimado en más de $40,000 millones el gasto anual por este concepto en EEUU, lo cuál evidentemente se traduce en una mayor carga fiscal para los contribuyentes.

También, la prohibición de la venta de drogas ha arrastrado consigo el control en la venta de agujas esterilizadas. Por ese motivo, enfermedades contagiosas, incluso el sida, se han multiplicado al compartir agujas infectadas. En Portugal, cuando se legalizaron las drogas en el año 2000, se redujo el contagio por sida al mínimo en Europa.

El famoso Nobel de Economía, Milton Friedman, opina que de aprobarse una legalización de drogas en EEUU los presos y las cárceles se reducirían a la mitad y los homicidios disminuirían en 10,000 casos anuales debido a que los asaltos por la necesidad urgente de la droga también decrecería. Adicionalmente, Friedman señala que con la prohibición, debido a la ausencia de una libre competencia, lo que prospera son los monopolios de la droga que compran voluntades de todo tipo, especialmente las políticas. De esta forma imponen candidatos y hasta forman gobiernos.

La dinamita no se vende en todas partes ni a cualquiera. El alcohol tiene sus límites de edad. La droga puede tener sus controles también, incluyendo una autorización psiquiátrica para su expendio.

Sin duda la droga es el mayor flagelo que azota a la humanidad y debemos enfrentarla con inteligencia y astucia. Y desde luego, ello incluye ser creativos. Manos a la obra.

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