Caravanas, una respuesta al muro
Quién fue primero, ¿el muro o la caravana?
¿Acaso se pueden nombrar las existencias de caravanas en la frontera norte de EEUU con México antes de la propuesta electoral del entonces candidato Donald Trump para construir un muro en sus predios?
Realmente no se tienen noticias de alguna caravana antes del fenómeno del muro. Desde luego, los fines políticos internos y externos son los factores determinantes que han influido tanto en las caravanas como en el muro. Veamos.
Las caravanas desde hace siglos se conocen como un grupo de mercaderes que se movilizan conjuntamente en zonas despobladas, desérticas o peligrosas con objeto de socorrerse mutuamente en caso de necesidad. Algunos son nómadas que en grupos pequeños van estableciéndose por temporadas en ciertos lugares, como por ejemplo los gitanos. En ninguna de estas caravanas estuvo presente el propósito político o el ánimo de invasión migratoria. Sin embargo, desde que comenzó el cabildeo para obtener los fondos destinados para la construcción del muro, se han generado una serie de caravanas de inmigrantes cuyo objetivo es establecerse en EEUU, habiendo ocurrido la primera de ellas en marzo 2018.
Se dice que las caravanas se originan inicialmente por las redes sociales, donde se fija una fecha y lugar de reunión, generalmente en alguna estación de buses en Honduras. Posteriormente, esa convocatoria se va multiplicando “boca a boca” en los sectores marginales de la población. La próxima etapa de esta peregrinación es atravesar la frontera con Guatemala, algo prácticamente garantizado debido al acuerdo conocido como “Triángulo del Norte”, que permite el libre acceso a ciudadanos de El Salvador, Honduras y Guatemala. El siguiente paso es entrar a México a través de la frontera en Tecún Umán, donde literalmente encuentran poca resistencia y hasta ayuda por parte de las autoridades mexicanas. Una vez en territorio mexicano comienza un larga trayectoria, generalmente hasta Tamaulipas que es el cruce más cercano hacia EEUU arribando hasta Matamoros.
Es en esta trayectoria donde la caravana suele modificarse, algunos prefieren irse de polizontes en el tren conocido como “la bestia”, el cuál sería tomado en la cercana Tapachulas, con el inconveniente que el trayecto sería muy largo hasta la frontera en Tijuana. La otra ruta de “la bestia” sería partiendo de la más alejada Tabasco, pero haciendo el recorrido mucho más corto hasta la frontera en Matamoros (Tamaulipas). En todo caso, si la caravana es numerosa, todos no podrán subirse al techo de “la bestia” y por ello la mayoría permanecen juntos, tomando buses y caminando. En su andar, reciben ayuda de lugareños y del gobierno. Otras nacionalidades se suman a la caravana, incluyendo los propios mexicanos y nicaragüenses.
Se dice que al inicio de su peregrinaje en Honduras, existen elementos que le ofrecen a cada migrante $150 para que empiecen el periplo. El gobierno Hondureño no evita la aglomeración inicial y se limita a pedir los documentos de los menores para comprobar que están junto a sus padres. Evidentemente, pocos dejarán atrás a sus hijos o los dejarán partir solos.
En este punto cabe la interrogante, ¿quién está detrás de todo esto? Se comenta que la izquierda centroamericana intenta desestabilizar toda la región para instalar otro triángulo de poder en el área. Y lógicamente, pretende que EEUU sea mal visto internacionalmente por su negativa a recibirlos. Pero también existe una maquiavélica segunda opción: se ha escuchado que el propio gobierno estadounidense sería el instigador de las caravanas a fin de justificar el muro.
Desde el punto de vista interno en EEUU, también se manejan otros intereses. Sin duda, el muro tiene sus adeptos en EEUU y esto lo sabe el presidente Trump, incluso, muchos afirman que logró triunfar en la elecciones de 2016 gracias al soporte de esos votantes. En base a ello, Trump permanece en su mismo horizonte, con miras a su reelección en el 2020. No solo se trata de cumplir su palabra, sino de complacer a su base.
Su otra promesa de acabar con Obamacare no resultó y mas bien pudiera no ser popular, o sea no es generadora de votos, al contrario, es restringente. El problema estriba en que para lograr su propósito ha mantenido cerrado el gobierno por casi un mes. Un período demasiado largo que ha afectado a muchos estadounidenses y está amenazando con frenar el índice de crecimiento trimestral del país que últimamente ha superado al 3 por ciento.
Es tal vez por ello que el presidente ofrece un cambalache político; con tal de lograr los fondos para el muro, ahora ofrece una extensión de tres años para el programa de acción diferida de los Dreamers (DACA) y para los inmigrantes que han perdido su estatus de protección temporal (TPS). Conociendo la sagacidad empresarial de Trump, suponíamos algo parecido.
Lo que aún no comprendemos, es el por qué no aceptó este mismo acuerdo cuando le fue propuesto previamente.
Somos de la opinión que el bienestar de EEUU y su población, siempre deben primar sobre cualquier ambición personal o política.
Benjamín F. DeYurre es un economista y periodista. Twitter: @DeYURRE.