Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

La solución de Trump sigue los pasos de los demócratas

Jennifer Clark y Jey Sushil miran en dirección a Matamoros, México, a través de una parte de la cerca en la frontera entre Estados Unidos y México en Brownsville, Texas.
Jennifer Clark y Jey Sushil miran en dirección a Matamoros, México, a través de una parte de la cerca en la frontera entre Estados Unidos y México en Brownsville, Texas. NYT

El debate sobre como asegurar la frontera sur para frenar la inmigración ilegal a Estados Unidos ha provocado el cierre parcial del gobierno, y como consecuencia, miles de empleados federales temporalmente no perciben salario.

Esta drástica medida del presidente Donald Trump responde a la negativa de los demócratas a autorizarle $5,000 millones para construir un muro a lo largo de la frontera que contendría el flujo ilegal de inmigrantes, lo cual representa un drenaje de fondos de los contribuyentes y una amenaza a la seguridad nacional. Ambas razones son válidas pues es indiscutible que el gobierno tiene que asistir a los nuevos inmigrantes económicamente por tiempo indefinido.

En cuanto a la seguridad nacional, basta decir que aunque NBC News recientemente reportó que “solo” seis terroristas fueron detenidos en la frontera sur de octubre 2017 a marzo 2018, debemos recordar que en el peor ataque terrorista en tiempos de paz para Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, “solo” cinco terroristas fueron necesarios para manipular cada uno de los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono, y cuatro para el cuarto avión que afortunadamente no logró cumplir su misión.

Donald Trump no ha reaccionado diferente a otros presidentes norteamericanos, todos demócratas, que tuvieron que lidiar con el éxodo cubano de los últimos 60 años. Todos tomaron medidas que estimaron necesarias para proteger la integridad de Estados Unidos.

Durante el gobierno del presidente John F. Kennedy este reconoció a los inmigrantes cubanos como legítimos refugiados políticos. Era justo. En Cuba se perseguía a todo opositor al nuevo régimen, existía un paredón de fusilamientos operando las 24 horas del día, y quien se marchaba no podía regresar. Su gobierno instituyó la visa waiver como vía de escrutinio para la entrada organizada de cubanos a Estados Unidos, quienes además tenían que ser reclamados por un familiar.

En 1965, Fidel Castro anunciaba libre acceso al Puerto de Camarioca para todo el que quisiera ingresar a Cuba a recoger personas. De inmediato, desde Miami, mas de 160 botes se hicieron al mar. El presidente Lyndon Johnson negoció con Fidel Castro el abrupto cese de este puente marítimo dejando a familias enteras varadas en Camarioca, y organizó en su lugar los Vuelos de la Libertad, dos aviones diarios Miami-Varadero, con el explícito propósito de reunificar familias. La mayoría de los que llegaban habían esperado de uno a dos años para su salida.

En 1980 se presentó la famosa crisis migratoria del Mariel que trajo a más de 125,000 cubanos a Miami. Ante el constante flujo de inmigrantes, el presidente Jimmy Carter utilizó el Servicio de Guardacostas para detener a las embarcaciones que se dirigían a Cuba multando a sus dueños. Su administración clasificó a los recién llegados como solicitantes de asilo en vez de refugiados para evitar “sentar precedentes” con extranjeros que llegaran en barco. Pero, además, secretamente negoció con Fidel Castro el cierre del puente marítimo a cambio de, entre otras cosas, integrar una lista de medicamentos que podrían excluirse del embargo.

En el verano de 1994, durante la crisis de los balseros, más de 35,000 cubanos se hicieron al mar, y el presidente Bill Clinton también utilizó el Servicio de Guardacostas para interceptarlos y enviarlos a la Base Naval de Guantánamo desde donde eran repatriados a Cuba. Ello dio lugar a la ley “pies secos/pies mojados”.

¿Cuál es la lección?

Que cuatro presidentes norteamericanos reconocieron la importancia de una inmigración organizada y en su momento buscaron una solución con medidas tan simples como visas para el escrutinio de inmigrantes, o drásticas y quizás inhumanas, como el uso del Servicio de Guardacostas para interceptarlos, o la detención en la Base Naval de Guantánamo para repatriación a Cuba.

Ahora le ha tocado a Donald Trump. Una caravana de inmigrantes esperanzados de poder ser admitidos en Estados Unidos espera ya en la frontera; mientras, otra ya partió de Honduras, y dependiendo del éxito de estas es muy probable que vengan muchas más.

¿Qué hacer? ¿Enviarlos a Guantánamo para investigarlos? ¿Repatriarlos? ¿A donde? No sé sabe quienes son ni donde nacieron.

¿Cuál es la solución? Para el presidente Trump hay solo una: construir el muro.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA