ROSA TOWNSEND: España gira a la izquierda
Madrid – Las elecciones de esta semana han roto los esquemas. Ya ni en política es del todo cierto aquello de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Cualquiera puede convertirse en enemigo o amigo instantáneo en la pugna por el poder que se ha desatado al no lograr ningún partido la mayoría absoluta, lo que les obliga a gobernar mediante pactos, por primera vez desde la Transición Democrática. Y en ese frenesí negociador están surgiendo extraños compañeros de cama, divorcios exprés y otras modalidades de infidelidad política. Todo en un estilo muy civilizado, eso sí.
Hasta el lobo feroz que iba a comerse a los demás ha aparcado de momento su furia revolucionaria. Ya Pablo Iglesias y su neochavista Podemos no hablan de “la casta” para descalificar a los partidos hegemónicos, Popular (PP) y Socialista (PSOE). Como no han logrado “asaltar” el poder, se van a unir a él. Se ve que acabar en cuarto puesto a nivel nacional le ha bajado (un poco) los humos; pero no así la influencia, porque a pesar de no ser una posición estelar le ha proporcionado una de las dos “llaves” –votos claves– para negociar su entrada en gobiernos de coalición. Y para seguir conquistando terreno e implantar en Europa el denostado “sueño bolivariano”.
La segunda llave está en manos del otro partido emergente, Ciudadanos, de centro-derecha, que ha quedado en teoría como tercera fuerza política, aunque en la práctica los tentáculos de Podemos son más largos: abarcan un amplio abanico de movimientos de izquierda radical que usan nombres distintos. Y dos de ellos se han adueñado nada menos que de las alcaldías de Madrid y Barcelona.
A modo de elixir político, los “votos-llave” están sanando enemistades. De repente el PSOE corteja ávidamente a ambos partidos insurgentes, aunque su principal interés estratégico es formar con Iglesias & Co. una gran coalición de izquierdas para desbancar al conservador PP, y torpedear la candidatura de Mariano Rajoy. Con miras a las elecciones generales de noviembre, que es el verdadero trasfondo de todo este rejuego de alianzas y maquinaciones.
El partido que encabeza el presidente Rajoy paradójicamente ha resultado el ganador en número total de votos pero no puede gobernar –a menos que haga pactos– al haber perdido mayorías absolutas en municipios y autonomías a lo largo del país. Y buscándolos desesperadamente está. Con izquierdas y derechas, cualquiera menos el que considera enemigo irrevocable: Podemos. Tan es así que, para evitar que gane terreno, el PP está dispuesto a alcanzar acuerdos hasta con sus históricos adversarios socialistas, e incluso cederles alcaldías. “Hay que impedir –dicen– que el PSOE caiga en los brazos de Podemos” (aparentemente perder elecciones saca la vena poética a los políticos).
Pero la derrota no es exclusiva del partido conservador, los socialistas –que llevan cuatro años en la oposición– han perdido esta vez más de 700,000 votos. Si algo ha quedado claro en las urnas es el rechazo al actual sistema de bipartidismo. El electorado ha castigado la “vieja” forma de hacer política, pero sin otorgarle una confianza ciega a la “nueva” de los populistas Podemos y Ciudadanos, obligándoles a entenderse. A ver qué tal funciona el cuadripartidismo.
Los españoles han enviado un mensaje de cambio, con un giro hacía la izquierda desde luego, pero no de revolución como hubiera querido Podemos.
El sueño bolivariano no ha podido triunfar en España. Por dos razones. La primera porque el abismo al que está conduciendo el chavomadurismo a Venezuela no es un ejemplo a imitar. A ello se suman las revelaciones de sospechosos pagos de Caracas a la cúpula dirigente de Podemos. Huele a corrupción. Y a hipocresía de un partido que precisamente se autoproclama “la escoba de la corrupción”.
Deberán andarse ahora con cuidado Iglesias & Co. de no seguir traicionando sus dogmas ideológicos en aras al pragmatismo electoral. Y para pactar con socialistas y otras marcas políticas de centro e izquierda tienen forzosamente que hacer concesiones. Es decir recurrir a las tácticas de la “vieja” política que tanto critican. ¿Cómo lo van a interpretar sus potenciales votantes en las generales de noviembre?
El pueblo español ha demostrado que no le tiembla la mano a la hora de pasar facturas a la clase política, ni de corregir el sistema de gobierno si es necesario. En estos comicios les han hecho pagar por la corrupción y la crisis, arrastrada desde el zapaterismo. (A pesar de la evidente mejora de la economía: el Banco Central Europeo prevee que el crecimiento de España será este año el mayor de la Unión Europea).
Y en las próximas elecciones de noviembre es de esperar que los votantes sigan enfilando los cañones a quien les defraude. Los candidatos que en estos días maniobran arrebatadamente para aferrarse al poder, o para atraparlo, deberían recordar que en política los éxitos suelen durar poco. Sólo hasta que se comprueba la verdad de sus promesas.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de mayo de 2015, 11:30 a. m. with the headline "ROSA TOWNSEND: España gira a la izquierda."