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Opinión

Una emergencia nacional y otra mundial

Contratistas amplían el segmento del muro fronterizo en San Diego, California, el 4 de diciembre del 2018.
Contratistas amplían el segmento del muro fronterizo en San Diego, California, el 4 de diciembre del 2018. NYT

Entre las objeciones que se han presentado a que el presidente Donald Trump declare una emergencia nacional para construir el muro en la frontera con México, sin la aprobación del Congreso, hay unas que vienen de su propio partido. Dos, en particular, me han llamado mucho la atención.

La primera, alegan que el presidente no debe hacerlo porque, cuando haya un presidente demócrata, nada le impediría declarar una emergencia nacional por el cambio climático.

El cambio climático no es solo una emergencia nacional. Es una emergencia mundial. Negarla, muestra lo alejados, lo distantes, lo impresionantemente perdidos de la realidad, que están algunos de los copartidarios de Trump.

Y Trump, por supuesto. A quien un vórtice polar que se tomó el Medio Oeste y el Noreste esta semana, le pareció la mayor prueba de que el clima no está cambiando.

El cambio climático no se trata de que va a hacer un calor de verano miamense todo el año en todas partes del mundo. Se trata de que los eventos de clima extremo se van a ir repitiendo cada vez más y con más fuerza, cambiando para siempre las condiciones de vida de millones.

Olas de calor, sequías, inundaciones, incendios, tormentas cada vez más poderosas, el aumento del nivel del mar, los cambios en las corrientes marítimas, todas son consecuencias del cambio climático y las estamos viviendo hoy.

Pero yo no entiendo en qué momento, los amigos del partido del presidente decidieron negar la realidad, para optar por ficciones como una emergencia a la seguridad nacional en la frontera.

Curiosamente, ninguno de los jefes de las Agencias de Inteligencia encargadas de protegernos, mencionaron en la audiencia anual sobre amenazas globales del Comité de Inteligencia del Senado esta semana, esa emergencia del presidente, para que le den los fondos del muro.

¿Vieron las imágenes de Chicago congelada? ¿Del hielo metiéndose en las casas? ¿Las advertencias de hipotermia que desplegaron los servicios meteorológicos? ¿Saben a mí que me recordó? Que cuando la madre naturaleza se manifiesta, no hay muro, ni poder humano, que la contenga.

Los que vivimos en Miami lo saben muy bien con los huracanes. En septiembre del 2017 nos rozó uno de categoría tres y la ciudad estuvo más de una semana andando a medias.

Lo más curioso es que esos que antes citaban la Biblia, diciendo que solo Dios puede mandarnos un diluvio como el de Noé, ahora atacan a las personas (entre esos el 99.9 por ciento de los científicos del mundo) que advierten sobre el cambio climático, diciéndoles que les recuerdan a los que citan ¡el Apocalipsis de la misma Biblia!

Hace poco me encontré con esta frase en un libro: “Quién podrá comprender, en las generaciones del futuro, que caímos de nuevo en las tinieblas, después de ver la luz”.

Nada me parece más acertado para hoy, que esas palabras. Ojalá nos demos cuenta antes de que sea tarde. La otra razón que dan para que el presidente no declare la emergencia para conseguir sus $5,700 millones del muro, es que entonces un demócrata podría declararla para que se controle la venta de armas semiautomáticas y material de guerra al público.

Me lloverán balas de insultos, pero las matanzas en Estados Unidos hace mucho son una emergencia nacional. Y no es precisamente con cuchillos de cocina que se llevan a cabo.

Pero, de nuevo, otra vez se opta por la negación, incitada por una mayoría de políticos cuyas cuentas de campaña han sido engordadas por la poderosa industria de las armas. Y del petróleo, en el caso del cambio climático.

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