Opinión

‘Capernaum’, una experiencia cinematográfica inolvidable

Cortesía

Como si fuera otra maldición de la providencia, un fenómeno natural inédito, desde los años cuarenta, destruyó la indigencia de algunos barrios habaneros y acabó con la vida de cuatro cubanos. El paisaje después de la batalla castrista, que no cesa, es patético, mientras los habitantes recorren las ruinas, como zombis, esperanzados en la elusiva ayuda de la revolución.

Los personeros del régimen no comparecieron inmediatamente entre los necesitados, como era de esperar ante tamaña tragedia, sino que desfilaron con antorchas por las inmediaciones de El Vedado, celebrando el cumpleaños de un Martí sin sentido por la retórica al uso, al mismo tiempo que abogaban por el “si” para la nueva Constitución, que es más de la misma infamia.

Yo acababa de disfrutar la película libanesa Capernaum, que significa “caos”, nominada como una de las mejores cintas extranjeras, según la Academia que concede el Oscar, el próximo 24 de febrero.

Me recordó el filme Conducta, de Ernesto Daranas porque en ambas hay un niño, totalmente desolado por su familia disfuncional, tratando de sobrevivir en ciudades hostiles.

En Conducta, el pequeño cuenta con la protección de una maestra cubana, a la vieja usanza. En Capernaum, sin embargo, al emigrante procedente de Siria, se le ocurre demandar a sus padres, por haberlo traído al mundo y, sobre todo, para que no sigan procreando hasta tanto no sepan lidiar con el amor y la protección que requieren los hijos.

Resulta paradójico que, en medio de la debacle de un país que ha sufrido tantas guerras, funcione el sistema jurídico, porque en La Habana de los bombardeos castristas, un niño extranjero, exigiendo sus derechos, es poco menos que una quimera.

Cuando Capernaum se estrenó en Cannes, la ovación fue de 15 minutos, luego mereció el importante Premio que concede el Jurado. Nadine Labaki, la directora y su esposo, quien es el músico y productor del filme, embargaron su casa para financiar el exitoso proyecto.

Mientras en Cuba los cineastas ruegan por la atención de los comisarios culturales que los desprecian y amenazan con un nuevo bozal, el decreto 349, para impedir la obra independiente, que en el resto del mundo marca la pauta como es el caso de Capernaum.

Labaki, es también actriz, y su extraordinario reparto está compuesto por numerosos aficionados. El niño Zain Al Rafeea, quien recuerda en su excelencia actoral al Antoine Doinel, de Los cuatrocientos golpes, se fuga eventualmente del terrible seno familiar, porque la hermana ha sido entregada en matrimonio a los 11 años y no lo tolera, se enfrenta a las denigrantes costumbres, lucha a brazo partido por su libertad.

En otra ciudad a la cual llega casualmente, una inmigrante etíope ilegal, madre de un bebé, como para hacer más complejo el argumento, le da cobijo y luego, cuando la muchacha es eventualmente detenida, Zain tendrá que lidiar solo con el niño.

Capernaum está narrada con vitalidad. Los desposeídos afrontan sus desdichas y luchan, a como dé lugar, contra la maldad, pero es raro que pierdan la esperanza, siempre se abre un camino.

Los pobres cubanos carecen de un rapsoda con la impronta estética y emocional que logra reproducir Labaki en su historia, la única directora árabe honrada hasta hoy con una nominación al Oscar.

Es una vergüenza el estatismo, la insolidaridad y la anulación que desangra a la sociedad cubana, sin capacidad de respuesta, vapuleada por una minoría privilegiada que no produce ni comparte bienes.

El pueblo cubano ha sido vaciado en su posibilidad de hacerse valer. Capernaum se exhibe desde el viernes, 1ro de febrero, en el Teatro Tower y Coral Gables Art Cinema, es una experiencia cinematográfica inolvidable.

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

  Comentarios