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Opinión

Sube el nivel de corrupción en EEUU: la causa tiene nombre y apellido

La organización sin ánimo de lucro y anticorrupción Transparency International (Transparencia Internacional) ha revelado su índice anual de corrupción estatal en todo el mundo. En esta ocasión, y por primera vez, Estados Unidos está fuera del selecto grupo de las 20 naciones más limpias del orbe.

Con sede en Berlín, la entidad es una suerte de “perro guardián” que emplea avanzados métodos comparativos y de análisis de leyes para evaluar el comportamiento corrupto de los países y sus variaciones. Según este sistema, Somalia es la nación más corrupta del planeta, mientras Dinamarca exhibe el mejor resultado. En el club de los peores resaltan Brasil, Bolivia, México, República Dominicana y Venezuela, todos bajo el sello rojo del listado de TI.

Colombia, sorprendentemente, está un poco mejor ubicado, a tan solo unos pasos de entrar a la sección de “naranja” —algo menos corruptos—, donde ubican, por ejemplo, a Argentina.

Pero, ¿qué ha hecho que Estados Unidos, el referente universal de democracia y nitidez legal, haya descendido tanto por primera vez desde el 2011? Según la entidad, pudiera tener nombre y apellido: Donald Trump.

Estados Unidos figura en el puesto 22, y ha sido superado en esta ocasión por Alemania, Reino Unido, Japón y Francia, entre otros. A tan solo dos puestos por encima de Estados Unidos resalta ahora Uruguay. Lo preocupante, según indica TI, es que Estados Unidos cayera cuatro lugares, en una tendencia que, de continuar, pudiera representar una clara señal de alarma.

Al mencionar a la Administración Trump, la organización anticorrupción sostiene que los conflictos de intereses que en los últimos tiempos han salido a la luz pudieran configurar “un problema de percepción” para el Gobierno. De acuerdo con ese análisis, el propio Trump no es el mayor problema en sí mismo, sino el síntoma visible de un comportamiento crecientemente corrupto que ha venido manifestándose en el país desde hace ya varios años.

Varias investigaciones y artículos de fondo que revisé, sin embargo, sugieren que la razón por la cual Estados Unidos efectivamente pudiera calificar como una nación bastante corrupta, yace en prácticas que —aunque legales— serían casi imposibles de realizar y aún menos de aceptar en buena parte del mundo industrializado y democrático.

Por citar un ejemplo: que un candidato implicado y multado por fraude al sistema de salud pública del país resulte electo usando millones de su propia fortuna, sería tomado como un comportamiento de esos que hacen elevar las cejas del votante, por no decir sospechosamente corrupto.

O que, de nuevo, un billonario financie su carrera a la Presidencia ocultando su propia declaración de impuestos, rompiendo así con una tradición arraigada en la historia.

O que un gobernante reforme el código fiscal para beneficiar a los más ricos. O que representantes federales y estatales tengan familias con intereses en grupos que manejan entidades público-privadas, como se ha revelado con algunas escuelas chárter.

La privatización de las prisiones —con el consiguiente aumento de la población carcelaria—, y el manejo de campos de internamiento para niños y jóvenes indocumentados por compañías privadas también pudieran ser consideradas dentro de las prácticas poco saludables en cuanto a la percepción de corrupción.

Si continuamos, la lista pudiera ser lamentablemente larga. Los monopolios en empresas de electricidad o de seguros de viviendas, por ejemplo, no figuran entre los esquemas más recomendables para evitar la sombra de la corrupción, sin mencionar el interés del consumidor.

Que un país permita entidades anónimas llamadas PACs y Super PACs (Comités de Acción Política) con luz verde para inyectar cualquier cantidad de dinero en campañas políticas claramente pudiera constituir para muchos una muestra de la corrupción del sistema electoral.

¿Y qué decir de una campaña política sospechosa de aliarse con un poder extranjero, como Rusia? ¿No sería una clara muestra de corrupción, además de otros delitos, si finalmente se demuestra?

Del mismo modo que mantener relaciones con regímenes de escasa reputación, o dados al espionaje y robo descarado de tecnologías, dígase Arabia Saudita y China. Pudiera decirse entonces que el índice de percepción de la corrupción tiene mucho que ver con la forma en que es aplicada la ley en cada país.

Pero la corrupción, como un tumor mortal, pudiera estar mucho y más peligrosamente extendida. Ojalá que Estados Unidos no siga cayendo.

Siga a Sabina Covo en Twitter: @sabinacovo.

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de febrero de 2019, 11:07 a. m..

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