La guerra entre Trump y la prensa nacional
Ha habido muchos lamentos y rasgado de vestiduras recientemente sobre los despidos de algunos escritores, editores y otros en BuzzFeed, Huffington Post, Yahoo, America Online (AOL) y Gannett. Naturalmente, los empleados afectados están furiosos y se inclinan a culpar a fuerzas malignas fuera de su control.
Como era de esperar, el primer villano es Donald Trump, que tuvo la temeridad de decir, por tuit, que el problema real es el mercado. “Noticias falsas y mal periodismo han causado una baja seria. Lamentablemente, muchas otras seguirán. ¡El público quiere la verdad! ”. Esto no es lo que los periodistas quieren oír, pero Trump tiene razón.
Trump entiende lo que muchos periodistas rehúsan reconocer —la información es un negocio— y los clientes no están satisfechos. De acuerdo a una encuesta reciente de Gallup, el público tiene ahora menos confianza en la prensa que en los bancos, los grandes negocios, órdenes religiosas, el sistema médico, las fuerzas armadas, las escuelas públicas, la policía, etc.
Esto es cierto de todos los medios, incluyendo la televisión, los periódicos y la internet. Más aún, porque la erosión de la confianza del público en la prensa ha sido consistente a través de varias décadas, no se puede culpar a “ataques del presidente Trump”.
La erosión se comenzó a notar durante la presidencia de Bill Clinton y ha continuado firme hasta hoy. En 1993, por ejemplo, el 46 por ciento del público tenía “gran confianza” o “mucha confianza” en los noticieros de televisión. El año pasado, 15 años más tarde, la cifra había bajado a 20 por ciento. Durante el mismo período de tiempo, la confianza del público en la prensa escrita bajó al 23 por ciento. Noticias en internet nunca han sido populares pero hoy es apenas 16 por ciento.
¿Por qué el público ha reaccionado de esa forma?
El prominente escritor y periodista Andrew Sullivan utilizó los reportes de prensa sobre el incidente de los alumnos de secundaria del Covington Catholic High School, de Covington, Kentucky en el Lincoln Memorial en Washington para explicarlo: “¿Cómo es posible que esta inversión de la verdad se convierta en la narrativa central de una clase élite de periodistas? Esa es la terrible pregunta. En la mayoría de la prensa nacional, siguiendo el liderazgo del New York Times y el Washington Post, la narrativa ha sido establecida. Hay una razón por qué, en la batalla crucial por la legitimidad de una prensa libre, Trump aún lleva la ofensiva. Nuestra prensa principal ha sido envenenada por el tribalismo. Mi propia confianza en ella se está erosionando. Y no estoy solo en este sentimiento”.
Que un individuo con las credenciales liberales de Andrew Sullivan, además de una conocida antipatía por Donald Trump, pueda admitir esto, es claro que no es una conspiración de derechas. Al contrario, los periodistas de la prensa nacional se ven a sí mismos no simplemente como gente que trata la política basados en principios diferentes a los de Donald Trump y sus seguidores. Ellos se ven a sí mismos como miembros de una tribu superior que está justificada en tomar cualquier acción para proteger su territorio y sus miembros.
Pero Trump no es de esa tribu. Melania Trump tampoco es. Y es por eso que muy poco del público ha visto en la prensa nacional reportes sobre las dos demandas judiciales que Melania ganó contra dos periódicos británicos que la calumniaron falsa y simplemente por odio a su marido.
El Daily Mail tuvo que pagar a Melania por daños y perjuicios en dos demandas, en Estados Unidos y en Gran Bretaña, la suma de $2.9 millones. Y la semana pasada, el Daily Telegraph siguió los mismos pasos y publicó una humillante excusa.
Imagínense los lectores si esos periódicos hubieran publicado similares calumnias sobre Michelle Obama. Habría habido una histeria colectiva en la prensa internacional, acusaciones de racismo contra esos dos periódicos británicos por parte del New York Times, Washington Post, National Public Radio y el resto de la tribu.
Pero claro, Melania está casada con un presidente republicano y cualquier difamación es aceptable. Ese es el mundo en que vivimos. Es vergonzoso. Y la forma efectiva de combatirlo es ignorar su producto. ¿Seremos capaces?
Armando González: AGonzalez03@live.com.