El estado de la “desunión”: sonámbulos en “Fantasyland”
Cuando faltan pocas horas para que Donald Trump interprete la última versión de su mundo mágico en el Discurso del Estado de la Unión, conviene recordar la advertencia del gran filósofo español Julián Marías sobre “la necesidad de tener un pensamiento alerta, capaz de descubrir las manipulaciones”. Porque sino “llega un momento en que una parte demasiado grande del pueblo entra en el sonambulismo y marcha hacia su perdición”.
Le sucedió a España en la Guerra Civil, y a tantos otros pueblos a lo largo de la Historia. Entre los casos actuales, el más peligroso —por el posible impacto internacional— ocurre en Estados Unidos, con un tercio de la población totalmente sonámbula, siguiendo como robots las consignas de Trump, ciega a la realidad objetiva, y crédula de sus mentiras como si fueran “Palabra de Dios”, su dios.
De las otras dos terceras partes, una vive en La-La-Land y la otra en un permanente estado de shock por la desfachatez sin límites e irresponsabilidad de Trump. A estos últimos probablemente les dará un síncope político cuando escuchen el tema central —previsto, según la Casa Blanca— de la alocución del presidente a los fellow Americans: la unidad nacional, gracias a él.
¿Unidad? Es evidente que ésa no es la realidad sino otra de las fábulas, en este caso gigantesca, de mister Trump. El verdadero Estado de la Unión es la desunión, provocada por el presidente con su diario “divide y vencerás”. Y con su diluvio de falsedades (8,158 hasta el momento) para cambiar lo que no le gusta, frecuentemente arriesgando con ello la seguridad nacional y, por supuesto, la imagen global de EEUU.
Fue lo que ocurrió la semana pasada, cuando contradijo y ridiculizó a las 17 agencias de inteligencia por informar públicamente sobre asuntos tan serios como el imparable desarrollo de armas nucleares en Corea del Norte o el refortalecimiento de los terroristas de ISIS. Trump negó tales verdades e inventó otras, simplemente porque no le convienen para su estrategia de venta de productos políticos. Porque le desmontan su Fantasyland: en la que Kim Jong-un es su amigo y va a desnuclearizar su país; ISIS ha sido derrotado; y la única emergencia es construir el muro (a pesar de que no figura entre las amenazas del informe sobre Estrategia Nacional de Inteligencia, presentado por las agencias de espionaje ante el Congreso).
Despertar a los sonámbulos sería el primer paso para remediar la desunión. ¿Pero cómo se puede lograr si su software mental está programado para difamar y atacar a todo el que intente despertarles?
La clave parece estar en la tecla del muro, al tocarla se activa el “modo destrucción” del programador del software (Trump). No lo digo yo, lo han cacareado la ultra-conservadora Ann Coulter y su principal compañero de trinchera, Rush Limbaugh, hasta ahora paladines del trumpismo más radical.
“Hemos puesto a este lunático, vago e incompetente en la Casa Blanca por una sola razón: el muro”, vociferó iracunda Coulter tras la humillante claudicación de Trump ante Nancy Pelosi reabriendo el gobierno sin obtener a cambio ni un centavo para el dichoso muro. Le amenazó además Coulter con apoyar a otro candidato que le desafíe en las primarias de 2020. (De lo cual por cierto ya se habla en muchos mentideros del Partido Republicano).
Que dos personajes tan nefastos como Coulter y Limbaugh mantengan cautiva la mente de un presidente de EEUU y, por tanto, el destino del país, y quizá del mundo, es deleznable e inadmisible. Pero pueden hacerlo porque el “cautivo” no posee las agallas y moralidad que requiere su cargo.
Trump apostó toda su presidencia al muro y puede perder la apuesta. Él mismo se ha metido en una encerrona y en estos momentos está sin más opciones que entre la espada de otro nuevo cierre del gobierno y la pared de declarar una emergencia nacional. La primera es descartable, a menos que pretenda suicidarse políticamente, dado el precio que ya ha pagado en la encuestas por los 35 días del primer cierre. Y sobre la segunda ya le ha avisado el líder republicano del Senado, Mitch McConnell, de que no cuente con ellos.
¿Qué va a hacer entonces? Trump se encuentra en una encrucijada, que coincide además con las horas más bajas de su presidencia:
Cuando aumenta la erosión de entusiasmo en su base; cuando se ahondan las grietas de apoyo en el Partido Republicano y, sobre todo, en el Senado, que acaba de pasar dos iniciativas, para proteger a la OTAN de las intenciones de Trump de aniquilarla, y para impedir que saque bruscamente las tropas de Siria y Afganistán.
Cuando aumentan las amenazas a la seguridad nacional desde varios puntos del planeta. Cuando las deserciones de altos funcionarios (Mattis, Kelly, etc.) y las vacantes en cientos de puestos de grados inferiores han incapacitado al gobierno federal para abordar crisis.
Cuando la avalancha de investigaciones sobre Trump y su presidencia (al menos 17 abiertas) avanza en varios frentes. En particular la pesquisa de la trama rusa se acerca a su conclusión y ya ha encausado y/o condenado al menos a seis de sus asesores más allegados, y a otras 26 personas. Y el Congreso demócrata está a punto de lanzar varias investigaciones sobre sus impuestos, conducta y supuesta corrupción.
Así las cosas, sería un buen momento para que el presidente utilizara el discurso sobre el Estado de la Unión para corregir el rumbo. ¿Qué realidad va a presentar al país, la verdadera o la de su Fantasyland?
Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.