JORGE DAVILA MIGUEL: El cielo en pedazos
Mientras en Ucrania reina la paz y en Irak ISIS sigue dando guerra, aquí en Miami nos dicen que se está cayendo el cielo. No se trata del que vemos todas las mañanas, sino de Cielito Lindo, el edificio de la corte civil en el downtown.
Y como muchos problemas de este gran Miami, se trata de dinero que no existe y que hay que conseguir. ¿Y dónde se consigue eso en Miami? En el bolsillo de los contribuyentes. Me enteré del nuevo proyecto en el formidable espacio Prohibido Callarse de Roberto Rodríguez Tejera, en Mira TV.
Allí estaba la jueza Beatriz Butchko y el abogado Ricardo Martínez Cid, presidente de los abogados cubano americanos, pulsando la sensibilidad popular. Dicen que en Cielito Lindo no se puede trabajar. Que las columnas se revientan, que hay termitas en los escritorios, humedad en el ambiente, que hay moho en las paredes, que la gente tose, les dan vahídos, alferecías, que el condado no les hace caso y que es el responsable. Por eso los jueces se aliaron a los abogados y van al programa de Roberto a hacer publicidad. Porque han organizado una campaña para recaudar mucho dinero y persuadirlo a usted de que vote sí en una pregunta que han puesto en la boleta.
Sera en la votación del 4 de noviembre; y si usted dice que sí, se van a emitir bonos por valor de trescientos noventa y tres millones de dólares para construirles a los jueces y a los abogados un edificio nuevecito. Y lo quieren en el downtown, donde es más caro todo. Y después, cuando usted ni se acuerde, le van a subir los impuestos.
Solo en este mes los abogados liderados por Eugene Stearns del poderoso bufete Stearns Weaver Miller Weissler Alhadeff & Sitterson reunieron unos $400,000 para convencerlo a usted, mediante anuncios y fotos dramáticas, que vote sí. Dicen que lo hacen conmovidos por la población, porque hay que prestarle un buen servicio, pero yo creo que eso no es verdad.
Lo que sí es verdad es que es un conflicto de intereses que abogados y jueces recauden dinero juntos. El martes pasado, las juezas Bertila Soto, Jefa de los Jueces, y Jennifer Bailey, jueza de Circuito, fueron al JW Marriot Marquis para motivar a ciento cincuenta abogados que escribieran cheques. “Sus expedientes se están mojando”, reveló la Jefa de los Jueces; “hay moho en mi oficina”, dijo la Bailey, “y yo me siento enferma, muy enferma”. Los asustaron y les funcionó. Se recaudaron seiscientos mil dólares más para la campaña de propaganda. Aunque las dos juezas, precavidas, no estuvieron presentes en el momento de la recogida. Una “tecnicalidad” para evadir legalmente lo que moralmente sigue siendo: una violación de la ética judicial. Es un conflicto de interés que abogados que presentan casos ante jueces den dinero para beneficiar intereses de dichos jueces.
Abogados que recaudan un millón de dólares en un mes “para dar buen servicio a la población”. Jueces que piden que se suban los impuestos “para dar un mejor servicio a la población”. ¿Hasta dónde piensan estos señores, que pertenecen no solo a una elite ilustrada sino económica, que pueden convencer al ciudadano de a pie con su retórica disimulada?
Porque aclaremos algo: no es necesario gastar decenas de millones de dólares en reparar un edificio donde los jueces no se quieren quedar; existen instalaciones disponibles del condado Miami-Dade donde dicha corte podría sesionar perfectamente sin tanta propaganda.
Y es que detrás del desastre de Cielito Lindo hay muchas preguntas pendientes. ¿Qué quiere la empresa constructora All Aboard Florida en el downtown? ¿Tienen otros intereses inmobiliarios vinculados a una nueva corte civil en el downtown? ¿Cómo se ha llegado a esta situación de crisis? ¿Cómo es posible en un condado tan organizado? Los jueces y abogados, tan capacitados y solidarios ellos para pedirnos más dinero, ¿no se dieron cuenta antes? ¿No pudieron ejercer, con todo su enorme poder y recursos, la necesaria presión y estrategia para que no se nos cayera de pronto el cielo y encima tuviéramos que pagarlo? A lo mejor nunca les interesó.
Porque los jueces no se quieren quedar en el cielito, aunque se lo arreglemos; quieren un edificio nuevecito, y que se lo paguemos.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de septiembre de 2014, 4:00 p. m. with the headline "JORGE DAVILA MIGUEL: El cielo en pedazos."