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Opinión

Eduardo Padrón, el prócer de las oportunidades

El presidente Barack Obama le entrega la Medalla Presidencial de la Libertad a Eduardo Padrón, presidente de Miami Dade College, el 22 de noviembre de 2016 en Washington. Padrón anunció en febrero que se retira de MDC tras casi 25 años al mando de la institución.
El presidente Barack Obama le entrega la Medalla Presidencial de la Libertad a Eduardo Padrón, presidente de Miami Dade College, el 22 de noviembre de 2016 en Washington. Padrón anunció en febrero que se retira de MDC tras casi 25 años al mando de la institución. Getty Images

En la dedicatoria de mi libro La Mirada Indiscreta, publicado por Hypermedia, con las columnas que han aparecido durante los últimos 10 años en este diario, figuran la familia, los amigos y el Dr. Eduardo J. Padrón “por confiar en un desconocido”.

La historia la he referido varias veces pero vale la pena ahora recordarla, cuando “el prócer”, como le llamamos con admiración algunos amigos periodistas, ha decidido bajarse de su estrado de gloria.

Al llegar en 1992, procedente de México, en calidad de asilado político, Martha Franchi, empleada del Condado en menesteres laborales, me puso en contacto con su amigo “Eduardo”, a quien no solía molestar, según me dijo, cuando no estaba muy segura de su recomendación.

Por entonces, el Dr. Padrón era presidente del Campus Wolfson del Miami Dade College y aceptó encontrarse conmigo unos días después. Paradójicamente yo había pasado por la institución, antes de la cita con Franchi, camino a Bayside durante un paseo familiar, y me llamó la atención el anuncio de un ciclo de cine con la obra de Sergio Giral. Recuerdo que dije para mis adentros: “Este sería un buen lugar para trabajar”.

De tal modo ocurrió el prodigio y luego de aquella reunión fui contratado como parte del exiguo equipo de asistentes del Dr. Padrón, plaza que después derivaría a la de especialista con los medios de prensa en español, donde me desempeñé durante 26 años, sencillamente memorables, abundantes en acontecimientos y experiencias.

Rápidamente intuí que aquella persona, venerada por todos, muy privado pero de notable chispa humorística, tenía un don especial para que las cosas buenas ocurrieran. Me di a la tarea de descifrar tal encanto, así como de aprender todo lo que pudiera de su talento natural y don de gente.

La cercanía del Dr. Padrón me hizo desembarazarme de atavismos laborales propios de un régimen dictatorial y mediocre, donde me había desempeñado, a mi pesar.

Supe que su visión de la cultura y la educación eran ambiciosas y universales aunque con profundas raíces en la cubanidad, siempre a flor de piel.

En un día de graduaciones, muy ajetreado, lo vi atender a la directora de un periódico comunitario, en lo que uno de los presidentes de Estados Unidos esperaba, impaciente, por su presencia o ir al encuentro de Gorbachev, no sin antes garantizar que la puesta en escena de la ceremonia estuviera impecable.

Lo que se llama triste, solo lo recuerdo durante el funeral de su padre, o las veces que estuvo en eventos referidos a la Operación Pedro Pan, de la cual fue partícipe, junto a su hermano. Entonces no podía disimular las lágrimas.

Siempre estuvo involucrado, sin algarabía, en grupos llamados a solucionar diferendos sociales en la comunidad, como la crisis del Mariel y la de los balseros de 1994, buscando el camino de la armonía y la conciliación, una de sus tantas especialidades.

Es devoto de Elena Burke y de Catherine Deneuve, a quien recuerda haber visto fugazmente en París, una tarde inolvidable.

En todos los documentos que circulan y se imprimen en Miami Dade College, su apellido aparece acentuado, como debe ser en castellano, y en su oficina se habla el idioma de los ancestros como el hecho más común.

Cuando un curioso lector del futuro distante le dé por entrar el nombre de Eduardo J. Padrón en Google, algunos de los miles de acápites dirá que fue un cubano llegado de adolescente, a Estados Unidos, educador raigal, fundador en esencia, al cual hay que agradecerle buena parte del progreso de Miami y de Cuba también, ¿por qué no?

Siga a Alejandro Ríos en Twitter: @alejandroriostv.

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