Opinión

El terror inundó el tercer piso de mi secundaria, Marjory Stoneman Douglas

Dos empleadas de la secundaria Marjory Stoneman Douglas rinden tributo a las víctimas del tiroteo cuando la escuela reabrió el 23 de febrero de 2018, nueves días después de la tragedia.
Dos empleadas de la secundaria Marjory Stoneman Douglas rinden tributo a las víctimas del tiroteo cuando la escuela reabrió el 23 de febrero de 2018, nueves días después de la tragedia. Getty Images

NOTA DE LA EDITORA:

El 14 de febrero se cumple un año de la masacre en la secundaria Marjory Stoneman Douglas, en donde 17 estudiantes y educadores fueron asesinados por un joven, un ex estudiante con un historial de violencia, que abrió fuego en la escuela en Parkland. Este mes fue publicado el libro, “Parkland Speaks: Sobrevivientes de Marjory Stoneman Douglas comparten sus historias”. Aquí compartimos el relato de uno de las sobrevivientes, un estudiante que estaba en el tercer piso donde murieron seis personas:



El 14 de febrero estaba en el tercer piso del edificio 1200 en la clase de escritura creativa de la señora Lippel. Fue un día normal. La clase estuvo muy animada y habló de los planes para el Día de San Valentín después de la escuela. Como de costumbre, estaba viendo videos de YouTube en mi teléfono, ya que ya había completado la asignación de poemas del Día de San Valentín. Todo lo que podía pensar era ir a casa y jugar videojuegos con mis amigos.

Cuando el reloj marcó las 2:30 p.m., todos empezaron a empacar. Yo todavía estaba viendo un video cuando de repente se escuchó un fuerte sonido en todo el edificio. Al principio, creíamos que era el carro de la computadora que había caído. La señora Lippel nos hizo callar, ya que ella debió haberlo escuchado de manera diferente. Poco después, la alarma de incendio se activó; un poco indecisos, los estudiantes comenzaron a inundar los pasillos. Yo tenía mis dudas ya que ese día ya habíamos tenido un simulacro, así que decidí quedarme en la puerta.

En el pasillo, los estudiantes esperaban la evacuación. Desde la escalera escuché un sonido como el de una estampida salvaje. Luego los estudiantes comenzaron a correr por las escaleras, empujándose unos a otros, gritando mientras se apresuraban a buscar un lugar seguro en las aulas de clases. Me empujaron hacia el lado opuesto del pasillo. Sin darme cuenta de lo que estaba sucediendo, mi mente entró inconscientemente en un estado de supervivencia.

Estaba tan nervioso que no podía pensar con claridad. Un maestro nos dijo que regresáramos al otro lado del pasillo; Una vez de vuelta junto a la puerta, la señora Lippel me haló hacía el salón. Corrí y me escondí junto a un gran grupo de mis compañeros que estaban sentados en el rincón más alejado del salón de la señora Lippel. Nunca olvidaré sus caras, ya que el puro terror y la ansiedad escondían sus peculiares e imaginativas personalidades.

Mi mente comenzó a inundarse de arrepentimientos, pensamientos sobre la muerte y la posibilidad de no volver a ver a mi familia. Sentí que una bala me iba a impactar en cualquier momento. Temblando, logré sacar mi teléfono, silenciarlo y escribir un mensaje de texto a mi familia. El texto decía, “Sólo quiero que sepan que los quiero a todos y que no se preocupen, estaré bien”.

A pesar de que había escrito esto, realmente creía que iba a morir. Los disparos se hicieron más fuertes, cerré los ojos y sostuve el gorro de mi suéter sobre mi cabeza con más fuerza. Entonces llegó la peor parte. El silencio se apoderó del ambiente, solo para ser interrumpido por los gritos que se desvanecían de las víctimas que gritaban pidiendo ayuda. El sonido de la policía pronto se hizo eco de los pasillos cuando la ayuda finalmente llegó, después de esperar lo que parecieron años.

Una vez que la policía entró en nuestro salón, lágrimas y gritos de alegría superaron el miedo y la intensidad. Luego nos dijeron que miráramos hacia el frente, levantáramos las manos y saliéramos por la escalera. Era como si entráramos en una zona de guerra.

El humo llenaba el aire y pétalos de rosas y sangre cubrían el suelo. Mantuve la mirada hacia adelante, según las instrucciones que recibimos, y vi agujeros de bala en las paredes y ventanas rotas.

Salí de ese edificio convertido en una persona diferente a la que llegó a la escuela ese día.

Joseph DeArce era un estudiante en la secundaria Marjory Stoneman Douglas el 14 de febrero de 2018. Este texto fue reimpreso con permiso de Crown Books for Young Readers.

  Comentarios