Opinión

Dueño de tabloide es el villano de una historia de extorsión, sexo e intriga política

David Pecker es el dueño del “National Enquirer” y un amigo personal del presidente Donald Trump.
David Pecker es el dueño del “National Enquirer” y un amigo personal del presidente Donald Trump. AP

Lo que parecía a simple vista un chantaje al hombre más rico del mundo está resultando ser una operación de intriga en la que se mezclan sexo, política, venganza, el asesinato de un periodista e incluso espionaje internacional. Y como telón de fondo el ataque de la prensa falsa contra la verdadera, que una vez más demuestra que no se deja intimidar ni extorsionar.

A la historia no le faltan elementos escandalosos ni un elenco de personajes de primera línea, por así decirlo, incluido el presidente de Estados Unidos. El villano de este enredo es el amigo de Donald Trump que le lavó los trapos sucios de sus infidelidades matrimoniales pagando a las amantes, David Pecker, dueño del tabloide sensacionalista National Enquirer. (Aquellos favores le tienen colgando a él de un hilo con la justicia, y al ex abogado de Trump, Michael Cohen, rumbo a la cárcel).

Pero hay humanos que parece que no aprenden, o no quieren. Pecker es uno de ellos. Esta vez se ha metido en el ojo del huracán aparentemente para complacer los instintos vengativos de su compinche Donald y, de paso, congraciarse con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed Bin Salman (MBS), de quien espera le financie su deficitaria empresa, American Media Inc., cuya deuda supera $1,000 millones.

Para lograrlo, Pecker pensó —equivocadamente— que podía matar todos esos pájaros de un solo tiro: publicando mensajes sexuales robados que arruinaran la reputación del multibillonario fundador de Amazon, Jeff Bezos, al que detestan tanto Trump como MBS. ¿El “delito” de Bezos? Ser también dueño del Washington Post, periódico del que era columnista Jamal Khashoggi, vilmente descuartizado según la CIA por orden de MBS.

La saga se complica todavía más por los misteriosos vínculos de Trump con la monarquía saudita, que le han llevado al extremo de contradecir a la CIA para avalar la “inocencia” de MBS, con quien el presidente comparte además un enemigo común: el Washington Post, que diariamente revela las verdades tanto del asesinato de Khashoggi como de la trama rusa y otras 17 investigaciones que asedian a Trump. (¿No será también que le tiene tanta ojeriza porque en la lista Forbes de los más ricos del mundo Bezos es el número 1 y Trump el 766?).

Lo que no se imaginaba Pecker es que Bezos, lejos de amedrentarse, lanzaría su propia investigación —“cueste el dinero que cueste”— sobre el robo de los mensajes de texto entre él y su nueva pareja, Lauren Sánchez. No se lo imaginaba porque siempre ha usado la intimidación y extorsión para obtener o inventar lo que publica en su libelo National Enquirer. Como esta vez no le ha servido, ha reaccionado sextorsionando a Bezos con publicar más textos y fotos íntimas. Para colmo chantajeándole ¡por escrito! Se necesita ser estúpido. Pero como dice la policía los delincuentes suelen ser además de corruptos imbéciles.

¡Ah, los imbéciles! Ese grupo de humanos capaces de cualquier cosa, que tanto abundan en la sociedad del espectáculo. Cerebros vacíos que cualquier charlatán puede llenar de chismes ridículos, teorías conspirativas o propaganda política.

Pero volvamos al tema del día, a los imbéciles del día, y al héroe que han conseguido crear en Bezos, convertido ahora en paladín de la valentía, defensor de las víctimas de sextorsión y, por supuesto, de la libertad de prensa.

La evidencia de intento de sextorsión ya ha detonado una investigación federal. (“Sextorsión” es el término legal que utilizan los fiscales para este tipo de delitos). En este caso Pecker no buscaba el dinero de Bezos, le pedía algo más importante para salvar su pellejo de la justicia y su empresa de la bancarrota: que Bezos detuviera su investigación y, públicamente, afirmara que el National Enquirer “no tuvo una motivación política” para divulgar los textos íntimos. Traducción: que no pretendían beneficiar a Trump. Mentira, claro.

Sabiamente, Bezos destapó el montaje publicando en Medium un blog con las cartas del National Enquirer sextorsionándole. ¿Acaso creían que el hombre más rico del mundo se iba a dejar secuestrar y convertirse a partir de ése momento en esclavo? Aparentemente sí. Y no sólo Pecker & Co., miren el tuit que lanzó míster Trump nada más salir la historia en el libelo de su amigo:

“Cuánto siento las noticias de que Jeff Bozo [Bozo en inglés es idiota, payaso] ha sido destrozado por un competidor cuyo periodismo es mucho más riguroso que el de su periódico lobista, el Amazon Washington Post. Espero que el periódico pase pronto a mejores y más responsables manos”.

Ese perverso placer de alegrarse del mal ajeno y que Trump despliega continuamente contra quienes percibe vulnerables, de repente se ha silenciado. Bien saben Trump y Pecker que nada va a detener a Bezos ni a los federales de tirar de esta madeja, cuyos hilos (y dólares) pueden extenderse a Arabia Saudita.

Ya veremos. Mientras tanto aquí va un mensaje para los impostores del periodismo que extorsionan, calumnian, o se arrastran como reptiles ante el príncipe saudita que mandó descuartizar al periodista Khashoggi: no nos vamos a callar.

Rosa Townsend es periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

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