Opinión

El niñito que pensaba que los libros detendrán las balas

Estudiantes de la Universidad Central de Florida rinden tributo a las víctimas de la matanza en Parkland, el jueves en el campus del centro educativo en Orlando. El 14 de febrero se cumplió un año de la tragedia en la secundaria Marjory Stoneman Douglas, en donde 17 estudiantes y maestros fueron asesinados a balas por un ex estudiante.
Estudiantes de la Universidad Central de Florida rinden tributo a las víctimas de la matanza en Parkland, el jueves en el campus del centro educativo en Orlando. El 14 de febrero se cumplió un año de la tragedia en la secundaria Marjory Stoneman Douglas, en donde 17 estudiantes y maestros fueron asesinados a balas por un ex estudiante. TNS

Ha pasado un año desde aquel fatídico 14 de febrero en el que 17 adolescentes y maestros fueran vilmente asesinados en la escuela Stoneman Douglas de Parkland, en el Sur de la Florida, y la cicatriz continúa abierta. El macabro día de San Valentín para tantas familias directamente afectadas, y también para todos los que sentíamos en lo más profundo del corazón el horror que vivieron —y sentirán eternamente—todos los allí presentes, no se olvida.

Hoy me preguntaba qué se ha hecho realmente desde entonces para asegurar a los estudiantes y evitar que tragedias como ésta se repitan. Es indignante y triste que el lugar al que van nuestros hijos a formarse, a socializar, a vivir el regocijo de la educación, a labrarse su futuro, el que debería ser el más seguro a todo nivel, puede ser también tan vulnerable a la violencia, el terror y la muerte.

Me salta a la mente la espantosa matanza en la escuela elemental Sandy Hook, en Connecticut, donde fueron asesinadas 26 personas, incluyendo 20 criaturas de 5 a 7 años (qué fácil se dice y que rápido tratamos de borrar aquellas imágenes de crueldad insuperable). Y la matanza de Virgina Tech, donde un estudiante enloquecido acabó en un instante con 32 de sus compañeros. Esta semana me llegó a casa un aviso impreso del sistema escolar ofreciendo a los estudiantes graduarse online, sin tener que poner un pie en la escuela. ¿Es ese el futuro para sentirnos más seguros? Vivimos una crisis de seguridad tan grande que no dudo que muchas familias comiencen a plantearse esta opción como una posibilidad real.

No hace tanto que fui a la universidad aquí en la Florida; todavía voy con frecuencia allí como integrante de una junta, y mis hijos asisten a una escuela elemental y eventualmente irán a la universidad. ¿Nos sentimos seguros?

Muchas escuelas han adquirido más seguridad pública durante horarios de entrada y salida (uno o dos policías). Algunas han contratado protección permanente (en una secundaria del condado Manatee dos veteranos armados con fusiles se pasean entre los estudiantes). Otras abogan por armar a sus maestros, luego de que el ex gobernador Rick Scott y la Legislatura destinaran fondos para —de manera opcional— entrenarlos a portar y usar armas, ademas de dinero para programas de salud mental.

Pero me pregunto (y supongo que muchas madres y padres y abuelos hacen lo mismo) si todo esto logrará detener al monstruo amenazador de la violencia. ¿Detectores de metal? ¿Rejas cercando las aulas? ¿Seguridad privada permanente durante clases? ¿Más policías a las 8 a.m. y entre la 1 p.m. y las 3 p.m.? ¿Programas más rigurosos y frecuentes de salud mental, como si se tratara de brindar la vacuna de la influenza, como de pronto se han visto aquí y allá, en alguno que otro lugar?

Sin contar con que la seguridad escolar resulta un jugoso negocio en sí misma. Algunas escuelas han adoptado incluso ventanas a prueba de balas y otras excentricidades, aunque no existe un código de seguridad estricto para todos los centros públicos.

Y como bien sabemos, en este país todo lo que reporte ganancias se adopta a la velocidad de la luz . ¿Qué va a pasar con aquellos remansos de tranquilidad que eran nuestras escuelas? ¿Están más seguros los estudiantes hoy que hace un año? Es indignante que no haya una legislación clara y uniforme para proteger la vida donde más protegida debería estar.

El nuevo gobernador Ron DeSantis nombró hace unos días una junta para que evalúe qué se está haciendo en cada distrito escolar. Por lo pronto los $50 millones destinados para que oficiales escolares se inscribieran en el programa de guardianes de escuelas ha sido casi ignorado, la mayoría de los centros ha preferido dejarlo a la fuerza pública. Era de esperarse.

Evidentemente muestra que “lo que hicieron el año pasado” en Tallahassee no sirvió de mucho. La orden ejecutiva de DeSantis también pide que los distritos escolares muestren si en realidad reportan los crímenes adecuadamente y hacen lo correcto para que no vuelvan a ocurrir. ¿Cómo es posible que un año después de Parkland todavía estemos gastando dinero en la fase investigativa?

Siempre recuerdo el caso de un niñito de 7 años que contaba como en cada simulacro de tiroteo en su escuela le decía a sus amiguitos que si alguien malo venía lo mejor era ponerse la mochila llena de libros a la espalda y correr. “Los libros pararán las balas”, les decía. Cada vez que pienso en ese niñito me da una tristeza profunda.

Siga a Sabina Covo en Twitter: @sabinacovo.

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